Tierra de Mercenarios

V1C9 El Primer Encuentro
La Montaña Colmillo Dragón se encuentra en la parte más septentrional del Continente Helado. Es el límite natural entre los reinos de Amy y Amy del norte. Tiene una altitud media de más de 3000 metros y el pico principal – y el más alto – es llamado como “La Terraza del Dragón Verde”. El origen del nombre de la montaña ha sido difícil de verificar, sin embargo, existen dos fuertes rumores que podrían explicar su significado. 1-Para calmar las guerras entre los dioses, el Creador montó en una carroza de guerra tirada por seis imponentes dragones, y usando la fuerza sometió al resto. Luego, le arrancó un diente a un gigante dragón verde de hielo, con el que congeló a los dioses. Finalmente, aquel colmillo utilizado se convirtió en la montaña, atrapando a los dioses en ella. 2-La montaña tiene la forma del diente de un dragón, lo que podría derivar en dicho nombre. Shan Hai Jing, Extraña charla y extraña teoría. *** El comienzo del verano en el Continente Helado es bastante diferente. La noche se acorta y el cielo se llena de hermosas auroras boreales, la luna solo muestra su parte superior. El día, a su vez, se vuelve más largo, el sol blanco irradia calidez, lo que permite que el hielo y la nieve acumulados durante el invierno comiencen a derretirse lentamente, por lo que se pueden ver goteando desde las rocas, montañas y árboles a lo largo de toda la carretera continental de la Montaña Colmillo Dragón. A ambos lados del camino de dicha carretera existen pequeños arroyos formados por la fusión del hielo y la nieve. En el lado soleado de la orilla sur del arroyo florecen margaritas de cinco colores, y coloridas mariposas revolotean alrededor de estas, esparciendo el polen para las flores. Cerca de aquel camino, un joven se acercó. Iba vestido con ropas blancas como la nieve, zapatos de cuero, un chaleco de lino grueso y, en su espalda, llevaba cargando una enorme espada blanca. Había sido la primera vez que Amy salía al exterior, y sin embargo, le habían dejado solo en la carretera. Lei Ge descubrió que su aprendiz era extrañamente ágil, incluso más que los ladrones de alto rango. En el primer día del viaje, el mago lanzó un hechizo “Diente Terra” de primer nivel a Amy, creando todo tipo de obstáculos y protuberancias en la tierra del camino. Aunque todo ello era con la finalidad de probar al chico, este no tuvo problema alguno, incluso para ser su primera vez en la carretera continental, Amy caminaba con alegría, emocionado, e incluso volteándose para conversar con él y con Chi Hanfeng. Nunca prestó atención a sus pies, quienes se movían y esquivaban todo como si tuvieran sus propios ojos. Como mago neutral, uno esperaría a que estos - al nacer su magia de entre los druidas que viven en el bosque – poseyeran una buena forma física, agilidad y un fuerte poder mental. Aquellas eran, según Lei Ge, exactamente las fortalezas de Amy. Todo eso ponía de muy buen humor al mago, quien al fin había conseguido un buen aprendiz para la Torre Mendhielo. Fue por ello por lo que, para entrenar mejor al pequeño Amy, Lei Ge sugirió que el chico caminara solo por un tiempo, mientras que junto a Chi Hanfeng se irían a otro sitio. Si no sucedía nada malo, debían reunirse en un pueblo que se encontraba a los pies de la Montaña Colmillo Dragón. La carretera continental es bastante segura. Los viajeros y el ejército se encargaron de alejar a los animales salvajes hacia los lugares aledaños a ambos costados del camino. Chi Hanfeng era consciente de ello, y estuvo de acuerdo con la propuesta del mago. -Piénsalo bien, Amy – le había comenzado a decir su tío -. El pobre maestro Lei Ge acaba de salir de la Torre Mendhielo, vamos, ¡Qué no ha visto a una mujer en noventa y cuatro años!... No quiero explicar a lo que me refiero… pero ¿Qué pasa si no está familiarizado con los precios actuales? Y, tras una mirada inquisidora por parte del anciano, invocó a Xiaobai. Aparentemente era cierto que los Eudemons son más rápidos que un mago, ya que tío y lobo lograron salir huyendo antes que Lei Ge les hiciera algo. Este último le entregó a Amy un manual para jóvenes magos y un par de monedas