Tierra de Mercenarios

V1C12 - Explorando la Terraza del Dragón Verde
-Los rumores sobre mí se extendieron más y más. A petición de Amy, Chi Hanfeng y Lei Ge, Daqingshan habló más sobre su pasado mientras comían. En casi toda la aldea se hablaba de que había un heredero designado por un dios de la Montaña Colmillo Dragón. Se decía que los padres de Daqingshan en realidad no estaban muertos, sino que el dios los escogió para proteger a la montaña. Incluso muchos aseguraban haber visto a sus padres montando leopardos de las nieves y galopando entre las montañas. Otros dijeron que cada vez que Daqingshan salía a cazar, todos los animales de la montaña se alineaban para esperarlo, y así él escogía cual le gustaba, le tocaba la cabeza con su mano, y la bestia lo seguía hasta lo alto de la montaña. Cuando ya estuvieran cercanos a la aldea, la bestia escogida rugía y, acto seguido, se suicidaba. -¿Pero entonces cómo lo mataste? – le preguntó Amy ansiosamente –. Tenías solo nueve años, ¿Cómo pudiste haber matado a un leopardo de las nieves? -Mira, esto es todo… Daqingshan sacó dos palos de madera de unos cincuenta centímetros de largo con dos extremos puntiagudos. -Una vez que recogí un conejo de nieve muerto, descubrí que no se había congelado hasta la muerte, sino que se había muerto por una raíz de hierba atrapada en su estómago – explicó el chico –. Al parecer se había encontrado el hierbajo congelado en el hielo, y de esa forma se la comió, pero no esperaba que una vez se derritiera el hielo dentro de él la hierba se liberara y perforara el estómago del animal. >> Quise usar el mismo método para ejecutar una trampa, así que intenté encontrar alguno de los árboles más resistentes, saqué unas ramas y afilé los extremos. El chico utilizó como ejemplo los dos palillos que tenía en la mano, doblando ambos extremos con fuerza. -Luego de doblarlos, tienes que atarlos con una cuerda, ponerlos en un tazón grande y congelarlos en la forma de un pequeño disco – continuó –. Finalmente, cortas un poco el hielo y lo envuelves con piel de animal o de grasa. >> Luego, lo arrojas al río. En los lugares donde hay pocas cosas para comer en el invierno, muchos animales se tragan bolas de hielo carnosas llenas de dátiles. Como hace mucho calor dentro del estómago del animal, el hielo se derrite rápidamente y los palitos se vuelven rectos. La mayoría de los animales serán perforados por dentro. Por lo tanto, siempre que recojo un animal este ya está muerto. Todos quedaron sorprendidos ante las declaraciones del chico, quien además de haber contado un plan infalible para conseguir comida lo había dicho de una forma tan modesta que hasta causaba ternura. -Entonces – inquirió rápidamente Amy con curiosidad –. ¿Por qué no usaste ese método para cazar a los Osos de Nieve? Lei Ge miró enojado a su aprendiz, pues pensaba que le estaba retrasando a la historia que él quería oír, que era precisamente la del cómo había conocido al cachorro verde. -Los Osos de Nieve hibernan – explicó –. No hay forma de encontrar hielo en verano para ejecutar la trampa, además de que los osos no comen animales muertos. -Bueno, bueno, ¿Y qué pasa con ese cachorro? – interrumpió el mago. Lo cierto era que los aldeanos no se dieron nunca cuenta de que con el calentamiento gradual del clima, las presas de Daqingshan capturaba eran cada vez menos carnívoros, sino que eran conejos de nieve o pollos de nieve, además de que las presas comenzaron a llegar con perforaciones de ballestas. El pequeño pasó a contar entonces más de su vida. Después de que el clima se volviera más cálido, los carnívoros ya eran capaces de atrapar a sus propias presas, por lo que rara vez recurrían a la carroña. Daqingshan comenzó a entrenar gradualmente el uso de la ballesta de acero que le había dejado su padre para emboscar en la montaña, disparándole a animales pequeños. El clima cada