La Boda de mi Ex

Capítulo Veintiséis
Christian al igual que Allie, se negó a responder cualquier pregunta que le hiciera mientras que el chófer nos llevaba a las afueras de Los Ángeles tomando la carretera que nos llevaría a un destino bastante incierto para mí y en un intento de distraerme decidió darme una bolsa de dulces como lo había hecho en Japón también llenándome de mimos y abrazos que aceptaba gustosa pero sin dar mi brazo a torcer por ello. —¿A dónde vamos? —vuelvo a preguntar por milésima vez volteando a verlo. —No te diré. —Esto podría calificarte como un secuestrador, ¿sabes? —vuelvo a atacar. —Y a ti te pueden calificar con síndrome de Estocolmo —contraataca con una sonrisa misteriosa. Me cruzo de brazos molesta porque en parte tenía razón por ello, miro hacia la ventana sin ver nada en particular prácticamente dándole la espalda, Christian intenta iniciar una conversación varias veces pero al final decido aplicar la ley del hielo si siquiera verlo de reojo. —¿En serio me vas a ignorar el resto del camino? Si, me respondo internamente decidida a seguir con esto hasta el final aunque tras varios segundos me doy cuenta de que él había dejado de insistirme quedando en silencio, volteo encontrándolo con los brazos cruzados viendo hacia el frente y al notar mi mirada ambos nos quedamos viendo fijo sin siquiera parpadear por varios segundos en lo que se convirtió una guerra de miradas, sentí que mis ojos comenzaban a arder pero traté de resistir aún más hasta que al final ambos soltamos un quejido. Me tallo mis ojos tratando de calmar el ardor mientras río infantilmente. —¡Yo gané! —exclamo señalándolo. —Claro que no. —Claro que si, ¡tú te quitaste antes! —¿Ya me vas a hablar de nuevo o no? —¿Me dirás ya a dónde vamos o no? Christian deja escapar un suspiro y extiende sus brazos hacía mi para tomarme por la cintura y acercarme a su cuerpo. —¿Qué te dijo Allie? —pregunta confundiéndome por un segundo y él al verlo aclara—: antes de que vinieras conmigo. —Lo mismo que tú ahora: nada. El ríe divertido y me pellizca la mejilla ligeramente haciendo que suelte un quejido, quejido que fue callado cuando me roba un beso. —Iremos a un lugar que espero te guste —habla al separarse—. Y no tendremos a nadie molestando o interrumpiendo. Lo miro sorprendida por sus palabras pero decido resistir la enorme curosidad para evitar seguir preguntando para no arruinar la sorpresa el recorrido duró una hora más así que cuando lleguamos a nuestro destino de nombre Korakia Pensione ya estaba atardeciendo. Al bajar de la camioneta me sorprendo al ver mi maleta azul pequeña en la cajuela junto a una de Christian, cuando entramos al lugar miro maravillada las diferentes villas que estaban ahí, era un lugar tan rústico que me fascinaba incluso la alberca me instaba a entrar en ella pero sólo me dejó llevar por la mano de Christian. Al lugar al que íbamos estaba hasta al fondo del lugar, al entrar lo primero que vi fue la esponjosa cama de dosel en si el lugar era bastante espacioso y tranquilo, y su aspecyo era el de estar atrapada en otra época. Dejó mi maleta junto a la cama soltando la mano de Christian para lanzarme a la mullida cama. —Este lugar es genial. —Me alegra que te guste. —Pero tengo una sóla pregunta —hablo alzando la mano para atraer su atención y luego aelalar la maleta—. ¿Cuándo se supone que hice esto? —Allie la hizo cuando te quedabas en mi casa —explica sentándose en el borde de la cama. Eso explicaba muchas cosas como el hecho de que no encontrará mi ropa, pienso internamente aunque sólo se forma una pregunta, la cuál expreso en voz alta: —¿Qué vamos hacer? Me levanto sentándome a su lado aunque él sólo se limita a mirar el lugar pensativo por varios segundos, segundos que aproveché para admirarlo como si estuviera viendo algo maravilloso aunque eso era realmente lo que Christian era. —Podríamos