Especialista en Fortalecimiento de Objetos

Esos bandidos deben morir
‘Grado de Objeto: Terrenal Ordinario’ ‘Nivel de Fortalecimiento: +10’ ‘Poder de Ataque: 586’ ‘Poder de Aataque adicional: 338’ Bonificación de +10: existe un 10% de probabilidad de generar una explosión de llamas al golpear con una estocada directa’ ‘Condición de Fortalecimiento: 85 puntos del alma’ Bai Yunfei acarició el cuerpo de la lanza carmesí, con una sonrisa en los labios mientras miraba el árbol caído delante de él. Apartó la lanza y se giró para caminar un poco a la derecha de Li Chengfeng, sentándose en el tronco y recuperando la energía que había consumido. En los últimos días, estuvo investigando ininterrumpidamente sobre la Espina de Hielo y la lanza. En cuanto al grado, la lanza era obviamente más alta, por lo que en un principio solo se dedicó a realizar experimentos con la Espina. Lo más importante era, por supuesto, Fortalecerla. Le pareció que un objeto raro como la Espina de Hielo no debía destruirse tomando en cuenta que había fortalecido a +8 a otros equipos ordinarios anteriormente. Pero, aun así, meditó sobre esto durante mucho tiempo antes de decidir si seguir fortaleciéndola. Se trataba de un premio, un objeto que consiguió gratuitamente, así que no importaba mucho si explotaba. Si otros Cultivadores se enteraran que Bai Yunfei trató un Objeto de Alma de esa manera tan negligente, probablemente le darían tal paliza que vomitaría sangre. El resultado no lo decepcionó, el +9 tuvo éxito. La siguiente mejora, falló. Pero sólo se redujo a +8. Esto le aseguró que un equipo de grado "raro" no se destruiría antes del +10. Cuando Bai Yunfei Fortaleció la Espina de Hielo a +10, no continuó, porque su intuición le dijo que si fallaba de nuevo, la probabilidad que el objeto pudiera destruirse, aumentaría. Ya de por si estaba muy satisfecho con el efecto adicional que consiguió con su mejora actual. ‘Grado de Objeto: Humano Ordinario’ ‘Nivel de Fortalecimiento: +10’ ‘Poder de Ataque: 237’ ‘Poder de Ataque adicional: 128’ ‘Bonificación de +10: cuando se arroja, la velocidad y poder de ataque se duplica’ Bai Yunfei también estudió ese efecto, y en el momento en que probó lanzar la Espina, una parte de su Fuerza de Alma fue absorbida, y la velocidad del objeto era el doble que cuando arrojaba una daga común. Sin mencionar el hecho que con su aumento de poder seguía volando varias docenas de metros después de atravesar un árbol de un metro de espesor. Una vez, descuidadamente, la disparó contra una pared de la montaña, y luego él y Li Chengfeng tuvieron que cavar tres o cuatro metros de profundidad para sacarla. Y si le vertía Fuerza de Alma conscientemente al arrojarla, la velocidad y el poder eran aún mayores. Tras asegurarse que no existía peligro de destrucción con el primer objeto, Bai Yunfei Fortaleció la lanza a +10. Debido a que era de color rojo intenso y caliente como el fuego en el momento que la infundió con su Fuerza de alma, una veloz idea cruzó su mente para decidir su nombre: "Lanza Punta de Fuego". Dos días después, por la tarde, Bai Yunfei miró al cielo y le dijo a Li Chengfeng que caminaba poco más adelante: "Chengfeng, ya casi oscurece. Encontremos un bosque para descansar por hoy antes de continuar nuestro viaje". Li Chengfeng se detuvo, miró a su alrededor, analizó un instante, y dijo: "¿Por qué no caminamos un poco más? Recuerdo que hay una pequeña aldea no muy lejos. Se puede ver luego de subir esta colina. Busquemos allí donde alojarnos para pasar la noche". "Bueno, está bien. Vamos, entonces". Bai Yunfei no se opuso a su sugerencia. Dormir a la intemperie todo el tiempo no era algo cómodo. Avanzaron un rato más, y el cielo ya comenzaba a ennegrecer. Bai Yunfei se detuvo de repente y comentó: "Espera... algo parece estar mal. Chengfeng, ¡mira la montaña!". Li Chengfeng había estado prestando atención a su entorno, no mirando a la distancia, pero cuando escuchó las palabras de Bai Yunfei y vio más de cerca, la expresión de su rostro cambió. "Esa luz... ¡No es bueno! Es la luz del fuego, incluso en el cielo se refleja hasta tal