La Boda de mi Ex

Capítulo Veintitrés
En los días siguientes en Japón Christian estuvo llevándome de un lado al otro casi por todo el país. Desde el monte Fuji donde hicimos una parada rápida para ver lo que era el bosque de Aokigahara sólo por u momento porque incluso era una sensación rara estar en un lugar así, también fuimos a Hiroshima de donde conservó la grulla que me dieron en el museo sobre la bomba que cayo ahí metida en una cajita de metal. Descubrí que Christian era una de aquellas personas que necesitabas en tus viajes a cualquier lado, sabía demasiado sobre casi cualquier caso como los lugares donde era mejor comer o las tiendas que tenían los mejores regalos pero al final, y por más que quise que el viaje se extendiera unos días más ya era tiempo de volver a casa. —¿Segura que tienes todo? —¿En serio no podemos quedarnos un poco más? —pregunto jalando mi maleta. Él, al ver mis puchero suelta una ligera risa y me toma con delicadeza por el cuello acercándome a él para darme un beso que nubló completamente toda parte razonable de mi mente por varios segundos. —Te prometo que volveremos pronto. —¿En verdad? —pregunto totalmente ilusionada por ello. Él asiente sonriendo sinceramente y toma mi mano libre, caminamos por el pasillo tratando de alargar los segundos lo más posible pero no duró mucho ya que pronto estábamos en la camioneta que nos llevaría de nuevo al aeropuerto y de ahí al avión que nos llevaría a devuelta a casa. Durante el vuelo prácticamente estuvimos viendo a películas para hacer más ameno el viaje, en algún punto estuvimos hablando en sobre los preparativos que tendría para mi cumpleaños pero el problema era que Christian no estaría en todo el día porque tenía que estar en la oficina y aún cuando prometió que intentaría estar conmigo era claramente que no iba a hacer así, no podía molestarme me absoluto dado que estaba consciente de que esta relación iba a ser así en su mayor parte de tiempo e internamente deseé que el siguiente viaje llegará lo más tinto posible para poder estar junto a Christian. Al llegar al aeropuerto de Los Ángeles ya sabía como era la rutina que al bajar del avión no me sorprendió las dos camionetas que ya esperaban por nosotros; una sería la que me llevaría a mi casa y la otra lo llevaría a algún lugar que probable sería la oficina. —Bien, ve a casa y descansa —murmura tomándome por la cintura y acercándome a él. —Lo haría pero no vas a estar conmigo —respondo con un puchero para después robarle un beso. Él se queda aún cerca de mí, noté su indecisión por no saber si irse o quedarse y aún cuando quería que él se viniera a mi casa para ver la televisión o comer o sólo estar juntos, sabía que no podía pedir más tiempo del que ya tenía. —Esta bien, Chris. Ve a donde tengas que ir —lo aliento con una sonrisa. —No tienes idea de cuanto quiero realmente ir contigo pero tengo que atender unas cosas. Asiento dándome ya por vencida, me despido de él para subir a la camioneta, saludo con al conductor con una sonrisa mientras espero a que suban mi maleta y la bolsa con todos los regalos que había traído para mi hermano, Allie, Mike e incluso traía para Cassie, cuando todo estuvo listo la camioneta arranca saliendo del aeropuerto tomando camino a mi casa. Miro por la ventana por un rato hasta que decido no quedarme en casa sola por lo que le digo al chofer que me lleve a la casa de Allie para darle ya sus regalos. El chofer cambia de ruta mientras que yo le texteaba a la rubia que estaría en su cada en unos minutos. Así que cuando nos detuvimos frente a su casa, bajo de la camioneta mientras que el chofer bajaba mis cosas. —¡Eryn! Volteo justo al momento en que Allie salta sobre mi abrazándome y chillando alegre por mi llegada. —Hola, Allie —saludo cuando al fin se separa de mí. Le agradezco al chofer y tomo la bolsa dado que Allie comienza a jalonear mi maleta hacia su casa mientras estaba casi a reventar por la felicidad de volverme a tener. En el camino a la habitación de Allison saludo a su madre, Johanna y al nuevo que era su nuevo esposo. Un hombre bastante agradable con unos lentes de pasta, ojos verdes bella nativos y una sonrisa contagiosa que se alegró por conocer según en sus palabras "a la maravillosa Eryn Pryest de la que tanto le han hablado Johan y Allison". Algo que me sorprendió porque técnicamente casi no había hablado con la madre de Allie sólo con una que otras excepciones. Cuando llegamos al cuarto deja la maleta junto a la puerta mientras casi me trata de arrancar la mano en un intento de quitarme la bolsa cosa que le negué hacer. —¿Qué tal estuviste sin mí? Me siento en la silla colgante que recién le habían instalado y comienzo a mecerme con un pie considerando también tener una en mi cuarto. —Es la semana más larga que he tenido —responde dejándose caer en la cama—. El trabajo es horrible y no tienes idea de las personas que van ahí —alza ligeramente la cabeza para verme unos segundos—. Un tipo estuvo yendo por varios días pidiéndome mi número. —¿Se lo diste? Era una pregunta que hice sólo para molestarla porque al instante comenzó a hacer comentarios sobre la apariencia del sujeto que descubrí que era una persona ya mayor que quería pasar un buen rato y que era por eso que se la pasaba llendo a la misma hora y a la misma mesa que tenía que atender ella fingiendo una sonrisa para disimular su desagrado. —... Al fina tuve que hacer que Guill fuera y que se sentara en esa mesa por los siguientes días y cuando supo que tenía novio dejó de molestarme. —¡Espera! —extiendo mis manos  hacia el frente deteniendo su plática—. ¿Tú y Guillian ya son novios? ¿Cuándo pasó esto? —Desde que pasó... Eso —señala haciendo referencia