Tierra de Mercenarios

V1C11 - Guarida del Dragón
En términos generales, los dragones están acostumbrados a bendecir con magia lo que esté cerca de sus guaridas. El poder de la magia aumenta mientras más cerca estés del centro del lugar. Todavía hay innumerables aventureros que se atreven a adentrarse en la guarida del dragón. Estos intrépidos que irrumpen en aquellas moradas se pueden dividir en tres categorías: La primera es, sin lugar a duda, la de los codiciosos. Los dragones tienen el peculiar pasatiempo de recolectar objetos brillantes, como monedas de oro, gemas mágicas, cristales, espejos, etc. Naturalmente al vivir en una casa del tesoro son víctimas de toda clase de ladrones. La segunda categoría son los vengadores. Es innegable que una pequeña parte de los dragones están acostumbrados a cazar a humanos y a otras razas. Con el fin de buscar la paz y evitar que esto no ocurra, muchos mercenarios o los mismos familiares de víctimas van en búsqueda de venganza para rodear y matar al dragón pecador. La tercera categoría: Matadragones. De entre los guerreros con más destreza relacionado a dragones siempre se mencionan dos: El Montadragones y el Matadragones. Si tu línea de sangre no te permite ser amigo de un dragón, y por consiguiente un Montadragones, muchos optan por asesinar a la bestia para que el mundo te reconozca como alguien mucho más fuerte y grande que el dragón. En otras palabras, si no se puede poseer la propiedad, el argumento que tienen es que al destruirla harían como si fuera suya. Algo típico – y a su vez estúpido – de la raza humana. Shan Hai Jing, La Raza del Dragón. *** -¡Ja! – rio el viejo Lei Ge, con su humor habitual –. El pequeño es muy lindo. -Guarf, guarf – Bufó Lu’er al ver la mano negra que le había estirado el mago. En su mente, el cachorro no podía entender cómo es que la gente no se lavaba las manos durante tanto tiempo, así que abrió su hocico y lo mordió con ferocidad. -Oye, no muerdas – repuso el anciano todavía sonriendo –. Petrifiqué mi mano, no puedes morderla. -B…Baf – dijo Lu’er, mientras escupía la mano, jadeando. El verde animal escupió baba desesperadamente en el suelo, mientras que Lei Ge esta vez se dirigió hacia el chico de piel morena. -Joven, ¿Cómo dijiste que te llamabas? Aparentemente el efecto de la magia petrificadora se estaba desvaneciendo, ya que un poco de sangre comenzó a gotear de la mano del mago, quien la escondió rápidamente. -Me llamo Daqingshan – respondió el chico. Lo cierto es que el pequeño niño era bastante tranquilo, y a pesar de la actitud del mago hubiera cabreado a cualquiera, él continuaba constante y respetuoso. Quizás ese tipo de naturaleza, sin pretensiones y con un apacible estilo de vida fue lo que le hizo ganar el favor del antiguo dragón de hielo. Aquello terminó que el mago le pidiera al joven que contara su historia y la de Lu’er. A la corta edad de diez años, cuando la mayoría de los niños todavía están acostumbrados a acurrucarse en los brazos de sus madres, Daqingshan ha estado cazando habilidosamente de forma independiente durante un año. Es difícil imaginar cómo un pequeño niño se enfrentaría a una presa del doble de su tamaño, e incluso el cómo no se perdería en las inmensas colinas y la nieve. Al principio, algunos aldeanos le entregaban algo de comida al chico, pero cuando llegó el frío invierno y los días se volvían cada vez más corto, la mayoría de ellos no tenía tiempo o se dedicaban a hibernar, por lo que era imposible cazar a gran escala. Todos los hogares dependen de la caza de verano para sobrevivir, por lo que muy pocas veces queda algo para poder donarle a los huérfanos. Esto provocaba que muchas veces Daqingshan no tuviera nada que comer, y como los días eran cortos y las noches largas, el pequeño de nueve años solo podía hacer una cosa: dormir. Solo en un sueño puedes olvidar el resto de cosas miserables de la vida. Solo en un sueño puedes ver el sol, solo en un sueño puedes tener comida fresca, y solo en un sueño puedes estar junto a tus padres antes de que una avalancha se los quite. Sin embargo, a menudo al despertar el chico se sentía cansado. Al pasar el tiempo, la falta de alimento y el frío comenzaron a formar parte del día a día y, por ende, era lo único que se quedaba grabado en la memoria subconsciente de Daqingshan. Tenía tanta hambre que no podía soportarlo más. Mareado, Daqingshan comenzaba a perder la esperanza. Pensó en mirar hacia afuera de su casa para ver si lograba atrapar un conejo de nieve, cavar trampas y usar una ballesta para alcanzarlos. Las preseas del Continente Helado se han adaptado al estilo de caza de los humanos desde hace mucho tiempo, por lo que es bastante difícil atraparlos a menos que estén dispersos y rodeados. Los más complicados por su astucia son, sin duda, el conejo y el zorro, que ocultan sus pasos. Aunque su padre le haya dejado una ballesta de acero, un niño de nueve años no podría tirar de ella incluso siendo muy fuerte. La opción que tenía Daqingshan de sobrevivir era la siguiente. El chico solía recoger conejos, ardillas y pollos de nieve que se habían congelado hasta morir por la noche, aunque aquello no era seguro que ocurriese siempre, por lo que si eso ocurría volvía con las manos vacías, y se tenía que contentar con encontrar alguna que otra hierba silvestre que estuviera muerta. Al observar el cuerpo cada vez más débil y desnutrido de Daqingshan, la mayoría de los aldeanos predecían que ese