ir al jacuzzi —habla al final—. ¿Quieres? Yo, en un jacuzzi, con Christian pienso haciendo que mi mente comience a maquinar varios escenarios que sólo lograron conseguir que me sonrojara e inclinará la cabeza para evitar que él viera lo que eso provocaba en mí. —Esta bien —murmuro nerviosa. —Te veo allá. Él me sonríe y se levanta dándome un beso en la frente para retirarse no sin antes decirme dónde quedaba tanto el baño como el jacuzzi, cuando se va respiró hondo en un vago intento por calmarme lo suficiente, lo que sentía no era ansiedad sino que era nerviosismo por pasar un fin de semana completamente sola con Christian. Me acerco a la maleta abriéndola y al instante arrepintiéndome por tener a una amiga como Allie. La ropa interior que había adentro era totalmente nueva y no tan yo, saco el liguero blanco que había guardado junto con varios trajes de baño que no dejaban nada a la imaginación, comienzo a buscar por toda la maleta pensando en que cuando llegará con ella la mataría hasta que encuentro un short bastante corto pero que era mejor opción que lo que la rubia empacó también tomo una blusa blanca que me dejaba un hombro descubierto. Me cambio rápido de ropa sin siquiera pensar en los trajes de baño, en el camino trato de juntar la mayor cantidad de confianza que tenía así que cuando llegué noté la chimenea encendida con el fuego crepitando también vi que el agua que llegaba al jacuzzi venía de una pequeña cascada, Christian estaba frente a ella dándome a mí la espalda me acerco con cautela aprovechando que mi presencia no había sido notada para abrazarlo por lo hombros. —¿Qué hace un hombre tan guapo solo? —pregunto al mismo tiempo. —Tardaste —responde él cuando se recupera del susto volteando el rostro para besarme—. Estás hermosa. Me sonrojo al sentir el calor de su piel y por sus palabras así que me alejo un poco para quitarme la blusa quedando sólo en el sostén negro que traía algo bastante sencillo, me meto en el jacuzzi dejando escapar un suspiro de satisfacción al sentir el agua tibia rozar mi piel sentándome a su lado. —Así que una escapada, ¿eh? —me burlo recargando mi brazo en el borde del jacuzzi y volteando a verlo—. Creo que es una de las mejores ideas que Allie pudo tener. El sonríe sólo por unos pocos segundos para tomarme por las cintura para sentarme sobre sus piernas, paso mis brazos por su cuello para jugar con su cabello que era tan suave, cuando nota mi rubor pasa su mano izquierda por mi mejilla haciendo que yo incline la cabeza para sentir más de cerca su tacto. Christian me mira para acortar la distancia que nos separan para besarme de una manera tan apasionada que me sorprendió por unos segundos pero que después respondí a aquel beso con la misma intensidad. El ambiente pasó de ser uno calmo a uno totalmente cargado de pasión y necesidad por el otro, mientras su mano seguía en mi mejilla la otra rodeo mi cintura acercando aún más a su cuerpo. Su mano recorre con tanto cuidado desde mi mejilla por la barbilla bajando por mi cuello, mi hombro, cuando su mano tocó mi columna mandó miles de escalofríos por mi cuerpo que me hizo suspirar entre el beso pero cuando su mano se poso en mi cintura cerca de mi cicatriz instintivamente me separé de forma brusca y apenada. —¿Estás bien? —pregunta tras varios segundos en el que lo noté confuso por lo que acababa de pasar. —Estoy bien, yo... Lo siento. Miro hacia otro lado abrazándome a mi misma por la cintura más que nada para cubrir la cicatriz. —En realidad, yo lo siento —habla Christian con la voz ronca—. Por permitir que ese bastardo te tocará y te lastimara, pero te prometo que no volveré a permitir que algo malo te pase, estás a salvo conmigo.  