La Boda de mi Ex

Capítulo Treinta
Apartir del desayuno Christian comenzó a pasar gran parte de la tarde y la noche en mi casa; sólo comiendo o jugando videojuegos con mi hermano. Era raro ver cómo esos dos habían logrado congeniar tan bien y que ahora parecía que ellos eran más hermanos que yo con Jason. —Se llevan demasiado bien, ¿no crees? —pregunta Allie recargada en la isla de la cocina. —Sí —respondo sin distraerme de la comida que estaba haciendo—. ¿Puedes sacar los platos? Ella asiente mientras yo sacaba los cubiertos del cajón con una mano son dejar de vigilar la comida que ya casita de la tarde estaba lista. Apago la estufa sonriendo orgullosa al oler la comida. —Chicos ya casi está la cena así que vayan terminando la partida —hablo en voz alta sirviendo. —Ya vamos, Ryn —responde Jay desde la sala. Allie se escabulle de la cocina cuando su teléfono suena, lo más probable es que fuera su madre la cual se había ido  hacia algún punto de Europa como una luna de miel pero, casa noche la llamaba sólo para asegurarse de que su hija estuviese bien, me acomodo los platos y camino hacia el pequeño comedor que compramos hace poco dado que últimamente había más gente comiendo con nosotros. —¿Cómo logras caminar con tantos platos? Miro la curiosidad de Christian mientras se levantaba a ayudarme con algunos. —Que no te sorprendan las habilidades de Eryn —habla Jason acercándose—. Tuvo demasiados trabajos de mesera. —Tuve tantos porque debía pagar la renta del departamento porque alguien lo gastaba en puro alcohol. Eso trajo más de un recuerdo pero uno resonó más fuerte que los demás: Me pongo a contar los billetes una y otra vez pensando en que me había equivocado en algún punto pero seguía faltando. Escucho sus pasos acercarse por lo que meto el dinero de vuelta al frasco con manos nerviosas. —Hay una fiesta hoy por Brooklyn, vamos a ir —ordena acercándose a mí con una botella de cerveza en la mano. —Hoy no Alex, tengo doble turno está noche. —Vamos, sólo será esta fiesta. —Dije que no, además, no puedes andar gastando lo de la renta en alcohol —acuso molesta. —No lo he hecho. —¿No? —pregunto alzando una ceja y saco los billetes—. Faltan 300 dólares, ¿dónde los tienes? Sólo estás gastando mi dinero en tu maldito alcohol. En mi coraje golpeo su mano tirando la botella y viendo como el líquido se derramaba por el piso, me di cuenta de mi error cuando sentí el golpe en la mejilla que me hizo tropezar y caer con la mejilla cosquilleando por el dolor y la vista nublada. Se pone encima mío presionando mi cabeza con su mano y su rodilla en mi columna. —Ya deberías entender que aquí se hace lo que yo digo —murmura cerca de mi oído. —Me estás lastimando —hablo tratando de zafarme. —Necesitas aprender Me tomó por los pies y comenzó a jalar de mi mientras yo intentaba quitármelo de encima pero tomo mis dos manos por encima de mi cabeza con una de las suyas evitando que pudiera hacer algo más que retorcerme pero al sentir su mano libre intentar bajarme el pantalón, comienzo a suplicar para que se detuviera pero era más bien como si lo invitará a seguir haciéndolo. Cierto los ojos intentando despertar de aquella pesadilla y sólo lo hice cuando el peso de Alex se quitó, abro rápido los ojos notando a mi hermano empujando sosteniendo a Alex contra el suelo. —¡Vete de aquí, Eryn! —lo escucho gritar al mismo momento que un golpe suena. Regreso a la realidad al oír mi nombre notando que todos me miraban y que a mis pies estaba la comida y restos del plato que se me había cayó. Volteo a ver a los tres por unos segundos para correr hacia mi habitación con los ojos llorosos. Al escuchar pasos que venían hacía mi cierro la puerta con seguro. —¡Estoy bien! —hablo con la voz temblorosa—. Sólo necesito unos segundos. Escucho las voces de Allie y Jay tratando de explicarle a Christian que por el momento lo mejor era dejarme sola, sabía lo complicado que debía ser para Christian tener que lidiar con alguien como yo pero sólo esperaba que no lo afectara demasiado. Me acerco a mi escritorio tomando una pastilla tragandola en seco, respiro hondo varias veces tratando de quitarme la sensación de tener las manos de Alexander en mi cuerpo y hasta que estoy segura de que estoy lo suficientemente calmada es cuando abro la puerta y salgo. Al llegar al comedor me encuentro a los tres sentados con la comida sin tocar pero el suelo estaba limpio y sin ningún rastro de lo que había pasado. —Lo siento —murmuro sentándome en la silla libre con la mirada baja. —Creí que ya no los tenías —habla Jay refiriendose a los destellos de algún recuerdo cómo un deja vú—. Estabas mejorando. —Estaré bien —alzo la mirada, forzando una sonrisa—. Sólo hoy y mañana estaré mejor. Él hace una mueca al escucharme decir eso, dado que antes era muy recurrente que dijera eso como alguna especie de frase motivadora para lograr que no se sintiera tan culpable cuando me pasaba esto. Aún en silencio comenzamos a comer la comida que ya se había enfriado un poco, por debajo de la mesa siento la mano de Christian cerca de mi muslo, bajo mi mano tomando la suya mientras le doy una mirada de disculpa. Habían muchas cosas que tenía que explicarle al chico que sostenía mi mano como si con ello se pudiese detener todo lo malo que pasaba a mi alrededor, deseaba que fuese así de fácil. Que con sólo sostener su mano todo lo que me atormentaba de mi pasado se esfumara y me permitirá ser sin ningún destello o ataque. Pero sabía que la causa de todo ello habían vuelto por haber organizado su boda, por conocer a Anne y por tener que ir pronto al evento, tener que sentarme junto a familiares de ella y familiares de él que en algún momento fueron parte temporal de mi pequeña familia. Aunque el calor de la mano de Christian rodeando por el momento era suficiente para mantener en tierra, sólo lo suficiente para evitar que otro destello atacará desde lo más hondo de mi ser para arruinar aún más la cena. En la noche, ya cuando Allie se fue al departamento de a lado y Jay en su cuarto es cuando estuvimos solos en la seguridad de mi cama con las luces apagadas. —¿Qué te ocurrió? —pregunta en un susurro. Miro sus ojos llenos de preocupación ante algo que desconocía pero sabía que me dañaba. —A veces llegó a tener como recuerdos de lo que me pasó en mi relación con él —murmuro suave—. A veces se sienten tan reales que es desconcertante. —Tú hermano dijo que ya no los tenías. —Supongo que fue el verlo de nuevo —explico como si aquello tuviera bastante lógica y al ver la mueca que hace suspiro—. No es tu culpa. Él, sin embargo estaba decidido sobre ello, que el que estuviera así era porque me puso en la organización de la boda, fue entrada la noche cuando logré por esta vez que dejara de creer eso además, sólo era un mes más y pronto sería libre y jamás tendría que volver a ver a Alexander.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
La Boda de mi Ex

Populares

Populares

close 0/500