La Boda de mi Ex

Capítulo Veintidós
Fuimos a hacer una parada rápida al hotel para quitarnos la ropa formal y cambiarnos por ropa cómoda, algo me decía que Christian había alargado los días de la ajunta para que pudiéramos visitar como se debía Japón, al final él se convirtió en el guía turístico que podías pedir llevándome como acordamos al café de gatos donde paganos una hora. Al entrar nos quitamos los tenis y pasamos a donde estaban los felinos o durmiendo o jugando, me siento en el suelo tomando uno de los juguetes que traía un cascabel y lo empiezo a sacudir frente a un gatito negro con blanco. Christian se sienta a mi lado y al instante los gatos se empiezan a acercar a él mullando y ronroneando e incluso quitándome el gato negro. —¡Eso es trampa! —exclamo señalándolo con el juguete. Él sin dejar de sonreír ante mi reclamo toma un gato del montón y me lo pone en las piernas, era uno pequeño de color café con ojos verdes, aunque practicamente fue el único gato que se acercó a mí y gracias a Christian que siguió acaparando a los gatitos, su teléfono estuvo sonando por un rato hasta que lo apagó y me ofreció un gesto a modo de disculpa. Con discreción le tomo una foto queriendo conservar la imagen de Bornout rodeado por gatos, al acabar la hora seguimos caminando hasta que yo decidí entrar a una sala de videojuegos dirigiéndome hacia donde estaban las maquinas de peluches. —Creo que le gustara este a Allie —murmuro metiendo el dinero para tratar de tomar un peluche azul esponjoso. —No lo vas a lograr —me habla Christian detrás mío. —Deja de distraerme. Me muerdo el labio mientras calculo donde poner la garra y al final presiono el botón viendo como desciende y se cierne sobre el peluche, lo atrapa a la vez que yo rezo que no se caiga justo antes pero el peluche decidió que no quería venir conmigo porque se cayo justo antes de llegar, internamente comienzo a despotricar contra la máquina para después meter otra vez dinero decidida a tomar ese peluche, pero cuando volví a fallar Christian me quita con cierta delicadeza y vuelve a hacer todo el procedimiento logrando sacarlo. —¡Eso no es justo! —reclamo tomando el peluche y abrazándolo—. ¿Cómo es posible que mi novio si hay podido y yo no? Me congelo al oírme decir eso e incluso Christian se quedo helado pero al instante ríe por un momento y me pellizca un mejilla, era tan extraño recibir un gesto de él o de cualquiera dado que nunca dejaba que se acercaran tanto como para poder tocarme. —¿Quién es ese novio tuyo? —me cuestiona—. Porque tal vez necesite pelear con él por ti. —Eres tú, torpe. —Así es —sonríe con un poco de orgullo—. Pero nunca te lo pedí oficialmente. —Sigo esperando. El vuelve a reír pero ya no mencionó más el tema porque me mantuvo distraída por varias varias horas jugando entre las máquinas de peluche hasta terminar en unas especies de máquinas donde tenías que tocar la nota y que las personas japoneses hacían demasiado rápido que tu podrías verlo fácil, como aviso: nosotros entre los dos no lo logramos, y creo que quedamos en vergüenza ante ellos. —¿Sabes a dónde vamos a ir mañana? —me pregunta mientras estaba encima de una moto de plástico. —¿A dónde? —lo miro de reojo mientras esperaba que mi juego comenzara. —Kioto. —¿Por qué? Comienzo a manejar conforme al juego esperando una repuesta que nunca llego pero que hizo que la curiosidad creciera en mí queriendo saber exactamente a que íbamos a Kioto. Aunque al final no lo dijo, y regresamos al hotel completamente mojados porque nos llovió en el camino de regreso, me metí a bañar con agua sumamente cálida y me puse la pijama más abrigadora que tenía y mientras me secaba el cabello fue el turno de Christian para bañarse así que aproveché para conectar mi computadora y llamar a Allie. —¿Y este milagro? —saluda con un gesto molesto—. Creí que ya te habías olvidado de mí. —No lo haría, además ya tengo tú regalo de Japón —señaló la bolsa que estaba en una de las camas. —Más te vale que sea algo interesante, además, ¿por que tardaste tanto en llamarme? Dejo escapar un suspiro mientras le contaba sobre los dos días que llevaba en la ciudad, e incluso hablando sobre la situación de las dos camas y los japoneses de la junta. —Te dije que los japoneses eran un poco pervertidos, tan solo ve los montones de revistas y mangas que tienen con eso— mira detrás de mi hombro por un segundo—: Hola Christian. Volteo notando que traía ya su pijama puesto al igual que yo con la única excepción de que su cabello ya estaba completamente seco y olía a loción, saluda con un gesto a la rubia para después acostarse en la cama. —Supongo que vas a estar bastante ocupada —murmura subiendo y bajando sus cejas—. Yo tampoco podría contenerme con alguien así. —Hablamos luego, Allie Apago la computadora sonrojada por sus palabras y por el significado que conllevaba ese gesto, pero ella siempre había sido así al menos hasta ahora que aseguraba que ya