Eremofobia

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En la oficina del emperador un cansado y ansioso emperador yacía resolviendo rápidamente todos los papeles que tenía que hacer por el día, sin ser consciente del escape de la chica, por la cual se encontraba tan ansioso. No sabía exactamente qué era lo que la chica tenía de especial, pero sabía que era algo extraño, pues a sus veintitrés años ninguna mujer le había provocado lo que aquella chica había logrado hacer solo con una mirada y algunas palabras, tanto que ni siquiera pudo controlarse y terminó besándola. —Señor, es todo por hoy, la emperatriz viuda pregunta por usted —preguntó aquel joven mensajero, que lo miraba curioso, por la expresión del emperador, pues estaba sonriente cuando mencionó a su madre. —¿Qué dijo mi madre? —Se enteró de que aceptó a una chica, pregunta por usted y ella —dijo el chico con un poco de miedo, pues no sabía cómo reaccionaría el emperador siempre frío y serio, se sorprendió al ver que con una sonrisa tonta y una mirada desviada hacia una de sus manos respondió. —Dile que mañana iré a verla y le contaré los detalles —el chico salió y fue directo a la emperatriz viuda para notificarle de las palabras de su señor. El gran emperador dejó lo que tenía en la mesa y con una sonrisa salió para ir a ver a esa chica, no sabía su nombre o procedencia, pero estaba seguro de que la convertiría en su esposa, su amante y reina, costara lo que costara. Acercándose al lugar tuvo un extraño presentimiento y se apresuró en llegar, las criadas estaban en la puerta resguardando el lugar, cuando vieron a su amo se quitaron del camino dejándolo pasar, él abrió la puerta con algunos nervios—. No lo entiendo —pensó el emperador—. ¿Por qué me siento tan ansioso? Entró a la habitación, cerrando la puerta detrás de él, aun sin percatarse que la chica había abandonado la habitación desde hace ya un tiempo. Cuando se acercó a la cama y movió la sabana, se dio cuenta que no estaba ahí, después pasó a ver al baño y después al closet, era poco probable que estuviera ahí, pero no perdió la esperanza de que fuera una broma de la chica, entonces abrió la puerta y se dirigió a las chicas. —¿Hay algo que tenga que decirme? —preguntó el emperador con un tono severo. —No, su majestad, aseamos a la chica, le ayudamos a vestirse, después pidió que la dejáramos dormir y salimos de la habitación, después de eso nadie salió y nadie entró. —¿Están seguras? —asintieron las chicas, entonces el emperador abrió la puerta con un empujón y señaló la habitación vacía—. Entonces pueden decirme dónde está la chica —las chicas palidecieron, viendo la ventana abierta. —Debió de haber salido por la ventana —completó una. —¿Y que están esperando para ir a llamar a la guardia y buscar a mi esposa? —dijo con una voz severa, una de las chicas salió corriendo y buscó al primer guardia para que se empezará la búsqueda, después de todo la chica todavía no debía de estar tan lejos. Ya considerablemente lejos del palacio, se encontraba cansada y sucia Lizzy, vagando por el bosque, con mucha suerte pues no se había encontrado con ningún peligro, hasta que un guerrero herido se topó en su camino, el guerrero blandió su espada contra ella, ella levantó rápidamente las manos. —No quiero hacerte daño —dijo la delgada chica, mientras se acercaba con cautela. —Ni siquiera puede hacerlo —respondió el chico. —Tienes razón, no puedo, pero lo que sí puedo hacer es ayudarte —baje los brazos y traté de ganarme la confianza del chico—. Puedes llamarme Lizzy. —Clair —se limitó a decir, antes de caer al suelo, me acerqué, noté que tenía una herida, bastante grave, no lo mataría, si se trataba. —Tienes algún tipo de botiquín —por suerte y si traía, me las arregle para curarlo. Teniendo un hermano y padre médicos, ¿cómo no sabría tratar una herida? Mi estúpido hermano para aprender mejor me explicaba continuamente lo que aprendía y yo resolvía y complementa mis dudas con la experiencia de mi padre, prácticamente era un médico por conocimiento, sin experiencia, pero cuando lo practicas te das cuenta de que no es tan diferente a lo que te explicaron, solo tienes que adaptar las palabras a la acción. Además, por mi pánico siempre me estuve preparando para alguna situación así. Después de algún tiempo Clair se despertó, me miró y se puso rígida. Le sonreí amigable, y luego volteé para seguir comiendo lo que había encontrado por ahí, las plantas de aquí no eran tan distintas, así que no tuve problemas en encontrar algo, solo me faltaba encontrar un poblado o ciudad cerca y tratar de comunicarme con mis padres para que me rescaten. —¿Quieres? —ofrecí de mi comida. —No, gracias —negó mirando con asco la fruta extraña que tenía en mis manos, ni yo