Tierra de Mercenarios

V1C29 - Dios Dragón
“Dios” es siempre una palabra legendaria. Pocas personas han visto dioses, excepto los sacerdotes de la Sagrada Iglesia, que siempre afirman que pueden hablar directamente con los dioses. En tiempos de sequía o de plagas, la gente les rogaba a los clérigos que hablaran con los dioses, para que pudieran salvar sus tierras de las tempestades. La mayoría de las veces, Dios siempre mostró su poder sagrado con gran compasión; por supuesto, hay situaciones concretas en las que Dios no está dispuesto a hacer nada. Quizás es realmente como dicen los sacerdotes, y es que hay demasiada sangre derramada en el mundo. Según la leyenda, hay cuatro rangos de dioses. El más alto es el Dios de la Creación. Dicho ser no tiene nombre, cualquier plegaria que le mencione suele decir “mi dios”, refiriéndose claramente al Dios Creador. También se encuentra el Dios Dragón Palott, que es un dios de la guerra invencible, y al no ser una especie creada por el Dios de la Creación, disfruta de ese honor exclusivamente. Después de la creación del mundo, Dios ha estado muy cansado, dejando cinco recursos únicos pertenecientes al mundo anterior, que se manifiestan en los elementos: viento, fuego, tierra, hielo y agua. Para administrar dichos recursos, el Dios Creador creó inmediatamente a cinco grandes magos. Más tarde, creó a otros dioses, mientras que el Dios Dragón Palott también creó a los dragones sagrados. Aunque una interrogante se presenta entre las personas mortales… ¿Es posible llegar a ser un Dios? *** Un encantamiento verde con un radio de veinte metros apareció frente a Daqingshan. La luz verdosa iluminaba toda la cueva, y ya sea Yinfeng o los elfos de viento, todos sintieron un gran impacto ante dicha presencia. ¿Qué tipo de encantamiento posee tanto poder? La luz pronto desapareció, y de ella se formó la figura de un dragón verde del segundo orden que yacía en el suelo, acostado, mordiendo un gran lagarto marrón. La cola seca del lagarto todavía estaba entre su boca mientras la mordisqueaba tiernamente para luego tragársela. Claramente, antes de que Lu’er fuera convocado por el juramento sagrado, parecía estar acostado en una cama, probando un bocado de su comida. Lu’er, quien fue convocado de repente al campo de batalla, inmediatamente vio a Daqingshan y a Amy que estaban vomitando sangre frente a él. Se encaramó al lado de Daqingshan, mirándolo con preocupación… ¿Qué había lastimado tanto a su compañero?, ¿o quién? La persona que firma un contrato sagrado con un dragón es su compañero de por vida, y nadie puede lastimarlo. Aunque es solo un dragón juvenil, la sangre de dicha especie se ha transmitido de generación en generación con una arrogancia noble e insultante. —Huh… El aliento del dragón verde brotó de su boca, sus ojos azules estaban llenos de ira, y sus dos pequeñas alas carnosas ondeaban rápidamente en el aire. —Ja, ja, ja… ja, ja, ja — rieron las dos enormes cabezas de Yinfeng —. Santo dragón, ja, ja, no he visto un dragón tan grande en quinientos años, pequeño dragoncito sagrado… dime, pequeño ¿Eres el sucesor de algún dragón de hielo? Déjame comerte, ja, ja… es una lástima que no seas un dragón adulto, de lo contrario podría haber considerado pelear contigo. Lu’er entendió claramente las palabras de Yinfeng y su ira se hizo aún más grande. En el mundo de los dragones, ninguno puede desafiar a uno de alto rango, incluso si este es más joven. En teoría, el dragón malvado debía respetar a Lu’er en vez de desafiarlo, no obstante, Yinfeg desafió la autoridad de los dragones sagrados. Un rayo azul golpeó directamente desde el aire a Yifeng. Incluso alguien tan fuerte como él no pudo ignorar dicho ataque. El cielo sobre él se cubrió rápidamente con un escudo mágico, y el rayo le golpeó a éste. —Ja, ja, ja — rio nuevamente con desdén —. ¡Qué poderoso que es el dragón superior! Unos torbellinos de fuego aparecieron frente a Yinfeng. El sabía que convocar a Landa o a los dragones de viento no tendrían efecto alguno en un dragón sagrado como Lu’er, por