Tierra de Mercenarios

V1C19 - La Espada Espíritu (Parte 1)
Una vieja leyenda dice: Los elfos están en todas partes. Donde hay un sistema de introducción, habrá elfos; donde haya casas, casas con árboles, casas sin árboles, habrá elfos; debajo de piedras, debajo de rocas, incluso en objetos hechos por el hombre, habrá elfos. Esto incluye, desde luego, a las espadas. *** La densidad del bosque era cada vez más grande, los enormes árboles se elevaban hacia las nubes y el paisaje del bosque se tornaba cada vez más oscuro. Incluso estando a mediodía en verano, todavía se podía sentir la humedad dentro del Bosque de Hielo, ya que el frío no se lograba disipar del todo durante todo el año. De acuerdo con las instrucciones del mapa mágico enviado para la misión, todavía faltaba un día más de viaje para poder llegar al lugar objetivo. Mirando la ubicación dentro del mapa, debería haber un último hotel cerca antes de entrar de lleno en el bosque. Daqingshan miró hacia arriba e intentó cruzar la punta del árbol con sus dedos para ver la posición del sol y así reconocer la hora, pero cuando vio que las ramas y hojas eran extremadamente densas se dio cuenta que no podía ver nada más allá de ellas. En las montañas, cuando eran las cinco en punto, el sol todavía podía ser visto en el cielo; en cambio, en el bosque, se empezaba a oscurecer a las cuatro en punto, y era necesario acampar a las cinco. Los chicos tenían que darse prisa, de lo contrario tendrían que armar una carpa nuevamente y perder más tiempo. Apresuraron el paso. El cielo se estaba oscureciendo cada vez más, justo cuando Daqingshan y Amy estaban a punto de dejar de caminar e instalar un campamento, una luz tenue se filtró a través del espacio que había entre los grandes árboles del bosque. Utilizando como guía dichas luces, Amy y Daqingshan finalmente lograron llegar ante la puerta de La Casa del Viajero, el hotel, antes de la cena. En comparación con el frío intenso del exterior, el ambiente cálido del hotel era sin duda la principal razón que atraía a innumerables viajeros a tomar un desvío. El hotel no era muy grande, había un pequeño patio en la parte trasera, separada del resto de las habitaciones por la parte más grande de todas: el vestíbulo. Después de que ambos chicos guardaran su equipaje, fueron al vestíbulo junto a un camarero; en aquel lugar había más de diez mesas que estaban ya llenas de gente, la mayoría de ellos eran claramente mercenarios. Debido a la llegada tardía, Amy y Daqingshan recibieron una bienvenida llena de miradas inquisidoras por ambas partes, los escudos y marcas de rango que sobresalían de la ropa indicaban claramente sus identidades. —Oye, chico nuevo — Mientras los muchachos buscaban un asiento, un grito se escuchó desde el lado derecho de la casa —. ¿Vienes de paso? ¿O recogiste la misión de la SS? Los ojos de todos en el recinto se volvieron hacia esa esquina. Se trataba de algunos mercenarios sentados alrededor de una mesa, eran todos fuertes soldados, y cada uno de ellos tenían hachas de batalla de diferentes tamaños a su lado. A diferencia de los guerreros ordinarios, estos no poseían una fuerte armadura, e incluso estando en el Continente Helado, sus hombros izquierdos estaban completamente expuestos. Se trataba indudablemente de unos berserkers, uno de ellos, el más grande, media más de dos metros de altura. —¡Claro! — respondió el honesto e inocente Daqingshan —, estamos aquí para completar la tarea SS. —Ja,ja, ¿ustedes dos, pequeños renacuajos? — se burló el berserker — ¿De qué nivel son?, ¿Un grupo mercenario de reserva? El tono del hombre se tornaba cada vez más despectivo. —Ja, este buen hombre lo ha dicho bien — repuso Amy, saltando instintivamente a defender a su querido amigo —. Muchas gracias por tan grande cumplido. —¿Cuándo te elogié? — respondió confundido el berserker, quien no podía entender el humor heredado por tío Chi. —Ja, desde la antigüedad, los grandes héroes salieron de la juventud; nos elogiaste por ser jóvenes, por supuesto que somos héroes jóvenes, gracias — dijo Amy que, tras una sonrisa, se quedó con una mirada totalmente seria —. En realidad, solo somos dos pequeños mercenarios. El gran berserker escupió en el suelo y saltó de su asiento. —¿Cuál es tu nivel? — exclamó