Ante los encantos del prostituto

Mi vida, ¿a dónde te has ido?
Se escuchaba el trinar de los pájaros y el tormentoso ruido de los carros pasando por la carretera. La noche había concluido, dando entrada a una fría mañana. En el departamento X, en el tercer piso, habitación 3, un hombre, cuya apariencia era atractiva, vivía allí. No obstante, parece ser que hace unos meses, otro muchacho también reside. Quienes tuvieron el privilegio de mirarlo, cuando llegaba por las noches o cuando dejaba el lugar por las mañanas lo llamaban el "Ángel que vino a la tierra". Aseguraban que su belleza era tal que se asemejaba a la perfección, por lo tanto no era un ángel. Era un Dios. Fácil reconocerlo: alguien con rasgos delicados, un brillante cabello negro puro, hermoso de naturaleza, ¿quién podría olvidarse de tal rostro? Aquella noche anteriormente relatada, para ser más precisos, por la madrugada, el "Joven enviado del cielo" abandonó la habitación, el departamento para no volverlo a ver más. Los vecinos que habían apreciado dicho ser, al darse cuenta de su inesperada ida, compartían rumores entre ellos: "Al parecer el joven ha salido por problemas con el dueño de la habitación, hace poco había escuchado gritos provenientes de allí...como si suplicara, algo así". "¿Un hombre como él cobrando? ¿Acaso no le basta tener una gran apariencia con un puesto de trabajo lo suficientemente bueno para cubrir sus gastos?" "Hay algo que no comprendo; si ese hombre tiene dinero de sobra, ¿por qué sigue en un lugar como este?" "¿Insinúas que este lugar es para gente baja?" Y así la curiosidad llevó a un malentendido, dejando a un lado lo que en primera instancia querían saber. Da igual, nadie podría entender lo que había pasado, uno porque no fueron testigos y dos porque tampoco se trataba de sus vidas. Solo Brais y Yannick saben, solo ellos dos. Y si algún creyente esta aquí, pues que sean tres. Lo difícil de comprender está en que ni siquiera Brais tenía idea de lo que sucedió. Esa mañana despertó, para abrir sus pesados ojos y mirar confundido. Acto seguido, se sentó en la cama y con su cabeza latiendo se preguntó: "¿Qué pasó anoche? Garraspeó su garganta que se encontraba seca, para luego llamar: - Yannick, ¿Yannick? Y de la puerta que estaba semiabierta, un gato entró. Brais lo miró sin darle importancia. Se dirigió al baño para ducharse y con sus manos tocaba su cabeza llena de espuma. Dolía inmensente, con esto pudo percatarse de algo: Había bebido demasiado. Entre el dolor y confusión volvió a hablar para sí mismo: "¿Acaso ayer no estuve con él? Al momento de murmurar aquellas palabras, en su mente una ráfaga de imágenes pasaron. La angosta espalda del chico, él enterrando su cabeza en ella; el pecho del joven, para luego bajar su mirada y encontrarse con moretones y heridas no sanadas debidamente. Sus pupilas se encogieron. El ruido de los carros, las aves trinar y el sonido del agua cayendo con fuerza mermaron. "Eso era...eso no lo hice yo, ¿cierto?". Y por primera vez pensó con claridad. Él no de la única persona con la que Yannick se acuesta. Él no es suyo. ¿Por lo tanto como podría protegerlo? Otra pregunta resaltó entre sus pensamientos: ¿Ayer le dije?, ¿por eso se fue sin despedirse? Y ahora su cabeza no era la única donde el dolor acechaba, su corazón se encontraba herido. Como un cobarde huyendo de lo peor, intentó salvar la situación. "Tal vez se fue deprisa porque algo importante tenía, sí, eso es". Esta vez estaba realmente molesto, asustado y confundido. Pasaron los días y no conseguía rastro de él. Horas y horas sentado en aquel bar, todas las noches, como si fuera parte de su rutina esperar por alguien que no volvía. Presente Pasada siete noches, en casa, llegó el turno de que la desesperación lo atormentara: "Ni siquiera contesta mis mensajes, ¿y si le ocurrió algo?". Para este tiempo hasta los vecinos notaron la ausencia del joven. Nuevamente una crisis carcomía a Brais: "Joder, ¿por qué no sales de mi cabeza?" Y alzó su voz despertando al pequeño Xion que dormía cómodamente en su camita: - ¡Todo esto es tu culpa! Me has vuelto frágil, nadie en toda mi entera existencia me había vuelto de esta forma tan deplorable. Respiró hondo, controlándose. Y de él una voz quebrada salió: "Solo déjame saber que estas bien, mi vida...".
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