de plata – robadas directamente de los bolsillos de tío Chi – y Amy partió en su aventura solitaria. De siete días estimados del itinerario, Amy se encontraba en el sexto. Cuando miraba hacia atrás ya no podía ni ver las sombras de su tío y su maestro. En muy pocas ocasiones podía toparse con algunos otros viajeros que pasaban por allí, esto se debía principalmente a que las personas se han acostumbrado a un cierto estilo de viaje en el que intentan acelerar lo más posible durante en día, evitando hablar y esforzándose para poder llegar a sus destinos antes del anochecer. No obstante, una vez que entres en una posada, las personas cambian rotundamente, volviéndose bastante activas y comunicativas. -¡Lu’er, corre! De pronto, algo interrumpió los pensamientos de Amy. Desde el bosque situado a la derecha, la voz de un niño se oyó a la distancia, jadeando y respirando con dificultad. Algunos árboles de aquel bosque se balanceaban constantemente sin razón aparente. -¡Roaaar! Un extraño rugido proveniente de un monstruo provino también del bosque. Rápidamente, Amy saltó a través de la zanja de drenaje – de unos cuatro metros de ancho – hacia el otro lado de la carretera, desatando de su espalda la espada de dos manos que cargaba consigo. Dos enormes Osos de Nieve aparecieron frente a sus ojos. Uno de ellos estaba derribando a los árboles de tan solo un palmazo, mientras corría hacia adelante, aullando. El Oso de Nieve es conocido como el rey del Continente Helado. Mide dos personas de alto, y si caes debajo de sus enormes patas, ni la más fuerte de las bestias puede competir contra él. El objetivo de los dos osos que había encontrado Amy no era más que un niño de piel oscura, que parecía tener su misma edad, aunque aparentaba tener más fuerza. El chico huía de ambos osos, seguido por un cachorro de color verde a quien llamaba constantemente. Si no hubiera sido porque los arbustos impedían al oso avanzar con normalidad dado a su gran tamaño, probablemente hubieran atrapado al muchacho hace mucho tiempo. El chico dio una vuelta en círculo y, acto seguido, corrió en dirección hacia la carretera. -¡Ah! – exclamó sorprendido Amy, quien descubrió que el niño llevaba en sus brazos un pequeño oso de nieve. Ambas criaturas luchaban y emitían quejidos a todo pulmón. Desafiantes, no era raro que estas bestias se pelearan constantemente con otras criaturas. -¡Oye tú! – gritó el chico al ver a Amy - ¡Será mejor que no vengas aquí, es peligroso! Al principio, Amy dudó si debía ayudar o no al niño en problemas, pero al ver que se preocupó también por él, fortaleció su confianza y se decidió a ir en su rescate. Corrió velozmente hacia él, tomando al osito que cargaba y lanzándolo con fuerzas hacia la carretera. Luego, sin importar los reclamos, sostuvo al chico y comenzó a balancearlo para ser lanzado también hacia fuera. -¡Suéltame, déjame ir! – pataleaba – ¡Puedo hacerlo solo! Pero Amy no atendió a sus protestas y, con una increíble fuerza, lo arrojó también a él hacia el camino. -¡Guarf, Guarf! – Al ver que su dueño estaba siendo intimidado, el cachorro verde se le acercó amenazante. Abrió la boca y le mordió la pierna a Amy, quien gritó mientras azotaba al perro quien, sorprendentemente se levantó y comenzó a caminar en dos patas. Amy aprovechó esto para también levantarlo y, pese a sus protestas, lanzarlo hacia donde estaba su dueño. Los dos enormes Osos de nieve se liberaron de los arbustos de donde estaban atascados y se acercaron peligrosamente. El que iba corriendo adelante era, sin lugar a dudas el macho, quien se disponía a saltar el drenaje de cuatro metros que resultaba ser algo fácil de sortear para uno de su especie. No obstante, Amy sacó rápidamente su espada y dio unos cortes al aire justo delante del animal. Inteligentemente, el oso se percató de que si saltaba sería cortado en el momento, lo que le llenó de furia y le permitió balancearse hacia adelante. De pronto, el ambiente se volvió helado y la temperatura comenzó a disminuir drásticamente. El oso comenzó a exhalar un leve aliento congelante. -¿Magia? Que débil – sonrió Amy - ¿Qué acaso los Osos de Nieve nacen con magia nivel uno? La espada blanca