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Perder la cabeza (parte 2)
" me voy" Al pronunciarse esas palabras el felino parecia muy feliz, parecía sonreír y mientras miraba al Emperador, también parecía burlarse de él. " ¿Cuanto tiempo? ¿dónde?" El Emperador que prefería ignorar al gato malévolo, estaba preocupado por otra cosa, siempre que su Emperatriz le decía que se marchaba es por que la batalla se acercaba, la primera vez que había pronunciado esas palabras creyó que ella había decidido abandonarlo, se había arrepentido del matrimonio, ella iba a dejarlo!!...pero con los años descubrió que ella siempre diría esas palabras antes de ir a conseguir información y los planes del enemigo, era un secreto el como lo hacía, pero la información siempre era genuina, ella desaparecería unos meses y luego volvería, sin embargó jamas había dicho esas palabras con una sonrisa. " No te preocupes, no hay amenazas por el momento, solo estoy aburrida de permanecer aquí" Aliel, tenía temor, siempre lo había tenido, el contrató que una vez habían formado solo se pronuncio tres veces en los diez años de matrimonio y todos habían sido por ella. Si ella no lo mencionaba él prefería olvidarse de ello, pero no podía... " ahhh, ¿era eso...?" " sí, me iré al territorio de mi hermano, volveré en unos días, al parecer, mi cuñada me dara un sobrino" Su sonrisa se había hecho más grande, y él podía olvidar sus preocupaciones. El contrató consistía en permanecer juntos como esposos hasta conquistar el continente y luchar juntos por sus objetivos, Odette lo había propuesto, Aliel quería creer que como esas otras mujeres que habían intentado hacer algo similar, ella posiblemente podría estar interezada en él y jugar del mismo modo, si es ella él no se negaría a jugar, despues de todo talvez no eran tan diferentes entre si... pero la noche en la que el pidió que ella lo llamara por su nombre ella no solo se negó. " su majestad... no hay necesidad de llamarnos por nuestros nombres de nacimiento, ni siquiera de conocerlos, no somos amantes, solo esposo y esposa, el motivo por el que lo escogí fue porqué nunca lo amaré, jamás me enamorare de usted, no amaré... por eso le he dicho su majestad, nuestra relación es meramente contractual, estoy segura que no durará mucho, no es necesario que se ocupe de tales asuntos triviales, solo descanse, mañana será un día largo para usted" Ella se giró dándole la espalda y comenzó a dormir de inmediato, en ese momento había decidido guardar su dolor en su corazón y seguir su consejo, como al parecer ella estaba dormida se atrevió a extender su mano a tocar un suave mechon de cabello que se había separado del resto. Al parecer su amor era como plantar la semilla de una flor en invierno, estab destinado a jamás florecer y a morir...¿Debía rendirse? Al observarla él descubrió que ella no sonreía, jamás lo hacía, a no ser cuando formaba una sonrisa desagradable que realmente ni debería ser considerada sonrisa, solo sonrió cuando vio caer la cabeza de sus enemigos, sin embargo con el tiempo ella comenzó a cambiar y a mostrar una verdadera sonrisa en su rostro, no pudo evitar que resurja la esperanza en su corazón, definitivamente creyó que la semilla que había enterrado tenía la esperanza de florecer algun día, después de todo tenian mucho tiempo ¿cuanto tiempo costaba costaba crear un Imperio y cuánto conquistar un continente? Siendo ese el caso tendria quiza que necesitar más de una vida. Curiosamente había pasado diez años juntos y habían creado un poderoso y gran imperio, sin embargo con el paso del tiempo la semilla se convirtió en apenas hojas cortantes y espinas, realmente causaban dolor, pero tercamente aun creía que se convertiría en una flor, estarian juntos hasta conquistar el continente podía extender el tiempo para que ese día se retrasara, talvez para ese entonces... " me iré de inmediato, oh, ahora que lo recuerdo, por favor firma esos papeles para mi regreso los necesitare pronto, hasta entonces" La Emperatriz salió con el felino en sus manos mientras señalaba una fila de papeles amontonados en la misma mesa que sus bocadillos. El Emperador que había pasado por un gran susto, se alegro en su corazón, ella estaba feliz por el nacimiento de su sobrino, no por otro motivó. Se sento en el lugar donde antes había estado ella y comenzó a leer los papeles, uno a uno, había necesidad de firmar algunos y por ello había dejado no muy lejos tinta y algo con lo que escribir, en la habitación de la Emperatriz él leyo las hojas mientras se relajaba en el sofá y tomaba algunos bocadillos de vez en cuando, ya casi al final encontro uno con letras grandes y rojas, "divorcio" es la palabra que más resaltaba entre ellas. Agarro el panel y al terminar de leerlo arrugo la hoja con una mano temblorosa, se levantó de inmediato corrió a los establos, era posible que ella aún estuviera allí. Cuando llegó un hombre mayor saludo al Emperador, sin tener tiempo para prestar al hombre que se inclinaba ante él buscó, mirando de un lado a otro, ella no se encontraba en ninguna parte, en el mundo no existía una Reina o una Emperatriz tan fuerte, ella no necesita de guardias rodeandola todo el tiempo, si decidiera viajar solo tomaría un caballo y se marcharía, sin duda alguna era una mujer única, no usaría vestidos y cortaría su cabello hasta el cuello , no babearia por joyas y sin dudar las tiraría a algun vagabundo, Ella es la Emperatriz de Seina, Odette Cadiz di Álava, ...su Emperatriz. Al no poder perseguirla él sólo apretó la hoja con más fuerza y si darse cuenta que su emoción había cambiado, el hombre a cargo del establo no se atrevió a alzar su cabeza, su majestad estaba asustandolo ¿había hecho algo mal?, el hombre podía sentir sus manos sudando y sus piernas temblando, como si una bestia estuviera frente a él, un aura de peligro lo oprimía, el dueño de esa aura finalmente se fue apretando un papel en mano dando pasos largos, al marcharse parecía muy digno, "jaja...", el hombre estaba impresionado, ¿como hacía su majestad para ser temido en un momento y admirado en otro. Mientras tanto, sobre un corcel blanco estaba Odette cabalgando majestuosamente, no seria extraño si una transeúnte la viera y la confundiera con un príncipe o caballero y se enamorara de ella, estaba feliz y gozando del viento hasta que una voz sono en su mente, al mismo tiempo una bola blanca se asomó del bolso frente a ella. " ¿Realmente estas tan feliz solo por el nacimiento de tú sobrino?" preguntó con curiosidad, sobre él solo podía ver a la mujer sonriendo mientras su cabello volaba con el aire. " ...Estoy feliz con su nacimiento, pero lo que más aprecio es mi libertad, Lil... tú y yo también nos despediremos pronto, más tarde cuando lleguemos hablarem...gak!...coff...coff" Cerrando los ojos y derramando pequeñas lágrimas que escapaban involuntariamente, Odette bajo la cabeza y vio a la bola de pelos culpandola. " Lil, me trague un insecto por tú pregunta, más vale que me lo compences al llegar " Sin decir más Odette mironal frente y cabalgo con fiereza, su sonrisa se había borrado y el gato blanco se metió a la bolsa otra vez y se acurrucó en ella, pensando con lastima en el Emperador que habían dejado atras. Siempre habían tenido una extraña enemistad entre ellos, pero ahora que ambos parecían compartir el mismo destinó, se entristeció e identifico con él, parece que ambos iban a ser abandonados... " Supongo que ese tonto también podría... perder la cabeza"
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