punto… Acaso…". Ambos se vieron a la cara. Aumentaron su velocidad y corrieron a la cima de la montaña. Un momento después, sobre la cumbre, Bai Yunfei escrutó la aldea no muy lejos, en llamas. Su rostro era sombrío, y Li Chengfeng temblaba. Alrededor de veinte o treinta casas estaban siendo tragadas por monstruosas lenguas de fuego, pero no parecía haber suficiente gente para apagar las llamas. Muchas personas se encontraban congregadas en medio de la aldea. Sin embargo... solo unos cuantos reaccionaban, apenas moviéndose, y los gritos de pena y desesperación les llegaban a los oídos hasta allí arriba de la montaña. "Son ellos, deben ser ellos. ¡Otra vez, otra vez! Malditos bandidos. ¡Los Mataré!". Los ojos de Li Chengfeng se tornaron rojos y mostraba leves signos de locura nuevamente. Bai Yunfei le dio una palmada en el hombro y le dijo: "Tranquilo. Parece que no hay bandidos allá abajo, apresurémonos a salvarlos primero". Cuando entraron en la aldea, Bai Yunfei vio una imagen que nunca olvidaría. Bajo la luz del fuego ardiente, había cadáveres yaciendo en charcos de sangre por todas partes. Una docena de personas estaban ocupadas atendiendo a los heridos. Otros supervivientes permanecían sentados en el suelo, con la mirada perdida en los cuerpos sin vida frente a sus ojos, tal si fueran ellos mismos muertos vivientes. Un grito despertó a Bai Yunfei, y cuando se dio la vuelta, vio a una anciana de pelo blanco arrodillada ante un hombre de mediana edad, con las manos temblorosas, apretando una herida en su pecho de la cual no paraba de brotar sangre. Gritó desesperadamente: "¡Da Niu... no puedes dejarme atrás, hijo. ¿Cómo vivirá tu madre si te vas? Da Niu...". El viejo llamado "Da Niu", miró a la anciana con los ojos algo perdidos en la nada. Como si hubiera empleado toda su fuerza, levantó una mano con gran dificultad y tomó las que presionaban contra su pecho. Quiso decir algo, pero una bocanada de sangre escapando de su boca se lo impidió. Li Chengfeng fue el primero en recobrar la compostura. Dio un empujón a Bai Yunfei y dijo: "¡Salvemos a la gente primero!". Sólo entonces Bai Yunfei entró en razón, y con un giro de su mano derecha, sacó de su anillo espacial todos los objetos de curación que llevaba. Le entregó algunos a Li Chengfeng, y luego corrió hacia la anciana. "Abuela, lo haces mal. Deja que yo trate su herida; aún tiene esperanza de vivir". Apartando a la anciana con suavidad, Bai Yunfei se puso en cuclillas frente al hombre y comenzó a atenderlo. Aunque aturdida, la anciana reaccionó rápidamente. Miró a Bai Yunfei, agradecida, pero temblando. No pudo pronunciar una palabra, sino esperar ansiosamente con un rostro esperanzado. Bai Yunfei no era muy bueno en la sanación, pero trató la herida con cuidado. Una vez terminó de vendarlo, tenía la frente sudorosa. El hombre parecía haber recobrado finalmente el aliento, y lo miraba con ojos débiles, pero muy agradecido. Dejando que la anciana siguiese cuidando de su hijo, Bai Yunfei se levantó y caminó hacia el siguiente hombre herido... Después de ayudar a algunas personas, su frente se perló aún más de sudor, y su expresión se volvió más oscura. La ira iba creciendo en su corazón... "Madre... Madre... ¿Qué tienes? La casa se está quemando. ¿Salimos, madre? ¿Por qué no estás vestida? Fang'er tiene mucho dolor de cabeza... ¿Madre? Dime algo...". El llanto infantil provenía de una casa en llamas a un lado. Bai Yunfei se sorprendió al ver que había gente con vida dentro. El hogar estaba a punto de derrumbarse. No había tiempo para pensar en consecuencias, por lo que se apresuró a entrar. Una niña de cuatro o cinco años de edad, con el cabello atado en dos trenzas, se hallaba arrodilla en el suelo. Su pequeña cara debía reflejar dulzura e inocencia, pero en ese momento, se veía demacrada y sucia. Su mejilla izquierda resalía por lo hinchada que estaba, y en la comisura de los labios le colgaba un rastro de sangre. Fue evidente que alguien la había golpeado hasta dejarla inconsciente. Y recientemente despertaba, completamente confundida. Frente a la niña, se hallaba una