de Amy comenzó a emanar un aura blanquecina, siendo decorada con hielo a una gran velocidad, hasta que finalmente se congeló por completo, emanando mucho más frío que el poco amenazante aliento del animal. -¡Hoja de Hielo! Tras el grito, la espada del chico se volvió mucho más grande. El hielo que se había acumulado encima se estilizó y comenzó a formar parte de la misma arma. Lanzó una estocada de advertencia hacia el animal, quien se encontraba cerca del agua, entre la espada y la pared. Aunque el hechizo de la Hoja de Hielo era magia de primer nivel, el efecto bendecido de los Elfos le había entregado poderes muy superiores a los de una magia normal, volviéndolo también muy rápido a la hora de llenarse de hielo al ser invocado. Claramente el Oso de Nieve nunca se había encontrado en una situación así. Amy le había proporcionado un fuerte golpe que tiñó su blanco pelaje de rojo. Si saltaba aquellos cuatro metros del drenaje, probablemente recibiría un golpe que lo dañaría aún más, e incluso al estar tan cerca del agua le resultaba imposible hacer una táctica evasora. -¡Roar, Roar! – aulló el animal, quien nunca había sido herido de esa forma, soportando un gran dolor. El supuesto rey de las nieves gritó como loco. Sus ojos brillaban de lo rojos que estaban, mezclados con la sangre, viéndose realmente terrible. No obstante, tampoco había que subestimar a los osos, y es que aquel ejemplar era una clara muestra de ello, demostrando que a pesar de estar herido no se daría por vencido y seguiría atacando con furia. El oso macho se inclinó y, ignorando completamente a Amy, cruzó el desagüe, mientras que el oso hembra apareció junto a la zanja, rugiendo y saltando. En el Continente Helado, incluso los cazadores Hami más valientes nunca tomarían la iniciativa de provocar a un Oso de Nieve. Incluso un escuadrón de soldados Hami preferirían evitar a toda costa en encontrarse con uno de ellos y ser atacados, ya que con tan solo el ataque de uno de los osos bastaría con destruirlos. La madre de los osos olfateó a sus cachorros y al chico que Amy había rescatado, quienes yacían inmóviles en la tierra. Amy se preguntaba por qué no se había movido el niño, incluso llegando a pensar que tal vez se habría roto una pierna o desmayado. La enorme lengua de la osa comenzó a lamer la cara del niño moreno, quien no reaccionaba, como si estuviese muerto. Estaba tan inmóvil que el mismo cachorro verdoso apoyaba su cabeza en las piernas del niño, como si rindiera sus penas. Al percatarse de que todos en aquel lugar estaban muertos, la madre osa volteó su cabeza hacia la única criatura viva en quien podía enfocar su ira: Amy, a quien se le abalanzó encima. Lo que menos quería Amy se volvió realidad: ambos osos estaban dispuestos a atacarlo sin escrúpulos. -¡Roar! El oso macho se apresuró y, utilizando las poderosas plantas de sus enormes patas, atacó directamente a la cabeza de Amy, tan veloz como el viento. La hembra, por su parte, corrió desde la otra dirección, abriendo su hocico lleno de sangre, mostrando cuatro afilados colmillos cuyos colores variaban de entre el blanco y el amarillo. Pero la habilidad de Amy fue superior. El chico inclinó la cabeza rápidamente, evitando así el fuerte manotazo del oso, y justo en ese instante esquivó la mordedura de la hembra, moviéndose hacia un costado, inclinándose aún más y escapando de las piernas de la osa, quien le lanzó un ataque con sus garras que le quitó el sombrero que llevaba puesto. Aquello estremeció a Amy, puesto que al mismo tiempo que se daba cuenta de lo que sucedía, el oso se volteó en círculos y abrió sus fauces, dispuesto a morder al chico… Los dos osos cooperaban muy bien, poseían un gran trabajo en equipo, posiblemente debido a muchos años de vida en pareja juntos habían aprendido a coordinar sus ataques de manera impecable. A duras penas Amy pudo zafarse de la patada que le daba la osa y de la mordida que intentó el oso. No había posibilidad de utilizar el mandoble, ya que el balanceo no sería el óptimo, y no era conveniente atacar a un objetivo por debajo, de lo contrario, Amy hubiese sido abofeteado varias veces. Luego de un tercer ataque las cosas no