con enfado — Ustedes dos pequeños renacuajos… No querrán depender de nosotros como parásitos para terminar la tarea y dividir el dinero sin ningún esfuerzo, ¿verdad? —Oye, ¿Cómo crees? — sonrió nuevamente el joven Amy —. Aunque somos pequeños mercenarios, somos jóvenes héroes, las superestrellas de la esperanza para el futuro; y nuestro nivel es muy objetivo… —¿Objetivo? ¿De qué hablas? — dijo el hombre, confundido —. A lo más serán de grado D, E o F, ¿verdad? —Ja, pobrecillo — repuso Amy con altanería — ¿Crees que las clasificaciones D, E y F son geniales? —Bueno…. No serás un rango C, ¿verdad? — respondió un tanto más confundido — ¿Tan pequeño? Aquella conversación no hizo más que confirmar lo que Amy ya sabía, y es que los berserkers son realmente una clase de personas absolutamente simples de mentalidad, lo que aprovechó Amy para seguir jugando con las palabras. —Ja,ja, realmente eres muy inteligente — Amy miró al berserker con una expresión de orgullo, como si lo estuvieran elogiando —. Pero lo siento, todavía no has adivinado nuestro rango. —¿Eres de rango B? Los ojos del berserker comenzaron a volverse pequeños, y su postura demostraba que le estaba comenzando a tener respeto al chico por ser de dicho rango. —Insisto, ¿Para ti el rango B es genial? —Acaso eres… ¡¿Eres de grado A?! — el berserker cada vez tenía más respeto y miedo hacia el muchacho. —¿La industria mercenaria solo depende de los A? Nosotros estamos más bien en la punta… Amy levantó la cabeza y miró al gran mercenario que era una cabeza más alto que él, sin vergüenza alguna. —¿Qu…Qué? — el grandulón y alguno de sus compañeros prontamente se pusieron de pie — ¿Podría ser… un legendario senior de clase S? A penas hubo dicho aquellas palabras, el rostro de las otras personas en la habitación también se iluminaron. —Ja, nuestro rango es casi lo mismo — asintió Amy con satisfacción. ¡PAF! Desde el otro rincón de la habitación, una enorme palma golpeó pesadamente la mesa. —Jóvenes, no se excedan — replicó un viejo enano barbudo, que se encontraba sentado en cuclillas en su silla, con un rostro muy solemne —. Solo hay seis mercenarios de nivel S, todos ellos tienen más de cincuenta años. —Ja, creo que lo ha malinterpretado, abuelo, ¿Dije acaso que era de rango S? — Amy puso una cara de inocencia — Lo que quise decir es que estamos en la punta, pero en la punta contraria a la S; mi compañero y yo estamos en el rango G. —¡Me estás tomando el pelo, chico! — gruñó el berserker — ¡Vete al infierno! Nadie en el mundo se atrevía a bromear con un berserker, al contrario, siempre trataban de complacerlos para no terminar aplastados. El gran mercenario sostuvo su hacha de batalla, y acto seguido, los demás miembros de su grupo hicieron lo mismo. —Todos, cálmense — Un barítono muy dulce provino desde otra mesa. Se trataba de un hombre vestido completamente de blanco, quien se puso de pie e hizo una seña a Amy y Daqingshan —. No hay más mesas disponibles, los “niños espada” pueden venir y sentarse aquí. El hombre se encontraba en una mesa junto a cinco hombres que se hallaban sentados, todos también vestidos de blanco y con largas espadas por todos lados; unas espadas colgando de la cintura, y también unos mandobles amarradas a las espaldas. El sujeto que les lideraba poseía un rostro muy amable, de complexión mediana y se inclinaba en su mesa sosteniendo un gran mandoble; aunque en su rostro no se notaba, la postura de dicha espada demostraba claramente que estaría dispuesto a atacar de ser necesario. El berserker, lleno de rabia, ignoró aquella amenaza. Todos en la habitación estaban muy nerviosos, incluso el camarero de la Casa del Viajero se encogió detrás del mostrador y no se atrevió a salir para solucionar el conflicto. —Oggh… Aunque el espacio de la Casa del Viajero era poco, el enojado berserker había comenzado a cortar al aire hábilmente con sus hachas de guerra, lanzando de vez en cuando un pequeño torbellino en el suelo plano. —¡Los que me insultan deben morir! Casi sin previo aviso, el hombre saltó bastante alto, empuñando su enorme hacha con ambas manos, dejando rastros de copias tras de sí y abalanzándose hacia Amy, con un corte tan fuerte que se pudo escuchar el sonido del viento. Esa era la segunda vez que