Tierra de Mercenarios

V1C7 El Diario del Antiguo Dragón
-¿Qué es la verdadera felicidad? -El amor. -No. Yo tengo una perla de ágata tan alta como una montaña y duermo en ella todos los días muy feliz. -No, no, estás mal. La verdadera felicidad es comer pescados deliciosos todos los días. -Ah, joder… Escupí una larga llamarada mientras movía mi cola del nido. En aquella cueva pude ver a unos pequeños que no estaba seguro si eran ya mis nietos o mis bisnietos. Lamentablemente para ellos, un dragón de más de tres mil años de antigüedad tendría un mal temperamento cada vez más grande. Cada vez que me enfadaba con ellos me subía a una pila de oro y joyas tan altas como una montaña y los miraba hacia abajo. -¿La verdadera felicidad? Atrapé una trucha que no se cuál de todos había intentado atrapar y me la zampé de un bocado. -¿La verdadera felicidad? Comencé a recordar… hace mucho tiempo, era un pequeño dragón verde. Era tan pero tan pequeño que incluso ni siquiera sabía que era un dragón. Es más, pensaba que era un cachorro, ya que mi estúpido maestro, Daqingshan, siempre me lo decía. Cada vez que salíamos a cazar me hacía perseguir a la presa en caso de que esta no muriese, por lo tanto, yo corría y corría desesperadamente, hasta tropezar y nunca alcanzarlo. Eso me daba coraje, por lo que les aullaba a los animales y estos terminaban congelados, petrificados en esculturas de piedra. ¡No tenía ni idea que aquello era el aliento instintivo de nuestra familia de Dragones verdes! Todos los días después de cazar nos sentábamos al fuego a comer con Daqingshan. En esas noches compartíamos la cena y observábamos las estrellas mientras nos reconfortábamos con el apacible calor de la hoguera. En esos momentos comprendí cuál era la verdadera felicidad. Después de comer nos íbamos a dormir, y reposaba mi cabeza sobre la enorme panza de Daqingshan, quien siempre ponía sus brazos alrededor de mi cuello. -Oh, qué días más felices – exclamé –. Hasta que conocimos a ese maldito mago. Los pequeños me observaban curiosos. -Realmente extraño a mi compañero… Daqingshan, ¿Sabes que estoy pensando en ti? Luego me arrepentí de contar aquella historia… Los dragones no derramamos lágrimas. Extractos del diario del antiguo dragón verde sagrado. *** Nadie se esperaba que la Doble-Imagen del berserker fuera capaz de efectuar ataques de rayo desde todas las copias. Estas habían avanzado y atacaron a Amy desde todas las direcciones posibles, hiriendo sus brazos, piernas y cintura. El berserker rugió ante el chico, y su piel se tornó cada vez más rojiza, mientras el hacha que empuñaba se volvía del mismo color carmesí, producto de la sangre. Se abalanzó como un meteorito contra Amy mientras gruñía. -¡Ah! – gritaban voces femeninas por todo el lugar. -Te invoco en mi nombre: Bestia Espiritual Eudemon: ¡Lobo de Nieve! Tío Chi había invocado a Xiaobai y estaba listo para poder socorrer a su sobrino, no obstante, Amy le hizo una señal con la mano, apartándolo. -¡No me ayuden! – gritó el chico. El gigante había lanzado su feroz ataque directamente hacia el muchacho quien, con una destreza inimaginable, dio un salto hacia atrás tan alto que logró girar en el aire. El hacha había chocado con tanta fuerza en el suelo del bar que éste se había estremecido y retumbado, haciendo peligrosos ruidos. Desde el aire, las sombras de la espada de Amy derribaron a las copias del hombre, mientras que el chico se envolvía en su propia espada en forma de semi círculo, creando una especie de capa negra que le cubría por completo. Se lanzó en picado contra el berserker, quien no tuvo tiempo de crear nuevas copias. Sin embargo, con todas sus fuerzas pudo sacar el hacha que se había incrustado en el suelo y pudo detener el feroz ataque de Amy, cuyas múltiples espadas sombras desaparecían en el aire a causa del potente bloqueo. No obstante, con tan solo su única espada roma, Amy comenzó a dar fuertes espadazos en dirección al berserker, quien se los devolvía haciendo un sonido metálico cada vez que ambas armas chocaban. Clank, Clank, Clank, Clank… Se había convertido casi en una lucha simple de armas, pero poco a poco la intensidad de ambas iba en