La Boda de mi Ex

Capítulo Veintiuno
Después de abordar el avión privado de Christian en el aeropuerto internacional de Los Ángeles, un vuelo de casi 11 horas en las que la mayor parte estuvimos sólo hablando de cualquier cosa o estuve arreglando la agenda del viaje para aterrizar en el aeropuerto internacional de Narita en Japón. No si Christian había rechazado la camioneta o algo porque terminamos recorriendo el aeropuerto, aunque el tuvo que tomarme de la mano porque mi ansiedad por un lugar tan grande estaba haciendo efecto, en la salida había un coche marca Mercedes color negro bastante impresionante. —Cierra la boca o se te caerá la baba —me habla Christian burlón cerca del oído. Le doy un empujón para subirme del lado del copiloto cuando Christian abrió la puerta, lo miro rodear el auto y subirse para encender el motor que vibró cuando lo encendió y nos metemos por las calles transitadas de Japón. —Lo único bueno de este trabajo son los viajes —señalo mirando por la ventanilla. —Lamento no haberte podido traer cuando florecen los cerezos —me responde Christian volteando por unos segundos a verme mientras nos deteníamos en el alto—. Es un paisaje hermoso. Me sonroje al instante por no saber si se refería a mí o a los cerezos porque su mirada se prendo en mí por más tiempo de lo normal y el rubor hizo que riera divertido por la situación presionando el acelerador para llegar al hotel Four Seasons, donde no me dejó acercarme a la recepción porque el hizo todo el trámite mientras yo me quedaba con mi maleta en mano junto a su guardaespaldas, cuando entramos a la que era mi habitación me di cuenta del porqué no me dejo hacerlo a mí. Había hecho que en vez de una cama metieran dos y quitó la reservación para la suite que había pedido para él, dejo mi maleta en la pequeña salita que esta ahí junto con mi abrigo y lo miro buscando una explicación. —¿Tienes idea de cuanto me tomó reservar dos habitaciones? —cuestiono al ver que no habló. —¿Y tú tienes idea de cuanto me tomó cambiarlo? —pregunta a modo de broma—. Creí que estaría bien dos camas. —Esta bien. Camino hacia el ventanal viendo el foro internacional de Tokio mientras me cruzaba de manos, cualquier persona podría enojarse con lo que hizo pero en cambio, eso me hizo sentir bastante bien porque aún después de todo hizo que metieran una segunda cama para que aún así pudiera estar cómoda. Tras ver que la junta sería mañana decidíamos que teníamos que pasar por el paso peatonal más grande así que cada uno nos dimos una ducha para quitarnos las horas del viaje y podernos cambiar la ropa, en la cahamarra que me prestó Allie guardé el teléfono, dinero y la tarjeta de la habitación. Christian decidió que lo mejor era novir en el lujoso Mercedes que tanto me gustó porque así podía ver todo a mi alrededor aunque era raro le tomados de la mano por las calles mientras que me contaba de sus experiencias pasadas en el país, se le veía tan relajado y alegre que nadie creería que es un multimillonario, esta faceta hacía que me gustara más. Cuando llegamos al tan famoso lugar note a varias personas acumuladas en ambos extremos, me aferro a su mano esperando no separarnos y cuando el semáforo marcó verde salimos corriendo entre risas y ofreciendo disculpas a todas las personas ante nuestra actitud infantil, al llegar al otro extremo seguimos recorriendo hasta que el hambre se apoderó de nosotros así que fuimos a uno de los tantos supermercados donde el eligió un par de cervezas y comida. —Creo que es una de las mejores cervezas que he probado —afirmo moviendo la lata dorada. —Hay lugares con mejores —responde él—. Te llevaré a conocerlos. —¿En serio? —ladeo un poco la cabeza sorprendida—. ¿Por qué? —Quiero que conozcas el mundo conmigo. Trago el liquido frío mirándolo atenta, su rostro mostraba decisión mientras comía un onigiri y lo masticaba lentamenta, era tan sorprende como cambiaba de actitudes en tannsolo un segundo, cuando anocheció decidíamos que al terminar la junta de mañana iríamos a un café que tenis gatos y de paso a uno de esos tantos karaokes que