vez se volvía más cálido, y por lo tanto, para atrapar más presas, Daqingshan a veces acampaba en las afueras. Una noche a fines de la primavera, Daqingshan recogió un poco de leña y encendió una gran fogata. La diferencia de temperatura durante el día y la noche era abismal, incluso si te escondes en el sotavento por las noches puedes sentir el viento del norte zumbando. Mirando a la hoguera frente suyo, Daqingshan abrió dos conejos de nieve limpios y los puso a cocinar en la fogata. El pequeño sacudió con un pequeño abanico de papel el tenedor de madera que sostenía al conejo y las llamas ligeramente rizadas asaron la carne del conejo con un sonido chisporreante. El aceite se filtró de la carne, se envolvió en partículas de sal y goteó al fuego. Con ayuda de la brisa de la montaña, el aroma de la carne asada se extendió cálidamente. Al final de la barbacoa, lo ideal es disminuir la fiereza del fuego hasta unas pequeñas brasas. Eso era lo que el padre de Daqingshan le había enseñado, así que viendo cómo la carne estaba a punto de cocinarse, apagó la hoguera y, con ayuda del calor residual de la misma comenzó a asar lo que quedaba del animal mientras él se ocupaba de guardar algunas de sus cosas. Cuando terminó de empacar, el joven se volteó para sacudir nuevamente las brasas de su comida, pero al hacerlo, el joven quedó totalmente sorprendido: un cachorro de color verde estaba sentado justo delante suyo, tratando de alcanzar laboriosamente la carne de conejo con sus dos patas delanteras. Al ver que saliva verde brotaba de su boca, Daqingshan se percató de que el animal tenía muchísima hambre. A penas notó la presencia del chico, el cachorro no se alteró, al contrario, comenzó a ladrarle al muchacho mientras que con una pata señalaba a la carne del conejo y con la otra a su estómago. -¡Que tierno! – le había dicho Daqingshan. Se acercó y le acarició la cabeza al cachorro. -¿Tienes hambre? -¡Guarf, guarf! – asintió emocionado. -Pobre cachorrito – dijo el niño –. Debió haber sido abandonado por el dueño. Durante una observación cuidadosa, Daqingshan descubrió que el cachorro era un perro lisiado, ya que sus dos patas delanteras estaban severamente degradadas. No había forma de que pudiera correr en cuatro patas, solo por sobre sus dos patas traseras. Cuando caminaba sí que podía hacerlo, pero tropezaba constantemente. Daqingshan pensaba que era una situación lamentable. El viento sopló y el cachorro se hizo una bola mientras estornudó. El chico parecía muy angustiado ante tal situación, así que levantó su chaqueta de cuero y se la puso encima a la criatura, que dejaba entre ver solo una pequeña cabeza con la boca llena de baba. La carne del conejo estaba completamente cocida. Daqingshan desarmó la comida y puso las dos mejores patas de conejo a los pies del perro, quien parecía muy satisfecho mientras se zampaba la comida que había preparado. Luego de comer, ambos estaban bastante cerca, y el cachorro comenzó a acomodársele encima. Le acarició felizmente la ondulante barriga que se arrastraba entre sus brazos y ambos se quedaron dormidos. Al día siguiente, Daqingshan llevó al cachorro a la montaña para cazar. El perrito, cuyo nombre ahora era “Lu’er”, era tan estúpido que no podía correr ni a la velocidad de un conejo, y a menudo daba saltos mortales de la montaña en el proceso de perseguir a su presa. Daqingshan no podía evitar reírse, incluso cuando tuvieron muy pocas presas ese día, con tan solo un par de pollos de nieve. Una situación similar a la noche anterior se repitió al otro día. Daqingshan asaba a los pollos mientras que Lu’er estaba envuelto en el abrigo de cuero y se despertaba cada vez que olía a carne. La cosecha del tercer día fue mejor, dos conejos y un gallo de nieve. Se encontraban haciendo la barbacoa en la ladera de un sotavento, cuando de pronto, el aullido del viento nocturno se volvió