A salvo. Me repito mentalmente varias veces tratando de calmarme, aleja su mano de mi cintura para tomar mi rostro entre sus manos, podía ver el dolor que le estaba causando por retirarme aunque sea unos centímetros de él pero tener el recuerdo de que Alex pudo hacerme de esto sólo hizo que se destruyera la poca confianza que tenía. Sabía que no debía temer a qué me hiciera algo para dañarme porque era más que claro que no sería capaz de lastimarme, recargo mi cabeza en su hombro abrazándolo. —Por favor, cuídame —murmuro como una niña pequeña. —Vas a estar bien —responde quitando un mechón de cabello para acomodarlo detrás de mi hombro—. ¿Confías en mí? Asiento lentamente, así que cuando me vuelve a besar me permito olvidarme de todo tan sólo por esa noche. Había algo en Christian que me hacía querer ir hasta el final del mundo, sólo querer estar a su lado esperando que no exista algo que quiera separarme de él; al sentir el calor del momento y sabiendo lo que iba a pasar decidí que era eso lo que quería. Quería tener a Christian. Sentir su calor cerca, su aroma, todo él. En algún punto salimos del jacuzzi entre besos y caricias hasta que sentí la cama detrás de mis piernas. Lentamente quedó entre la cama y su cuerpo encima mío totalmente encendido por la lujuria, recorro con la punta de los dedos desde sus hombros bajando por su abdomen hasta detenerme en el borde del bóxer, él gruñe cerca de mí oído para dejar besos por mi cuello mandando corrientes de electricidad sobre mi cuerpo. Esa noche se convirtió en el mejor regalo de cumpleaños que podía haber pedido. Al despertar la mañana siguiente me encuentro con la cama vacía y ningún rastro de Christian aunque el aroma a café fresco me dio un indicio de su ubicación, dejó escapar un suspiro mientras me pasó la mano por el cabello un poco enredado recordando lo sucedido en la noche y mordiéndome el labio, me levanto poniéndome unas bragas limpias y notando que la maleta de Christian estaba abierta por lo que decido ponerme una de sus camisas cubriendo mi pecho desnudo, en la pequeña cocina del lugar estaba el café servido, tomo una taza y me siento en el sillón viendo hacia afuera por la enorme puerta giratoria cuando escucho pasos, volteo en dirección al ruido viéndolo salir con el cabello húmedo, me sonríe tomando la otra taza. Christian se acerca a mí para sentarse en el suelo con el torso desnudo y sólo usando un pantalón de mezclilla con una taza de café en la mano derecha, me acomodo en el sillón para que pudiera recargar su espalda en el sillón y paso mi mano izquierda por su hombro tomando su mentón para que volteé a verme, cuando lo hace lo beso en los labios reconociendo el sabor amargo del café. —Te ves bien con mi camisa. —Me gusta mi nueva camisa —recalco. Veo sus hombros moverse a la vez que escucho su risa al oír mí frase y me deja quedarme con su camisa, ambos desayunamos con calma sin ninguna prisa disfrutando solamente de la presencia del otro, al acabar mi café lo dejo a un lado y comienzo a peinar su cabello húmedo jugando con él por varios segundos así que cuando retiro mi mano sólo unos segundos para ser atrapada por su mano. —No pares. —Te vas a quedar dormido en el suelo si sigo —comento divertida. Él deja su taza en la pequeña mesa y se levanta para tomarme en brazos mientras yo sólo me recargo en su hombro gozando de su cercanía como si fuera el aire que necesito para vivir, me deja suavemente en la cama del lado derecho para el rodear y acostarse sobre mi pecho tomando mi mano para ponerla sobre su cabello y abrazarme por la cintura. —Ahora puedes seguir. Dejó escapar una risa mientras continuo lo que había quedado pendiente mientras lo abrazaba con mi mano libre. Era tan extraño sentir su confianza como para dormise junto a mí con tanta calma, quizá está vez si era la oportunidad que esperaba de encontrar a alguien que me quisiera aún con las cicatrices. Le dejo un beso en el cabello prometiendo que está vez trataría de dar lo mejor de mí. Aunque sin perderme a mí misma. Parte del sábado sólo