a mis dos semanas encerrada en casa—. Y pasábamos parte del tiempo juntos porque teníamos a una persona en común la cual cuidar. —Me alegra haber sido la base con la cual fundar su amor. Notó que me sentía incómoda por recordar aquello y que alguien sacara provecho por lo cual sólo respondió: —Lo siento, no es que te haya usado. Decido dejarlo pasar porque estaba feliz por que ella haya encontrado a alhuen, que realmente la este ayudando casi en cualquier cosa, es entonces cuando saco una bolsa de regalo y se la extiendo, ella se tomo el tiempo abriéndolo porque sabía que le gustaba darse expectativas que quería que se cumpliera y como sabía eso siempre hacia algo que lo superaba. Su primer regalo fue un kimono en tonos rojos, blancos y dorados que amó totalmente e incluso se probo maravillada por la tela y las rosas que tenía. Era un regalo que Christian le había elegido y no se equivocó en absoluto. —¿Tienes fotos de Japón? —pregunta después de abrir sus otros tres regalos. —Toma. Le extiendo el teléfono con la galería abierta mientras ella pasaba cada foto tomándose su tiempo en cada una mientras yo le comentaba más datos, como el clima, las personas, los templos y cosas así. —¿Cuándo tomaste esta foto? Voltea el teléfono y noto que se refería a la que le tome a Christian cuando fuimos al café de gatos. —No se la vayas a enseñar —advierto mirándola seriamente—. Ni siquiera se dio cuenta. —Se ve bien, nadie podría decir que es alguien tan millonario —señala viendo la foto por varios segundos. —De hecho el viaje en si, fue más como unas pequeñas vacaciones, Christian decidió alargar el viaje para que pudiera conocer Japón a gusto —sonrió melosamente—. Fue un viaje verdaderamente genial. Recordé mi camino entre las piedras del amor y por un momento volví a recordar aquel beso que me dio y que significó demasiado, era una promesa de un amor tan puro y noble como lo era Christian. En el trabajo estuve dando los regalos que había traído, a Cassie le traje un gato dorado de la buena suerte, una bolsa con la imagen de un cerezo y algunos dulces, en el piso 23 le di a Mike un peluche de un oso café que Christian sacó de una de las máquinas cuando anduvimos jugando, unos amuletos llamados Omamori que conseguí en uno de los tantos templos que visité y unas tazas de té de cerámica. —¿Cómo conseguiste todo esto? —pregunta Mike mirando una de las tazas—. Creí que estabas todo el tiempo en la junta. —Me escapé un par de veces —miento con una sonrisa—. Y tuve la ayuda de Google. El ríe ante mi respuesta a la vez que yo le pregunto por Anne, aunque sólo apareció una vez para asegurarse de que el pastel estuviera con el resultado del sexo del bebé que cargaba. El sonido de mi celular me distrae por un momento de la conversación, al ver qué era un número desconocido me alejo un poco de Mike y contesto la llamada primero frunciendo el ceño al escuchar de dónde me hablaban pero al final sólo logré atinarle a decir que iría y colgar. —Me tengo que ir —murmuro tomando mi bolsa. —¿Está todo bien? —pregunta Mike al verme. —Si —otra sonrisa falsa—. Sólo una pequeña urgencia. Salgo del piso dejándolo con la curiosidad de saber que estaba pasando aunque era situación demasiado urgente. Cuando salgo al estacionamiento prácticamente corrí hacia la camioneta ya con la ruta marcada en mi teléfono. La primera cosa extraña de todo esto es que me llamarán a mí cuando debería haber sido a Christian así que significaba que era algo tan serio que primero tenía que pasar por mí. Al llegar a la escuela tuve que preguntar a unos chicos donde quedaba la dirección así que cuando logré llegar a dónde debía lo primero que vi fue a Morgan sentada con la mano derecha vendada y unas cuantas lágrimas mojando su rostro. —¿Morgan? Cuando me escucha al instante brinca hacia mí para abrazarme. Su cuerpo tembló ligeramente cuando comenzó a llorar de nuevo. —No quería que llamarán a Christian —murmura pasados unos segundos cuando logra controlarse—. Por eso les di tú número. —Entiendo, no pasa nada. Y realmente lo entendí cuando la directora me explico la situación. Morgan había golpeado a uno de sus compañeros de clase según esto sin razón aparente y que ahora ella estaba suspendida por dos días. Primero pregunto ni relación con la familia Bourton a lo que tuve que explicar que era la asistente de Christian y que el no había podido venir porque estaba en una reunión demasiado importante. A la directora no le pareció gustarle eso sin embargo dejó que me llevará a Morgan. —Sabes, si quieres que te defienda ante tu hermano al menos necesito saber que pasó, con tus palabras —hablo cuando subimos a la camioneta. —Jordan dijo que mis padres biológicos no me querían y que sólo era como un objeto de que los Bornout hacían caridad conmigo —responde ella mirando por la ventana—. Que no pertenecería nunca a ellos. —¿Por eso lo golpeaste? Ella asiente con la cabeza mientras yo trato de pensar como lidiar con un tema así con Christian, pero la verdad era que no tenía idea alguna. No entendía que era lo que estaba mal pero Morgan era igual de Bornout que Christian aunque ella fuera adoptada, no creía que realmente lo hubiesen hecho para tener una imagen de familia caritativa ante el mundo porque si era así Christian no daría la vida entera por ella. —Vamos a ver a tu hermano, ¿está bien? Mientras paramos en un alto le mando un mensaje para ver si estaba ocupado o no y al recibir su respuesta lo cito en la playa de Santa Mónica, aunque me preguntó el porque no quise decirle, sólo le pedí que fuera y rogaba internamente para que entendiera lo que estaba pasando con Morgan en la escuela.
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