violento. -Qué extraño – le había dicho a Lu’er –. El clima estaba bien en la mañana. Daqingshan empezó a agregar más leña a la fogata, cuando de pronto escuchó unas pisadas provenientes de la hierba a la distancia. El chico instintivamente se volteó. Un anciano vestido de negro salió de la noche, miró sin expresión alguna a Daqingshan y se sentó lentamente junto a la fogata. Lu’er, por su parte, asomó la cabeza por la chaqueta de cuero y vio al anciano, saltando de emoción y arrojándose a sus brazos. -Parece ser que conocí al dueño –. Se dijo el chico para sus adentros. Estaba de cierta forma deprimido. Aunque ese cachorro corría de manera estúpida y no era un buen cazador, Daqingshan finalmente había encontrado un compañero tras tanto tiempo estando solo. No quería perder la oportunidad de estar acompañado, así que por primera vez decidió pedirle algo a alguien. -Hola, ¿Este cachorro es suyo? El viejo lo observó desconcertado. -¿Le llamaste cachorro? – exclamó –. Oh, si, es mío. -Uh… Eh… - balbuceó -. ¿Puedes dármelo? De repente, los ojos del anciano se iluminaron, como un relámpago en el cielo nocturno. -¿Tú lo quieres? -Bueno… yo… ¡Mi nombre es Daqingshan! – dijo decidido -. Estoy solo, realmente quiero un compañero, ¡Lo cuidaré bien, se lo prometo! -Bueno, está bien… El viejo miró al verde cachorro, y luego a Daqingshan, a quien con un tono firme dijo: -Daqingshan, ¿Te gustaría estar con él toda tu vida? -¡Si! – respondió el chico, sintiéndose muy sagrado y solemne - ¡Por supuesto que sí! -¿Y tú? – dijo dirigiéndose a Lu’er -. ¿Te gustaría estar con Daqingshan toda tu vida? -¡Guarf, guarf! – asintió el cachorro, moviendo la cola. El anciano extendió sus manos delgadas y sostuvo la mano de Daqingshan y las patas delanteras del cachorro. -Santo dios, Palott, tus descendientes están dispuestos a celebrar un pacto sagrado con los descendientes del Dios Creador: ¡Deja que el cielo, la tierra y los dioses presencien este sagrado momento juntos! En ese instante, en el cielo comenzaron a verse truenos y relámpagos. Daqingshan cerró sus ojos hasta que finalmente aquel ajetreo terminó y, para cuando los volvió a abrir, el viejo había desaparecido. Una voz se escuchó entonces desde el cielo: -Daqingshan, cuando tengas dificultades o dudas, puedes ir a la Terraza del Dragón Verde, en la Montaña Colmillo Dragón. El viejo Lei Ge resopló mientras se peinaba la barba con las manos. -Oh, el joven no me ha dicho la verdad – comentó –. Sí que habías firmado un contrato y me mentiste… -No le mentí – respondió sinceramente el pequeño - ¿Qué es eso del contrato? -¡Con el dios dragón Palott! - El viejo mago había rugido tan fuerte que un pequeño destello de relámpagos cruzó por encima suyo –. Jo, Jo, alguien se atrevió a regañar al dios dragón que se sienta al mismo nivel que el Dios Creador, y lo admiro. Lei Ge obviamente no se rindió, por lo que insistió en ir a la Terraza Dragón Verde para echar un vistazo. De todos modos, si estaban junto a Daqingshan - el signatario del dragón junto al mismísimo dragón - no se atreverían a hacerles nada. Además, era una gran oportunidad para cosechar algo, por ejemplo, de magia antigua o arcana de dragón. Chi Hanfeng tampoco se quedaba atrás. Quería ver si se podían encontrar artefactos valiosos dentro de la cueva del dragón, - que era lo más probable - así que simplemente asentía con un ¿Por qué no hacerlo? A pesar de la actitud positiva de ambos, Amy sentía vagamente que algo no estaba bien. Aunque debido a su experiencia, todavía no podía capturar en su totalidad la forma de pensar de los dos viejos zorros. No obstante, Daqingshan era reacio a decepcionar a quienes consideraba sus nuevos amigos, y además quería ver a qué se refería el viejo de negro sobre la Terraza del Dragón Verde, por lo que estaba muy dispuesto a tal aventura.
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