La Tercera hija del Rey

Capítulo 2
El rey se mantuvo en silencio por varios minutos. Debía cuidar de sus hijos, todo el peso de la dinastía Lundqvist caía sobre sus hombros. Su hija siempre fue de mente ágil, sus ideas lo ayudaron mucho años antes en su mandato. Definitivamente, su hija tenía razón. Atacar sería acortar sus días en el trono. El rey Monicq sabía que sus días estaban contados, que pronto el reino caería pero no quería alertar a nadie. —General, lo que usted expuso es una barbaridad. Lo que dijo la tercera princesa es totalmente confiable y certero. —Majestad... —Ya he decidido —el hombre intimida a su subordinado. —Princesa, ¿tiene alguna otra sugerencia? —Si al rey le parece puede nombrar un regente en Herem que es la ciudad fronteriza con el sur y así conseguir a cualquier precio un tratado de paz. El reino Nevado se sentirá acorralado ante la amenaza del sur y por supuesto también se enviará un tratado de paz , ante la amenaza accederán a firmarlo —. Dictamina —Está bien. No encuentro a nadie más capacitado para ejercer esa función que tú, Xana. —Majestad, esa es una tarea para un hombre, la princesa... —¿Te atreves a oponerte? —No, majestad —el hombre cae de rodillas. —Te entrego mi sello real y la insignia de gobernador en Herem. Confío en tí —. Se dirige a la princesa —Gracias, padre. —Puedes retirarte La mujer mira con burla al hombre arrodillado y sale de la sala de audiencias dando pasos firmes. —Alteza— su doncella personal la saluda —Lizzy, te ves mejor. ¿Ya están listas mis habitaciones? —Si, alteza. La muchacha avanza con rapidez por todo el lugar hasta llegar al palacio Hofburg, aquel lugar la vio nacer y en el que también había vivido por mucho tiempo su madre, la reina Franco. Los ojos de Xana se nublan ante el inexistente recuerdo de su madre, solo la vió en retratos, pues, había fallecido durante el parto. Entró a la lujosa habitación y se acostó en el diván, apoyó su cabeza sobre el suave lecho mientras su mirada queda fija en la ventana. —Lizzy, si algún día conoces a alguien bondadoso y que sea bueno contigo, solo dímelo y te casaré con él. —Alteza, ¿por qué me dice eso?—pregunta extrañada —Yo nunca podré disfrutar de felicidad, mis obligaciones son muchas para con este reino. No podré hacer lo que en realidad quisiera. Solo quiero que otros lo sean en mi nombre.—le sonríe complaciente. *** SALÓN LEÓN DORADO—Reino Dorado —Dylan es mi heredero aparente, sin embargo, pienso que debería tener en cuenta a sus hermanos. —Majestad, no cree que se expondría a que por el trono se desate una cruel batalla entre parientes —expone su consejero real —Eso es lo que me frena a dejar el puesto libre de principe heredero. Dylan es mi heredero pero su carácter es muy blando. —Majestad, puede que el principe Dylan no ascienda al trono, sin embargo, usted sabe que entre el principe de Witgate y el principe de Lanes pelearán por el poder. Alguno de los dos terminará muerto. —El destino de ellos es reinar, si alguno queda en el poder eso significaría la muerte del otro, como mis hijos me dolerá ver qué se maten entre sí y en ese sentido me alegraría estar muerto. *** Xana estaba frente a su tocador mientras se probaba alhajas y maquillaje. Sostenían una delicada diadema de diamantes, sus blancos y largos dedos acariciaban con sutileza la pequeña esmeralda que se encontraba en el centro de la corona. —Alteza, ¿cómo controlará la situación en la frontera con el sur? He escuchado que esos príncipes sureños son difíciles de tratar —Lizzy, empezaremos una batalla, ¿lo sabías? —Pero alteza no tiene a su disposición un ejército —La guerra no solo se basa en un enfrentamiento entre ejércitos —No entiendo, alteza —La guerra se basa en el engaño y la confusión del enemigo. Este es el ideal de guerra —la muchacha acomodó la diadema en su cabeza, la luz de las velas hace brillar el oro, apoyando así su calculador pensamiento. La tercera princesa sabía muy bien qué tenía que hacer una vez partiera hacía la frontera con el sur, los desafíos a enfrentar eran muchos pero nada sería imposible.
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