aumento, hasta que finalmente Amy comenzó a generar un frenesí de ataques que terminó volviéndose infinitamente superior al de su adversario. Clank, Clank, Clank… Pero el berserker no se rendía. Su sangre empezó a hervir nuevamente, y comenzó a devolverle los golpes a Amy con una velocidad incluso superior. Aunque debido a esto, el joven chico pudo aprovechar el momento ideal para desaparecer ante los ojos de todos, y aparecer justo debajo del abdomen del gigante. -Ahg… - exclamó el hombre, mientras la punta de la espada le desgarraba la piel. Todo el mundo quedó en silencio mientras observaban la escena. Si la punta hubiera tenido filo el hombre estaría muerto. Aprovechando el momento de incertidumbre, Amy cambió de dirección su espada y, con una increíble fuerza, golpeó de tal forma al berserker que este salió disparado horizontalmente hasta la puerta del bar, y cayendo del árbol hacia abajo. Tras una corta pausa en donde nadie pudo decir nada, se escuchó una especie de aullido. No era humano, era como si un monstruo se hubiese apoderado de una persona. El árbol comenzó a sacudirse poco a poco, estremeciéndose cada vez más hasta que finalmente se mostró: -¡Está loco! – gritaron las personas. -¡Se ha convertido en una bestia! El frenesí de ira y euforia se habían apoderado completamente del berserker, quien había escalado ferozmente el árbol con sus manos desnudas hasta aparecerse nuevamente por la entrada de sorpresa, dejando un tremendo agujero tras de sí. Ya no había ningún rastro humano en su ser. No pensaba, no era capaz de usar la razón. Solo tenía un objetivo: atacar y masacrar. -¡Tu... Vas… a… MORIR! – dijo el berserker mientras jadeaba y babeaba. Amy había recordado sobre el porqué a algunos bárbaros y forajidos de las montañas se les llamaba de tal forma. Y era que el estado berserker era un modo en el que las personas perdían completamente su humanidad para desatar toda la ira interna de una bestia. Era un poder completamente descomunal, incluso para los guerreros más experimentados. No solo destruían todo a su paso, sino que podían dejar a un pueblo entero convertido en ruinas, y a las personas en literalmente polvo. Las historias que había oído Amy no se comparaban con verlo en vivo. La piel de su enemigo se había tornado completamente roja, y no quedaba rastro alguno de la ropa que llevaba puesta en la parte superior del cuerpo. Sus ojos se volvieron blancos y se abalanzó con furia hacia el chico. -¡Suficiente! De pronto, un rayo helado y plateado cayó sobre el hombre, petrificándolo al instante. Nadie daba crédito a lo que estaban viendo. El invencible berserker, que parecía imparable, se había detenido con un solo golpe, cayendo hacia el suelo y dejando una estela de polvo tras su congelado cuerpo. Un anciano hombre salió del gremio de los Magos. Tenía en su pecho un símbolo que demostraba su rango de Archimago, y llevaba puesta una elegante túnica rojiza que le daba un aire de superioridad a su anciana, pero estirada cara. Este caminó hasta el centro del lugar, observando al berserker congelado ante sus pies. -¡Hay mercenarios en todos los bares del mundo! – exclamó el viejo –. Y no podemos detener sus peleas, que, por cierto, son un espectáculo digno de apreciar. Se dio unas vueltas para asegurarse que tanto Amy como el grupo que acompañaba al otro hombre escuchasen. -Sin embargo, cuando aquellas peleas privadas se convierten en peligrosas armas de guerra – continuó –. No puedo hacer más que intervenir. El viejo anciano observó a Amy, quien aún estaba cubierto por un débil velo negro gracias a su espada. A su lado, tío Chi y Xiaobai también observaban al hombre. -Una vez más, aplaudimos el espectáculo que nos entregan los mercenarios – añadió –. Doble-Imagen, Espadas Fantasmas y sin contar al increíble Lobo de Nieve. Un aplauso a todos, pero el show ya ha terminado. El mago había acabado de dar su ronda y se volteó en dirección a su gremio. Los compañeros mercenarios del berserker salieron pronto en su ayuda, tratando de moverlo del suelo. -Está petrificado – exclamó el mago a lo lejos –. En dos horas volverá a la normalidad, así que no dejen que se quiebre. Amy se