estuvimos en la cama mientras yo le hacía mimos a Christian quien ignoró cualquier llamada que le llegará a tal punto de apagar el teléfono sólo para quedarse abrazado a mí mientras me preguntaba sobre cualquier cosa que yo contestaba, cuando le pregunté sobre él descubrí que su cumpleaños sería en julio 25 y que cumpliría 26 años aunque se mostraba claramente molesto porque sus padres quisieran hacer una fiesta que sea más allá de lo familiar porque invitarían a un montón de personas. Christian, aún cuando su vida era estar en reuniones y conocer personas parecía que lo que quería era sólo estar con sus padres, su hermana e insinuó que yo también estuviera con él ese día. Hago una anotación mental para pedirle ayuda a Allie para hacerle una celebración de su cumpleaños, no de la misma forma en que él lo ha hecho para mí porque bueno, seamos honestos yo no podría costearme un fin de semana en algún lugar así pero al menos podría darle algo dentro de mi alcance. Al día siguiente, estuvimos nadando en la alberca aunque tuve que usar otro sostén como parte de mi traje de baño porque no iba a usar la ropa que la rubia loca empacó, aunque si, en la noche del domingo decidí ponerme un conjunto de lencería y que cuando Christian me vió decidió que esa noche tampoco íbamos a dormir en lo absoluto. El domingo en la noche fue nuestro regreso a casa aunque Christian insistió en quedarse conmigo cosa que no negué porque ya estaba acostumbrada a su presencia en mi cama, era una sensación de seguridad que no había encontrado en otros brazos hace algún tiempo. El lunes fui en el coche de Christian teniendo que bajar una cuadra antes para disimular que no veníamos juntos aunque estuvimos hablando por llamada para que estuviera al tanto de dónde estaba aunque el problema fue sentir que alguien venía detrás mío pero no veía nada extraño a mi alrededor así que sólo me apresuré a llegar al edificio. Pasó la tarjeta para entrar al elevador colgando la llamada en cuanto él sabe que estoy ya dentro de su "territorio", saludo a Cassie con una sonrisa mientras tomo una botella de agua del refrigerador. —Me enteré de tu cumpleaños —habla Cass cuando me siento en mi escritorio—. ¿Qué tal te fue? —Bien, mi mejor amiga planeo todo un día de festejos. "Y una escapada que nunca olvidaré" completo en mi mente mientras le sonrío. Tras su felicitación ambas nos ponemos a trabajar aunque prácticamente no había mucho que hacer, no había ni que hacer citas para la agenda porque ya todo estaba hecho y confirmado y tanto así era que incluso Cassie se iba a ir antes a ver a su hijo según me enteré porque había alguna reunión con su maestra o algo parecido así que cuando se fue yo bajé al piso 23 aunque Anne había venido antes a qué le arreglaran el vestido por lo de su embarazo para que en el vestido no se le notara demasiado. La mayoría de las bodas ya estaban siendo celebradas porque junio era uno de los meses más preferidos. —Necesito un café —se queja Mike pasándose las manos por el cabello.. Dejo de jugar con el lápiz para voltearlo a ver, tenía varias carpetas frente a él mientras trataba de revisar cada detalle que contenía cada carpeta, miro mi escritorio vacío sin nada que hacer y me levantó. —Te traigo uno. —No te preocupes, Eryn. —No hay problema —lo interrumpo haciendo un gesto con la mano—. También necesito uno y los de aquí no me gustan. Tomo mi cartera bajando en el elevador saludando a alguna qué otra persona, al salir del edificio vuelve la sensación de ser observada. Miro a mi alrededor buscando lo que sea que me generaba aquella sensación pero la ciudad era un mar de movimiento y era algo imposible de saber, trato de respirar hondo para calmarme y evitar tener un ataque de ansiedad mientras me dirijo al Starbucks. Al entrar al lugar volteo a todos los lados buscando alguien que se viera sospechoso pero no había nadie