niño no podría sobrevivir al siguiente invierno. No podían evitarlo. El continente está congelado y la comida escasea… Hasta que una noche los mismos aldeanos descubrieron que de repente Daqingshan regresaba de sus recolecciones murmurando solo mientras caminaba. Llevaba algo a rastras, y a penas la presa se hizo visible nadie podría creer que se trata de un gran y feroz carnívoro: el leopardo de las nieves. Todos quedaron atónitos. En el interior de la Montaña Colmillo Dragón, el leopardo de las nieves es un animal extremadamente sensible, con poderosas garras y un cuerpo enorme. Es capaz de trepar a los árboles, nadar y posee un increíble poder de ataque. Es tan así que estando solo, puede atacar a un grupo de Lobos de Nieve. Los cazadores generalmente se mantienen alejados de los leopardos de las nieves, ya que se dice que incluso diez cazadores pueden no ser capaces de matar a una de estas bestias. ¿Cómo fue entonces que un pequeño huérfano pudo matarlo? Cada vez más personas sospechaban y murmuraban cosas, lo que se convirtió en un cotilleo frecuente en el pueblo. -¿Ese leopardo de las nieves se habrá congelado hasta morir? -No lo sé… -Mira, él no está herido ¿Realmente es un leopardo de las nieves? -Si miras al leopardo no tiene heridas. -El leopardo de las nieves no parece haber muerto de frío, su cuerpo aún luce blando… En un total silencio, como era usual, Daqingshan arrastró al leopardo de las nieves hacia su casa con un gran esfuerzo, abrió un hoyo y puso dentro de este un gran recipiente con nieve, luego introdujo el cuerpo del animal adentro. Recogió madera seca y prendiéndole fuego. Al cabo de un rato, comenzó a salir humo verde, y junto con este un delicioso olor a carne asada que durante mucho tiempo no se sentía, llegando a la casa de todos los rincones del pueblo. Cuando terminó de cocinar la carne, Daqingshan empacó los mejores trozos en ollas de madera y se las regaló a los aldeanos que lo habían ayudado anteriormente. Iba casa por casa y en silencio, les entregaba la comida, inclinándose y tan solo dándole las gracias a quienes le habían brindado su comida tiempo atrás. Las cosas se tornaron aún más curiosas cuando, dos días después, era otro atardecer cuando los aldeanos encontraron a una figura delgada caminando con dificultad por la nieve. Era Daqingshan quien esta vez se encontraba arrastrando dos zorros de nieve. En el Continente Helado, el animal más astuto es el zorro. A diferencia de otros animales del continente, el zorro posee el mismo pelaje en todas las estaciones. El cazador promedio es reacio a atacar contra los zorros, puesto que hace unos años atrás, un cazador hirió a un zorro de nieve. Después de aquello, los zorros visitaron su casa todos los días. Primero, los pollos que criaba fueron mordidos y arrastrados, luego todos fueron asesinados por los zorros. Algo similar ocurrió también con un par de cerdos. A partir de ese incidente, nadie se atrevió a golpear a un zorro nuevamente. ¿Cómo entonces los logró matar ese pequeño? ¡Si mató dos a la vez! En silencio, Daqingshan regresó a su casa y se dispuso a cocinar la carne del animal. Aunque el zorro no es delicioso, en invierno se agradece siempre que haya algo que comer. A pesar de que esta vez era menos, el pequeño repitió el proceso, y en una olla de madera fue a visitar a un aldeano que lo había ayudado antes, silenciosamente le entregó la comida, se inclinó y le dio las gracias. Fue así como cada cierto tiempo, Daqingshan arrastraba uno o dos grandes carnívoros cuando volvía al pueblo. La vieja choza en ruinas que le habían heredado sus padres se convirtió en la casa más humeante de todo el pueblo, tanto así que los aldeanos que habían ayudado a Daqingshan no tenían que preocuparse más de la comida. En el patio de la cabaña, cada vez más pieles hechas de animales carnívoros se encontraban apoyadas en troncos de madera, dispuestas a secarse. En ese momento comenzó a circular un rumor en la aldea. Se decía que después de que el dios de la montaña matara a los padres de Daqingshan, éste se había convertido en una especie de heredero de dicho dios, y que hacía que los animales se suicidaran para que Daqingshan se lo comiera; de lo contrario ¿Cómo lo hacía? ¿Dónde estaban las marcas de las heridas en los animales? Algunas personas comenzaron incluso a mirar con malos ojos al pequeño Daqingshan. El frío invierno había pasado. El huérfano que se suponía que iba a morir de hambre se había vuelto más fuerte que los niños comunes debido al exceso de comida. La ropa antigua que usaba se había rasgado, así que, haciendo uso de los huesos de los animales a modo de aguja, el chico había comenzado a formar hilos para fabricarse su propia ropa con las pieles que tenía de sus presas. El rumor de que Daqingshan era el heredero del dios de la montaña se confirmó nuevamente cuando el pequeño, que no había sido visto durante varios días, regresó a la aldea nuevamente, esta vez acompañado por un extrañísimo perro verde que en ocasiones caminaba en dos patas. Lo curioso era que cada vez que el niño pasaba junto a su cachorro, el resto de los animales se volvían incontinentes, y agitados, se hacían bolita al verlo cerca. Algunos al ver esto comenzaron a decir que era un perro patrulla otorgado por el mismísimo dios de la montaña ¿Qué otro perro tendría un poder tan grande?
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
Tierra de Mercenarios

Populares

Populares

close 0/500