estaba saliendo con Guillian. Termino de secarme el cabello y jalo una de las almohadas de la cama restante para acostarme a un lado de Christian, quien me recibió con los brazos abiertos para poderme abrazar acercándome a su persona, tanto que podía oír el latir de su corazón, un ritmo tan tranquilo que hizo que me arrullara hasta quedar dormida. El viaje a Kioto lo hicimos en el Mercedes negro, con música sonando a un volumen decente, gran parte de la mañana y el recorrido estuve hostigando a Christian para que me dijera porque íbamos a Kioto pero el no soltó ninguna palabra en cambio trataba de mantenerme distraída casi con cualquier cosa, como dulces que mandó a traer a nuestra habitación o que siguiera la ruta desde la pantalla del auto, algo que por cierto ya me mantenía bastante ansiosa, aparte de que el día era ligeramente sofocante y estaba la amenaza latente de lluvias fuertes por la tarde. Cuando por fin estacionó el coche, me di cuenta de que no había nada llamativo a mi alrededor o que dijera que era lo que íbamos a ver ahí, sin embargo no me di por vencida mientras lo cuestionaba siguiendolo hasta quedar frente a una escalera bastante larga y un letrero que decia: Monkey Park Iwatayama. —¿Vamos a ver monos? -—lo miro ligeramente aterrada no por los monos sino por tener que subir unas escaleras que parecían no tener fin. —Es sólo una de nuestras paradas. Tomados de las manos comenzamos a subir las escaleras a las cuales apode "escaleras del infierno" por el sinfín de escalones que aparecían cada vez que subía, aunque al final valió la pena, estuvimos bastante ratos rodeados por demasiados monos que no tenían ninguna reja en ciertas zonas lo que hacían que estuvieran bastante cerca de las personas aunque se nos advirtió de no hacer movimientos extraños o mirarlos fijamente a los ojos porque eso era una señal de que los estábamos retando o algo así había entendido También estuvimos por el borde del río que había ahí disfrutando de las vistas que ofrecía y cuando Christian dijo que debíamos irnos lo seguir de vuelta al auto tomando ahora una nueva dirección, recorrimos varios templos hasta termina frente a uno llamado Jishu Jinja dónde había muchas personas, algunas con yukatas que era como la vestimenta tradicional. Al llegar a la explanada noto que el santuario en sí estaba destinado al amor o algo así entendía de lo que alcanzaba a leer hasta que llego un punto en que Christian y yo nos separamos, doy unos pasos curiosa por lo que pasaba frente a mí Miro atenta a un grupo de personas que tocaban una piedra que estaba en el suelo y caminaban con los ojos cerrados hacía otra, era algo curioso, sin embargo Christian estaba algo ocupado leyendo algo sobre unas estatuas, como no sabía  terminé acercándome a una señora mayor a preguntarle. Se llamaban piedras del amor que según predicen el éxito que tendrás en el amor, según esto si eres capaz de caminar de una piedra a la otra con los ojos cerrados significa que encontrarás el amor en poco tiempo y si no llegabas tardarás bastante en encontrarlo. También me contó que si pedía ayuda para llegar significaba que necesitaría un intermediario en mi vida amorosa. Miro la distancia entre una roca a otra pensando si podía hacerlo, tal vez solo era eso, una leyenda según me dijo la señora. No perdía nada así que sólo me encojo de hombros y me acercó a la piedra. —¿Qué haces? —Voy a ver si puedo llegar a la otra piedra —señalo mi objetivo meta—. No vayas a ayudarme a llegar o arruinarás mi suerte. Christian se sorprende por mis palabras pero solamente dio un paso hacía atrás y me hizo una seña de que continuara, comienzo el camino con varios pasos indecisos tratando de ir en la dirección correcta y con las manos en alto por si chocaba con algo, aunque también tuve que murmurar varias disculpas en japonés. De algún modo mis pasos lograron que mis manos tocaran algo demasiado duro como para ser un humano, abro los ojos y sonrió emocionada al encontrarme con la segunda piedra, volteo sonriente en busca de Christian donde lo había dejado pero sin encontrarlo. Empiezo a buscarlo por todas parte entre las personas cuando alguien toca mi hombro, doy media vuelta sintiendo alivio al verlo pero por un momento eso cambio por sorpresa al sentir sus labios sobre los míos, me permití derretirme sólo unos momentos en sus brazos gozando del beso que quizá había traído mí paso hacia la piedra del amor, al separarnos varías personas nos miraban emocionados mientras algunos otros aplaudían, me quedo cerca de Christian escondiendo un poco el rostro apenada. —¿En serio creíste que una piedra haría que te diera mi amor? —¿Funcionó? —pregunto alzando la mirada para ver sus ojos grises. —Eres una torpe —setencia haciendo que me sienta ligeramente mal—. Has tenido mi amor casi desde que chocaste conmigo aquel día.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
La Boda de mi Ex

Populares

Populares

close 0/500