sabía con exactitud lo que era, pero no me había hecho daño y eso que ya había comido como 5, me acerque de nuevo a él, levante su vendaje sin previo aviso para revisar su herida, él retrocede bruscamente, volteo a verlo y este rojo de la cara, me preocupa un poco, pues puede ser fiebre—. ¿Qué estás haciendo? —pregunto nervioso. —¿Qué estás haciendo tú? ¿Estás bien? ¿Te duele algo aparte de la herida? —niega, no me convence su respuesta, así que juntó nuestras frentes para saber si tiene fiebre—. No, no tienes fiebre —sonreí—. Tienes suerte, pues tu herida pudo haberse infectado. —Gracias —murmuró. —No hay de que —respondí amigable—. Sabes en dónde está la ciudad más cercana —pregunté con amabilidad. —Está la capital, ciudad del lago y ciudad Lourus —respondió, ninguna de esas me sonaba de nada. —Es raro que lo pregunte, pero en qué país estamos. —En el reino Perenne —tampoco me suena de nada, así que me aventure a una pregunta más rara. —¿En qué continente? —¿habré salido de América? —En el continente Ataraxia —me miró muy extraño, yo tenía una cara peor. —Dirás que soy rara, pero es alguna forma de llamar a Europa en Europa o algo por el estilo —negó, mi cara se llenó de confusión—. Pero bueno, a cuánto tiempo estamos de América —el tipo me vio confundido—. ¿Sabes dónde está México? —negó aún más confundido—. ¿Tendrás algún teléfono? —¿Qué es un teléfono? —¿Estás jugando? —me miró confuso—. ¡No mames! ¡No estás jugando! ¿Qué es esto? ¿Corea del norte? Tiene un poco de sentido, pero solo un poco, mire al cielo, solo para notar que ya era de noche y que este lugar tenía tres lunas—. ¡Rayos! ¡Corea del norte si que es un lugar extraño! —No sé de qué estés hablando, pero se nota que no eres de aquí —rió por primera vez el chico. —No, no lo soy —reí y me senté a lado de él. —¿Y de dónde vienes? —De un hermoso país tercermundista llamado México. —Pues bienvenida —me sonrió con tranquilidad. —¿Qué edad tienes? y ¿por qué te hiciste esa herida? No es muy normal. —Luche contra unos guerreros. —Pero no hay heridas de balas… —¿Qué son las balas? —Ok esto es más extraño —pensé. Días después la herida de mi amigo estaba cada vez mejor, nos alejamos cada vez más de la capital, hacia una ciudad mejor, por lo que dijo Clair, me fue contando que al parecer en este lugar existe algo llamado energía espiritual, solo me iba contando, pues no podía enseñarme por su herida. Yo solo creía que eran alucinaciones, o me había encontrado con un reprocho. Pero bueno, al pasar de los días nos fuimos haciendo buenos amigos, hasta que un día caminando nos encontramos con otro guerrero. —Escóndete detrás de ese árbol —me dijo, a lo que obedecí rápidamente sin saber que pasaba. —Entrégame a la chica —me soltó una mirada lasciva. —No. —El emperador la está buscando, me divertiré un poco con ella y después la entregaré, lo juro, puedes unirte y te daré la mitad de la recompensa —ofreció el tipo, yo solo siento miedo de que mi buen amigo aceptara y me traicionara. —Piérdete —lo rechazó Clair, casi lloro de felicidad, hasta que el tipo saca su arma y ataca a Clair, siento pánico, pues se ve que es más fuerte que Clair, entonces trato de ayudarlo lanzando piedras al otro tipo, lo que le sirve de poco, pero gracias a una logra dejarlo inconsciente, quiero correr rápidamente de ahí, pero Clair está muy lastimado y no tengo nada para curarlo, esta vez es muy probable que muera—. Lizzy, vete, corre, si es verdad que el emperador te está buscando es mejor que huyas —el grito de varios hombres se escuchó, los pasos se escuchaban cada vez más cerca, las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos, traté de decirle que se levantara y que corriéramos juntos, pero cada vez se escuchaban más cerca los pasos de los hombres—. No hables más y vete, todavía puedes correr—me quite el suéter y me arme de valor, lo levante y apoye a mis hombros, comenzamos a huir. —No me iré sin ti —logré llegar hasta una cascada, si me lanzo probablemente sobreviva, pero no podré llevarme a Clair, lance su cuerpo a unos arbustos y lo trate de esconder, para que tuviéramos más oportunidades de sobrevivir, después podría regresar por él—. Quédate aquí, me esconderé por allá —señala a otros arbustos y salí de aquellos, para ser atrapada por un guardián con unos golpes me zafe de su agarre, voltee a ver a Clair que me miraba con miedo—. Volveré —dije antes de lanzarme rápidamente a las cataratas que estaban, viendo como detrás de ese guardia se miraban cada vez más hombres uniformados. La fuerte corriente me lleva apenas si soy capaz de nadar, trato de sacar la cabeza para respirar, pero cada vez es peor y no sé si seré capaz de dominar al río o si el río me matara…
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