lo que debía intentar con elementos que causaran un ataque físico directo. La magia que había convocado era de segundo nivel, subestimando al pequeño Lu’er, quien enfureció aún más y con su aliento verde destruyó a tres torbellinos que se dirigían hacia él. Efectivamente, el poder del dragón sagrado es muy superior, incluso tratándose de un joven. —Cuidado… — le advirtió Daqingshan al notar que Lu’er se había confiado, adoptando una pose orgullosa. De pronto, las extremidades de Yinfeng lanzaron cuatro bombas oscuras de color marrón, con una velocidad tal, que Lu’er no tuvo oportunidad de esquivarlas. Recibió cuatro fuertes golpes, lanzando al pequeño dragón a lo alto. De su boca comenzó a salir sangre, mientras impactaba al suelo malherido. Pero esto no lo detuvo, es más, se había enfadado increíblemente, y comenzó a soltar todo tipo de hechizos y elementos, desde un relámpago hasta la niebla venenosa, pero el escudo mágico que protegía a Yinfeng repelió la mayoría de sus ataques, y aquellos pequeños rayos que se lograron colar fueron rápidamente absorbidos por las escamas del dragón azul. —Lu’er, no vayas, ¡corre! — le gritó Daqingshan, quien se había arrepentido de haber invocado al dragoncito. Un círculo mágico se dibujó rápidamente sobre Lu’er, quien fue derribado por unas pocas bolas de relámpagos que aparecieron del encantamiento. Pero la arrogancia del dragón sagrado no se desanimó en absoluto. Emitió una poderosa magia de tercer nivel del sistema de hielo: Bosque de Lanzas Congeladas. Grandes carámbanos perforaron los pies de Yinfeng. Aunque las lanzas que aparecían eran muy pequeñas, poco a poco se fueron expandiendo hasta llegar a un diámetro de un metro. El enemigo no esperaba que el ataque cambiara repentinamente del cielo al suelo. Aunque trató de esquivarlas, ya había demasiadas puntas de hielo en el piso, que terminaron por perforar las extremidades traseras de Yinfeng, quien rugió de dolor, extendió sus alas azules y abandonó el suelo. Con su cola, rompió las lanzas del piso y, rápidamente, se lanzó hacia Lu’er. Tan rápido como el sonido, Yinfeng se le apareció encima, agarrándolo por el cuello sin esfuerzo y estrangulándolo. —Pequeño, tuviste mala suerte al conocerme — le sonrió malicioso —. Probablemente soy el único dragón en el mundo que no se atreve a seguir las leyes de los dragones. Te mataré, e incluso lo haría si el mismísimo Dios Dragón Palott estuviera aquí, je, je… —¿En serio? — una voz fría se escuchó de pronto resonando en toda la estancia — Ya que eres tan valiente, ¿por qué te has estado escondiendo aquí durante quinientos años? Nadie sabía quién era o de dónde siquiera provenía la voz. Sonaba tan majestuosa, como sí sus palabras fueran el veredicto del fin del mundo. Sin previo aviso, en lo más alto de la cueva, apareció un dragón de color dorado. Estaba levitando en el aire, no movía sus alas, ni siquiera estaban extendidas; a pesar de medir tan solo tres metros de altura, su apariencia daba entrever que se trataba de un dragón muy antiguo. Resultaba extraña su presencia. Aunque estuviera muy lejos, se podía sentir como si estuviese hablándote al oído, como si estuviera al alcance de la mano; tenía la apariencia de un dragón pequeño, pero a una escala infinitamente grande; sus escamas se movían hacia adelante y hacia atrás, brillantes y relucientes, como si hubiera algo invisible destellando por todo su cuerpo. —¿Dios Dragón? — fueron las únicas palabras de reacción de Yinfeng, quien tras el shock, soltó a Lu’er de inmediato, cayendo este al suelo. La cabeza azul de Yinfeng se encogió, y sus ojos estaban llenos de miedo. Pero la cabeza negra todavía estaba en lo alto… —Oye, no digas tonterías — exclamó esta última —. No me he estado escondiendo, no tengo miedo de ser dañado por un pequeño reptil, solo estoy esperando una mejor oportunidad. Yinfeng atacó al dios dragón velozmente. Le lanzó cuatro bombas que estallaron contra él en el aire, combinados con un hechizo de relámpagos. El dragón no se movió. —¡Ten cuidado! — le gritó Amy, quien se