fueron tan bien para Amy. Las patas del oso lograron pisar la espada de Amy, quien quedó desarmado, pero, en un destello de inspiración, logró escapar del oso hembra, cruzando a toda prisa el drenaje. Sin dudarlo, ambos osos le siguieron y saltaron también. Amy no se volteó, a espaldas de los osos, tocó el suelo con los pies, se encorvó, pateó el costado de la zanja con fuerza y dio un increíble salto mortal hacia atrás, pasando por las cabezas de los osos y cayendo justo en donde se encontraba su espada en el suelo. Amy agarró con firmeza a su Hoja de Hielo, y aprovechando el momento en el que el oso recién se volteaba, efectuó el hechizo de nivel dos de su arma: Tormenta de Hielo. Para los magos, la Tormenta de Hielo es un hechizo muy útil. No tanto por su poder, puesto que es un tanto débil, sino que por su utilidad, y es que puede envolver los pies del enemigo con una fría capa de hielo que se va formando continuamente, haciendo que el oponente no se pueda mover durante un breve periodo de tiempo. Después de haber sido herido, el oso ya no era tan veloz, y fue atrapado rápidamente por la Tormenta de Hielo, que estaba atrapando constantemente sus patas mientras que la bestia solo podía rugir intentando salirse de la trampa sin éxito alguno. Pero la hembra no se vio afectada demasiado, así que logró zafar y de un salto se dirigió con el hocico abierto y empapado en sangre hacia Amy. No había mucho tiempo. El chico sabía que los Osos de Nieve son resistentes a la magia de hielo, por lo que era cuestión de tiempo para que el hechizo dejase de afectarle. Sin perder ni un segundo, Amy pasó de la defensiva a la ofensiva. La enorme espada blanquecina reflejó los rayos del sol y, en un casi imperceptible movimiento, cortó en dirección a la cabeza de la osa, dejando rastros de hielo tras de sí. Sorprendentemente, la osa lo esquivó, no obstante, la espada perdió peso, volviéndose ligera en el aire, lo que permitió que Amy, tras un zumbido, pudiese cortarle directamente el hombro de la bestia, quien esta vez no pudo esquivarlo. Desde el hombro izquierdo hasta la pata delantera izquierda, el pelaje y la carne se volvieron para revelar el lastre blanco. No hubo sangrado alguno, la fría hoja no solo congeló los capilares de la herida, sino que además logró congelar las extremidades anteriores del oso a través de los capilares. Furiosa, la hembra agitó su pata derecha con tanta fuerza que barrió con la Hoja de Hielo, haciendo que Amy perdiera su arma nuevamente mientras esquivaba el ataque. La palma derecha de la osa se levantó nuevamente, y Amy bajó la cabeza y rodó, esquivándola. Quedó atrás del animal quien, utilizando todo su peso, se le tiró encima, aplastando al joven con su parte trasera, casi sentándose encima, aunque después de aquello la osa finalmente había muerto. -Ten cuidado con eso… - dijo de pronto una voz que parecía ser la del chico que había salvado. -¡ROAAAAAAAAAAAAAR! El oso macho rugió furioso al ver a la hembra caer al suelo. Esto hizo que su lucha se volverá más intensa, y para cuando Amy pudo alcanzar su Hoja de Hielo, el temible macho se había liberado del hechizo y saltó inmediatamente encima del muchacho. Sin dudarlo, Amy sostuvo el mango de la espada con ambas manos y en un parpadeo, la atravesó directamente en el pecho del oso. Esta vez fue inevitable, la punta de la espada estaba directamente sobre la columna vertebral del oso. El peso muerto del oso recayó sobre Amy, en cuyos hombros reposaban las extremidades delanteras del animal. Con las últimas fuerzas que le quedaban, Amy atravesó el vientre de la bestia desde el pecho hasta el final, haciendo que este cayera por el drenaje. Amy estaba a penas recuperando el aliento cuando, de la nada, el oso saltó de nuevo sorpresivamente hacia él, con unos ojos rojos y furiosos como la sangre que se clavaron fijamente en Amy. El animal se levantó en sus patas, haciéndose enorme. Tenía agujeros por todo el cuerpo, desgarrados en sangre y todo su pelaje que alguna vez había sido blanco estaba completamente rojo. El oso se le acercó, pero pronto Amy descubrió que su miedo había sido en vano.
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