Amy se enfrentaba a un berserker, por lo que el chico no tenía prisa. No caería en los mismos trucos dos veces; dio un paso atrás, se dio vuelta y, en menos de un segundo, sacó desde su espalda a la Hoja de Hielo. ¡Clank! Una enorme espada larga se extendió desde un lado, bloqueando la parte delantera del hacha, y las múltiples copias de la misma desaparecieron inmediatamente. Pero no había sido la Hoja de Hielo de Amy, sino que alguien se había parado detrás de él para defenderlo. El gran berserker se sintió enojado porque un chico tan joven le había detenido. Realmente se había sentido humillado, pero al ver como el mercenario de blanco fue quien le había detenido, sintió que era la oportunidad perfecta para no reparar en controlar su fuerza. Sin embargo, cuando se dispuso a dar otro golpe, fue detenido por un espadazo del hombre. Como un oso gigante siendo acosado, los ojos del berserker cambiaron rápidamente, inyectándose en sangre. La larga hacha de batalla comenzó a cortar frenéticamente a la espada del mercenario, quien le devolvía todos los ataques. Era como ver un baile entre espadas y hachas entre ambos mercenarios. Ataques y bloqueos volaban constantemente por todo el lugar, hasta que, finalmente, el hombre de blanco lanzó un poderoso ataque que mandó a volar el hacha del berserker, quien probablemente hubiera resultado herido si no fuera por sus otros tres compañeros que se habían levantado veloces a ayudarle, bloqueando el ataque del hombre con cuatro enormes hachas de mano. Cuatro grandes berserker rodearon rápidamente al espadachín de blanco. Sin duda, ellos habían sido socios durante mucho tiempo, ya que sabían cómo reaccionar y defenderse entre sí. Además, como se encontraban en un lugar tan estrecho y reducido, lo normal hubiera sido que hubieran chocado, pero estos estaban tan perfectamente coordinados que aquello no ocurrió en ningún momento. Una vez hubo recuperado su hacha, el berserker y sus compañeros se lanzaron a atacar al hombre al mismo tiempo. Las hojas color sangre, negro y plateado reflejaban la luz parpadeante de las velas mientras chocaban y se repelían contra la espada del mercenario de blanco. Finalmente, un golpe de hacha fue tan fuerte, que el mismo viento logró empujar al hombre hacia atrás. Al ver que se encontraba en una situación de crisis, Amy sostuvo a su Hoja de Hielo con ambas manos y, acto seguido, dibujó un rayo blanco que fue dirigido directamente hacia el gran mercenario berserker; Daqingshan, por su parte, también sacó el sable negro que llevaba en su espalda, levantó el escudo en alto y repelió perfectamente al hacha de uno de los berserkers. Los chicos se dispusieron a atacar nuevamente, pero dos auras de espadas traslúcidas de color dorado aparecieron de repente frente a ambos, parpadeando en un torbellino y llevando hacia atrás a los hombres que intentaban atacar. —Sin su ayuda podría haberlo manejado. Nuevamente se trató del hombre vestido de blanco, que se había incorporado. La espada larga de aquel espadachín se sacudió repentina y violentamente en el aire, y del filo de la espada se formó una luz azul que estalló de repente. Desde la misma hoja, se asomó la cabeza de una serpiente, que se comenzó a materializar en otra espada fantasmagórica, suspendida en el aire. En un instante, ocho replicas de aura emergieron alrededor del hombre vestido de blanco, todas ellas con la forma de una espada. Inmediatamente, una de esas replicas fue a atacar directamente a uno de los berserker que utilizaba un hacha de dos manos, a quien tanto su mano izquierda como derecha fueron golpeadas, provocando que saltara sangre. El dolor fue tanto, que el hombre no pudo sostener su pesada hacha, que cayó al suelo. —Vaya, digno de un berserker — dijo sarcásticamente el viejo enano de al lado —. Cuando tomé la misión de SS nunca creí ver a uno de los nuestros que se atreviera a desafiar al mercenario de nivel A, Baiyi Afeng, puesto setenta y tres en la lista de Almas de Guerra. Las palabras descritas por el viejo enano parecieron funcionar como un balde de agua fría vertida sobre la cabeza de los berserker, quienes al darse cuenta de quién era su oponente, redujeron rápidamente la hostilidad del aire.
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