raro. La fila avanzaba bastante rápido así que no tuve que esperar demasiado a pedir dos cafés para mí y Mike, al pagar vi de reojo a un sujeto trajeado que miro demasiado hacia donde yo estaba. Cuando me entregan los cafés salgo empujando la puerta de cristal con la cadera mientras simulaba no haber notado al sujeto pero al ver qué salió sólo unos segundos me hizo confirmar que estaba siguiéndome, sigo caminando tratando de aparentar normalidad hasta que en un alto ambos nos detenemos y es ahí que no puedo evitar voltear a verlo. —¿Qué quieres de mí como para seguirme desde que salí del trabajo? —pregunto parándome frente a él con voz molesta. Él me mira sorprendido de que notara desde el inicio que estába siguiéndome, me di cuenta de que era joven con unos ojos verdes oscuros hasta que yo misma me doy la respuesta que buscaba en alguno de mis recuerdos. —Christian te contrató, ¿verdad? —Lo lamento, señorita Pryest —responde él viendo hacia otro lado—. El señor Bornout me dio instrucciones de seguirla. Estaba furiosa y eso se podía notar en cada célula de mi cuerpo que me exigía ir a pedirle una explicación que mereciera la pena por lo que tomo con un poco más de fuerzas los vasos y sigo mi camino con el chico siguiendo cada paso quedaba, sabía que Christian estaba en su oficina por lo que primero le di los vasos de café a una de las chicas del piso 23 para que se los diera a Mike y que esté pudiera revivir. Al llegar al piso, camino pasando por mi escritorio y el de Cass para entrar casi azotando la puerta. —¡¿Qué mierda ocurre contigo!? —grito en cuanto entro. Christian se levanta de la silla de su escritorio donde estaba viendo alguna cosa en la computadora y me ve con curiosidad hasta que ve al chico que estaba detrás de mí y su rostro se torna en su faceta de seriedad. Sin ninguna otra expresión. —Este chico.. —empiezo pero luego volteo a verlo—. ¿Como te llamas? —Ethan Jons —¿Desde cuando tengo un maldito guardaespaldas detrás de mí? —grito con el coraje fluyendo. —Ethan, retirate —ordena mientras ve detrás de mí. El chico se va con una ligera inclinación de cabeza cerrando la puerta detrás de él, me cruzo de brazos haciendo quedar clara mi posición de molestia. —Te prometí que no dejaría que alguien te dañara —empieza a hablar con la voz controlada—. Y es la mejor forma que tengo cuando no estoy a tu lado. —Christian te dije que no quería uno —respondo con pesar—. No es como si dejara que me volviera a pasar algo malo, esto no era para nada necesario. —Eryn, jamás en mi vida había temido por el bienestar de alguien que quiero demasiado —se acerca a tomarme por los hombros—. Yo cumplo mis promesas y realmente espero que entiendas que se perfectamente lo bien que puedes defenderte pero Ethan es más bien para que yo pueda estar en paz conmigo mismo. No voy a perderte ahora que te encontré. —No me vas a perder —aseguro con voz calmada dado que sus palabras habían tirado a la borda cualquier posible intento de recriminarle—. Pero esto es demasiado, me la vivo aquí y en mi casa o a veces en la tuya y ya nunca estoy sola. —Lo lamento pero Ethan se quedará junto a ti y no, no espero una aprobación. Lo miro claramente dolida porque no confiara en que estaría bien conmigo misma y salgo cerrando la puerta dejándolo solo en su oficina, aquel chico que ahora estaba forzado a andar vigilando cada paso que daba había desaparecido y creía que sus órdenes eran sólo estar cerca mío cuando me encontrará en la calle o en algún lugar que Christian no hubiese marcado como "seguro". Me pasó las manos por el cabello y dejó escapar un suspiro de molestia, por momentos el chico que amaba era el mejor que podía conocer, era tierno, atento, seductor y le importaba lo que le decía pero cuando se convertía en alguien sobreprotector era algo difícil que no podía tolerar.
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