tranquilizó y su espada volvió a la normalidad. Vio como el poderoso mago iba desapareciendo entre la multitud mientras ingresaba a la zona del gremio de los magos, al igual que las personas quienes iban reacomodando sus asientos. Los elfos volaban realizando hechizos de reparación a las zonas dañadas, especialmente en el inmenso agujero que estaba provocando que entrara el viento. Todos parecían respetar y admirar el gran poder del mago, incluyendo a los otros mercenarios y al mismísimo tío Chi. Hasta ese entonces, Amy siempre había dudado del verdadero poder de los magos, ya que en sus clases de entrenamiento había aprendido muy poco sobre ellos. No obstante, al ahora haber visto a un mago guerrero invencible, frente a sus ojos no había duda alguna sobre la increíble capacidad bélica de los magos. Tras unos instantes, todo el lugar había regresado a la normalidad, como si nunca hubiera estado todo a punto de derrumbarse. Amy y tío Chi se encontraban en una mesa, mientras este último agitaba peligrosamente una copa de vino. -¡Vamos, chico, no seas estúpido, bebe! – dijo mientras empujaba la copa hacia Amy – Prueba esto, es delicioso. Es un vino especial de la barra del Bar del Árbol, es refrescante, nutritivo y restaurador. -No, gracias, tío Chi – respondió Amy -. La gente de este lugar… -En realidad, no necesitas sorprenderte tanto – interrumpió el caballero -. Aunque hoy nos encontramos con oponentes que nunca nos toparíamos en tiempos normales. Le explicó al chico el cómo una muy poca cantidad de berserker de montaña lograban ingresar a los ejércitos, y a su vez cómo muy pocos de ellos lograban siquiera crear hasta tres copias utilizando la Doble-Imagen. Aunque, lo más increíble era el número de Archimagos, puesto que en el Imperio Amy tan solo hay cinco de ellos, contando al Archimago que entró en la Torre Mendhielo, por lo que de manera activa solo hay cuatro. -Amy ¿Escuchaste lo que dije? – inquirió el tío –. Si te conviertes en un Caballero Eudemon puedes usar a tu bestia espiritual para acabar fácilmente con un berserker, e incluso lidiar con el Archimago… claro, mientras ambos no unan fuerzas y te ataquen al mismo tiempo. De pronto, unas sucias y arrugadas manos se posaron en una silla aledaña a Chi Hanfeng. Estas pertenecían a un anciano, cuyas ropas azules parecían harapos rasgados por el tiempo. -Disculpa, ¿Importaría si me siento aquí? El aristócrata tío Chi observó al anciano. Estaba sucio, y su piel estaba casi negra a causa de la misma suciedad. Sus manos se encontraban tan secas que parecería que se partirían en cualquier momento. Fue toda una decepción para él estar junto a ese viejo decrepito luego de haber compartido asiento con la hermosa chica de antes. -Está bien, no me importa – señaló –. Me acostumbraré. -Si – dijo el mago mientras se sentaba –. Yo ya me acostumbré a ti y tus actitudes. Se trataba de un viejo mago, cuya apariencia era todo lo contrario al poderoso Archimago que había aparecido escenas antes. Su cara estaba llena de arrugas, las cuencas de los ojos estaban profundamente empotradas, los ojos solo mostraban una pequeña hendidura, su nariz era ganchuda y la boca plana. Sin contar que su cuerpo lucía desgastado, la ropa que llevaba puesta estaba tan arañada que parecía una malla para pescar. Por lo que había aprendido Amy, se trataba de un Mago Azul, no tan poderoso como el anterior. Este llevaba una larga varita mágica que apuntaba sin cuidado a tío Chi cada vez que el mago bebía vino. -Oiga, oiga, guarde eso, señor – decía el maestro -. ¿Por qué finge ser un gran mago? -¿A qué te refieres? – respondió el viejo –. Soy un profesional. -Mire aquí, en su símbolo – acotó el tío, señalando el desgastado pecho del anciano –. Usted pretende ser un Mago Azul, quienes llevan el símbolo del mar… ¡Pero esto parece una cascada! El anciano soltó una leve carcajada y suspiró. -Joven, te pediré a alguien – añadió –. Para que te calmes. -¿De qué habla? -Aunque claramente eres un noble imperial, la cortesía te dura bastante poco. -¿Qué conoce usted de nobleza? – dijo pretencioso tío Chi. -¿Conoces a Chi Ningyuan? -¿Qué? Chi Hanfeng se había parado automáticamente de