habían por aquí. Al llegar al hotel recordé que debía hablar con Allie pero probablemente era tarde allá así que lo haría en una hora más.. De día. Cenamos en una de las camas viendo una programa en la televisión. —¿Puedo preguntarte algo? —el asiente mientras deja el plato a un lado—. ¿Cómo terminaste con una compañía de bodas? —Esa es una historia graciosa —me señalan con el tenedor por unos segundos —: es la misma compañía donde se casaron mis padres hace 30 años y mi mamá quedo más que maravillada por como organizaron el día más importante de sus vidas así que cuando noto que la compañía estaba yéndose a la quiebra, obligó a mi padre a comprarla. Asiento satisfecha de resolver una de las tantas incógnitas que tenia sobre él desde que me asignó a la boda de Anne y Alex, al acabar la cena me cambie por una de las pijamas que Christian ya había conocido en mis semanas de recuperación, me cambio rápido en el baño metiendo la ropa sucia en una bolsa hasta que consiga donde lavarla y le cedo el baño a él, quien entro al baño cerrando detrás de él. Abro una de las camas y me acuesto abrazando una de las esponjosas almohadas que habían. —¿Puedo acostarme aquí? Abro los ojos notando a Christian de pie frente a la cama moviéndose ligeramente incómodo, asiento con la única condición de que se trajera una de las almohadas de la otra cama porque por ningún motivo iba a soltar las mías. —¿Por qué me pides permiso si ya has dormido en mi cama? —Primero, eso fue porque tu me pediste que me quedara en tu casa y segundo, porque no quería dormir en el sillón. Ambos nos acomodamos en la cama quedando casi al borde de esta, aunque sentía su cercanía parecía que el estaba evitando invadir mi pequeño espacio, al final fui yo quien invadió el suyo al pegarme a su costado con tal de centro su calor cerca, él, rendido pasó uno de dis brazos por mi cintura y por fin quedamos dormidos. La junta era con dos señores trajeados, sus abogados y un traductor haciendo que la mesa rectangular se viera bastante rara con su parte tan llena de gentes y nosotros con sólo Christian y yo. Parte de la junta era para hacer una revisión total de una epreza que desconocía que era exactamente así que cuando llego la hora de la firma del  documento, lo recibo de uno de los abogados y se lo dos a Christian para que el los firmara. —Esta chica esta mucho mejor que la anterior —escucho un susurro en japonés detrás mío. Levanto un poco la mirada viendo a los dos empresarios frunciendo el ceño pero al instante me distraigo cuando Christian me extiende el contrato, lo tomó devolviéndolo al abogado. Al terminar cerramos el trato que nos tomo unas dos horas y media con un trago de un líquido amargo que me quemó la garganta. Christian y yo salimos hacia el elevador de las oficinas entrando junto con las demás personas. —¿Crees que se quiere venir con nosotros una noche? Volteo hacia los señores y claramente molesta replico en un japonés casi perfecto: —¿Cuánto perderán ustedes si él se entera de lo que están diciendo de su asistente? Ellos se ponen rígidos ante mi respuesta, al abrirse las puertas salgo bastante enojada y subo a la camioneta que nos había traído aquí, tuve que esperar unos segundos a que Christian viniera dado que se había quedado con ellos y cuando al fin sube noto una sonrisa juguetona en su rostro que me hizo enojar aún más. —¿Qué es tan divertido? —¿Desde cuando hablas japonés? —Mi madre creyó que ayudaría para controlar mi hiperactividad —explico mirando por la ventana. —No tendrás que lidiar con ellos, lo tengo controlado. Volteo rápido notando su sonrisa aún más amplia al ver mi confusión y tras unos segundos responde: —Mi socio acaba de despedirlos. —¿Qué? Pero como tú... —me detengo al caer en la cuenta—. ¿Hablas japonés? —Eryn, hablo 4 idiomas aparte del inglés —señala con una ligera obviedad—. Tengo que hacer negocios por todo el mundo y los traductores son unos completos inútiles pero deja de preocuparte de eso, podemos disfrute ahora de las bellezas que Japón nos va a ofrecer.
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