había recuperado gradualmente. Después de la gran humareda marrón, apareció la figura inmóvil del Dios Dragón, sin tener ni siquiera un rasguño o rastro de polvo en su cuerpo. —Deberías usar magia más poderosa — proclamó —. Déjame apreciar el poder de los descendientes de los dragones arcanos. —Criatura oscura, lanza todo tu poder… De pronto, Yinfeng comenzó a hacer lo impensable. ¿Qué tipo de magia era tan devastadora para que un dragón tuviera que cantar el hechizo en vez de simplemente invocarlo? Un círculo mágico hexagonal de color negro y rojo se dibujó en el aire, dejando aparecer del mismo a dos horribles criaturas negras de diez metros de altura, quienes luchaban por salir de dicho círculo, como si estuvieran deshaciéndose de cadenas que les mantenían atrapados durante eones. Tenían dos cuernos largos en la cabeza, pero no eran cuernos rectos, eran diferentes a los del clan de los dragones, siendo curvos; una cola fina y puntiaguda se mecía desde la parte trasera. ¿Era un demonio? No, era más que eso… ¿El Rey Demonio? ¿El legendario Rey Demonio encarcelado en una prisión por el mismísimo Dios de la Creación? ¿Estaba invocando a unas criaturas tan terribles? Los dos reyes demonios aparecieron a ambos lados del dios dragón en un instante, agitando sus enormes puños y abriendo la boca para dejar entrever un recipiente de sangre y sacando múltiples lenguas rojas que parecían tentáculos; poseían un largo gancho en la parte superior del rostro, tenían patas y manos enormes que terminaban en garras con forma de garfio, afiladísimas. El dios dragón parecía estar acorralado ante los dos monstruos más terribles de la existencia. —Fuego original, fuego oscuro, lanza tu maldición prohibida. Aunque la cabeza azul no se atrevió a lanzar ninguna magia, estaba claro que la cabeza negra había dominado ya todo el cuerpo. Resultaba increíble el poder que ejercía dicha cabeza, pudiendo cantar hechizos a alta velocidad y sin necesidad de su compañero. Al escuchar las palabras “Fuego original oscuro”, Amy recordó cuando Lei Ge le había mencionado alguno de los hechizos prohibidos legendarios, ya en sus últimas lecciones. El conocido como Fuego Oscuro era uno de dichos hechizos, y se decía que incluso los dragones eran incapaces de soportar tal magia. Lei Ge le explicó a Amy que dicho fuego era usado para convocar una oscuridad que quemara a todo lo que lo rodease, era no solo poderoso, sino que gastaba poco maná. Es el hechizo con más amplio alcance y veloz que se conocía actualmente. La única desventaja era que a cuanto más objetos ataque, el daño era menor, pero si lo usabas para atacar a un solo objetivo, el daño era totalmente devastador. Si el usuario que lo lanzaba era lo suficientemente hábil, el enemigo quemado quedaría inmóvil. Las flamas oscuras rodeaban al Dios Dragón, como si le estuvieran bailando, o más bien, esperando a algo más poderoso que acompañara dicha técnica… —Palott, condeno tu estúpido corazón y tu estúpido comportamiento en nombre del verdadero dios… Yinfeng no daba abasto, nuevamente estaba cantando otra legendaria maldición prohibida: La condena de Dios. Era otra de las maldiciones que Lei Ge le había mostrado a Amy en sus últimas lecciones. Ciertos sacerdotes de la Sagrada Iglesia habían alcanzado un estatus suficientemente alto en maná y poder, que a menudo se creían a ellos mismos como dioses en la tierra, reclutando discípulos por montones, aunque claro, eventualmente eran expulsados de la institución. La Sagrada Iglesia puede usar el poder de los dioses con su propio poder divino para lanzar pequeños extractos de los mismos sobre un objetivo, cuando más fuerte sea el poder y mientras más creyentes tenga dicho dios, mayor será el daño. ¿Podría ser acaso que…? ¿Podría ser que Yinfeng pensó que era un dios? ¿Qué tipo de dios sería? ¿El nuevo dios dragón? Ya habían invocados tres poderosos hechizos prohibidos seguidos, pero el Dios Dragón Palott no parecía tener nada que decir. ¿Todavía tenía una oportunidad?
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