la mesa, haciendo que un par de miradas se fijaran en él. -N… no lo sé – dijo al fin, negando con la cabeza. -Oh ¿Lagunas mentales? -Ya le dije que no lo sé – respondió tío Chi moviendo nuevamente la cabeza. -Déjame pensarlo otra vez… - dijo el mago –. Claramente eres de la familia Chi... Entonces… ¿Sabes dónde está Chi Hongyun? -No – respondió secamente el noble, esta vez con bastante sinceridad –. No… lo sé. -Al menos no me negarás que tu apellido es Chi – sonrió el viejo - ¿Cómo te llamas? -Chi… - tío Chi pronunció unas palabras incomprensibles – ahg, hace frío. -¿Chi Hace-frío? – se burló el viejo, mientras utilizaba su varita para alejar el aire helado de la ventana, dejando sin excusas a Chi Hanfeng -. ¿Quién puedes ser? Ning, Liu, Hong, Yuan, Da, Chang, Howl… -¡Ya le dije que no se nada! -¿No sabes tu nombre… ni tampoco conoces a tus antepasados? Junto a ellos, Amy observó divertido la conversación. Era muy gracioso ver como el tío Chi que siempre gastaba bromas y acosaba a las personas ahora era acorralado por un viejito harapiento. -Yo… ¿Los conozco? – dijo el hombre, tratando de reponer su dignidad -. ¡Claro que no los conozco! Murieron hace muchos años, eso no quiere decir que no sepa quienes fueron. Amy apenas pudo aguantar soltar unas risitas ante la actitud tan infantil que estaba teniendo su mentor. -No expliques – acotó el mago –. La explicación es encubrir la ignorancia. Para la sorpresa de Amy, el viejo mago sacudió con ternura la cabeza de Chi Hanfeng, quien apenas se había vuelto a sentar. -Tan travieso como tu abuelo – prosiguió el mago –. Chi Ningyuan también hablaba esas tonteras sobre sus antepasados. Con una señal, el anciano llamó a un camarero. Le pidió uno de los mejores vinos, además de un delicioso filete de pollo a la parrilla y una mujer de raza humana – específicamente del continente de Eminor – para el tío Chi, a quien además le dejó la cuenta. -¡Un segundo! – exclamó Chi Hanfeng - ¡Yo no tengo diner… De pronto, el anciano mago se volteó con una rapidez increíble y, con ayuda de su varita, apuntó a la cabeza del caballero hasta que esta cayó súbitamente hacia la mesa. Tal ruido despertó la mirada de más curiosos, quienes observaban cómo el cuerpo de Chi Hanfeng estaba totalmente paralizado. -No se pongan nerviosos – dijo el hombre -. Solo bebió mucho vino, estará bien. El anciano se acercó al cuerpo inmóvil de tío Chi, cuya expresión era la del más puro odio. -Ay, no, mírenme – se mofó –. Mi apellido es Chi y no tengo dinero. De pronto, y casi sin previo aviso, se volteó en dirección a Amy, a quien miraba con una tenebrosa sonrisa. -Hola, hermano ¿Cómo estás? Amy buscó rápidamente con la mirada a la varita del hombre en símbolo de defensa, pero sus brazos estaban bajo la mesa. Dinero. El chico instintivamente se palpó los bolsillos y, efectivamente, se los habían vaciado. El anciano mago había utilizado algún hechizo para robarles el dinero a ambos, y aunque Amy quería enfrentársele, lo cierto es que con la pelea del berserker había llegado a su límite. No le quedaba otra opción más que pedir ayuda. No obstante, cuando abrió la boca para llamar la atención, el mago velozmente puso la varita frente suyo, lanzando una especie de hechizo que le aturdió la cabeza. Amy empezó a sentir cómo todo su cuerpo se iba volviendo duro como una roca. Recordó el poderoso hechizo que había hecho anteriormente el Mago Rojo, y aunque los efectos del que estaba sufriendo no eran tan fuertes como los del berserker, seguía sintiéndose impotente ante la idea de que habían sido robados y hechizados. Ese viejo de ropas roñosas… ¿Quién era realmente? Era bastante bueno como para ser un ladrón normal. Aunque Amy sabía que ya estaba en las últimas tenía que intentarlo… tenía que preguntarle aquello, por lo que había iniciado todo su viaje. -Lake… Haber… - dijo el pequeño mientras sentía cómo los músculos de su garganta se iban endureciéndose poco a poco - ¿Conoces a… Lake…? Padre… padre… perdóname. Tras oír aquellas palabras, el mago se le quedó mirando fijamente, hasta que Amy cayó finalmente al suelo, completamente petrificado.
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