mujer desnuda, tendida de lado, sin moverse. Todo su cuerpo se reconocía cubierto de marcas y contusiones, manchado de sangre, como si un sable hubiese trazado una carrera a lo largo y ancho de su piel blanca. Dentro de su boca, tenía una pieza de tela, la cual parecía ser su propia ropa interior. Por lo aparente, se trataba de una mordaza para que no pudiera hacer ruido mientras era abusada, y posteriormente, asesinada... La niña empujaba constantemente el cuerpo de su madre, entre sollozos infantiles, perplejidad, confusión y dolor. Al ver esa escena, Bai Yunfei entró en un trance inmediato. No podía creer que lo que estaba viendo era real. Un pedazo de madera ardiendo se desprendió del techo y cayó junto a la niña. Solo así Bai Yunfei finalmente despertó con un sobresalto. Corrió hacia adelante como una flecha, y pateó el fragmento de una columna que amenazaba con aplastar en ese instante a la pequeña. Luego se quitó el abrigo y envolvió el cuerpo estático de la mujer, levantó a la niña con una mano, recogió el cadáver con la otra, y rápidamente abandonó el lugar. Afuera, le encargó a la pequeña a un pequeño grupo de aldeanos cercanos. Al observar cuidadosamente los alrededores, daba la impresión que ya no quedaba gente atrapada dentro de las casas en llamas, y los heridos del exterior fueron prácticamente atendidos. Un fuerte bullicio provino de repente desde el otro lado de la calle. Bai Yunfei se giró, pero lo que vio fue a Li Chengfeng siendo rodeado por cinco o seis aldeanos que le decían algo. "Chengfeng, ¿qué está pasando?". Bai Yunfei se acercó a Li Chengfeng y le preguntó. "No lo sé, sólo exhibí un poco de mi fuerza para salvar a un hombre que fue aplastado por una pesada columna, y luego me rodearon". Li Chengfeng también estaba un poco confundido y sacudió la cabeza. En ese momento, las personas en torno a ellos se arrodillaron. Un anciano herido de brazos y piernas clamó en voz alta: "¡Jóvenes guerreros, por favor, salven a mi hermana! ¡Fue secuestrada por esos bandidos, esos brutos inhumanos! Mi hermana, ella... definitivamente morirá torturada... ¡Por favor, sálvenla, se los ruego! Me inclino ante ustedes...". Y luego, hizo una reverencia frenética, golpeándose la frente contra el suelo, y provocándose un ligero sangramiento. Los demás también suplicaron, alegando que sus hijas o esposas habían sido secuestradas por los bandidos. Imploraban que las salvaran. Por un momento, cayeron todos de rodillas frente a ellos, rogando por ellas. Ambos jóvenes estaban sumamente sorprendidos. Bai Yunfei, quien no dijo mucho antes de ir a ayudar a los aldeanos, miró a Li Chengfeng, y asintieron el uno al otro con la cabeza. Al cabo, se volvió hacia el grupo de gente y dijo:, "¡Atiendan a sus heridos, nosotros haremos todo lo posible por traer a la gente secuestrada de regreso!". Los bandidos se habían marchado hace ya aproximadamente tres horas. Yunfei y Chengfeng comenzaron a correr en la dirección que les indicaron los aldeanos. Se movieron por la carretera a extrema velocidad, con el silbido del viento incesantemente en sus rostros. Pese a su expresión sombría, Bai Yunfei no sabía qué pensar, pero Li Chengfeng ya empuñaba sus dos dagas, con los ojos brillando de ira y odio. Después de una hora completa de correr sin descanso, atisbaron una agrupación de sombras apareciendo en un prado cercano. Bajo la brillante luz de la luna, se entreveían claramente un total de treinta o tal vez cuarenta bandidos viciosos, separados en varios subgrupos, reunidos alrededor de un fuego. Al parecer, asaban algo para cenar… Mientras tanto, cerca de cinco hombres llevaban a cabo una acción en conjunto. Echando una mirada de curiosidad, Bai Yunfei no fue capaz de reprimir la furia creciente en su corazón. Los bandidos reían vulgarmente mientras mancillaban a varias mujeres con ropas andrajosas. Sacudiendo su mano derecha, la Lanza Punta de Fuego apareció en la mano de Bai Yunfei. "Chengfeng, presta atención a los alrededores, no dejes que ninguno de ellos se escape… ¡Los mataremos a todos!".
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