Eremofobia

La llegada
En algún lugar de México a las cinco de la mañana una chica se desvela viendo una buena serie, soñadora frente a su computador se percata de que es hora de ir a la escuela, se levanta y se cambia para irse, desayuna junto a su madre y padre, se despide de ellos y se marcha. ─ ¡Demonios! Debí de dormir, aunque sea un poco, ya me duele la cabeza ─pense para mis adentros y seguí caminando para llegar al lugar donde tomaba el taxi. Me puse mi audífono e ignoré al mundo exterior hasta llegar a mi salón y sentarme perezosamente en mi banco. Recosté mi cara en el escritorio sintiendo lo fresca que estaba, dando una sensación agradable. —¿Cómo te fue con la tarea de ayer? —preguntó Carine, mi compañera de escritorio. —Fue demasiado fácil, ¿tuviste problemas? ¿Necesitas que te ayude? —voltee a mirarla. —De hecho, si, no le entiendo a esta parte me perdí totalmente —veo su libreta donde estaban escritos los problemas que habían dejado de tarea. Le ayude con la tarea y me relaje nuevamente en el fresco escritorio—. Eliza, ¿Edward vendrá hoy a la escuela? —No lo sé, creo que tiene prácticas —el profesor llega al salón y empieza a dar clases, aproveche el silencio que hay y tomó una ligera siesta. —Eliza, despierta —alguien me da pequeños empujones, abro los ojos y veo al profesor observando fijamente. —Señorita Ferrars, usted no entiende que en el salón de clases no se puede dormir —me reprende el profesor Willon. —Pero maestro, la clase es tan aburrida, parece que quiere enseñar a niños de primaria —veo las ecuaciones en la pizarra y me dan aún más sueño. —Si le parecen tan fácil, ¿Por qué aún no las hace? —No me gusta desperdiciar las hojas de mi cuaderno —respondo sin interés. —Muy bien, si son tan fáciles para usted empiece con estas —me entrega una hoja con ejercicios un poco más complejos—. Entrégalo antes de que termine la clase, sino para mañana deberá traer todo su libro resuelto —quería castigarme, pero no va a poder, aunque sean ejercicios para los del siguiente año, con un poco de ayuda de internet los resolví en menos de 10 minutos, aproveche el resto de la clase para dormir otro rato, cuando escuche la campana abrí nuevamente los ojos viendo que el profesor estaba parado viéndome fijamente—. ¿Y bien? ¿Cómo le fue? —Fácil —le entregué la hoja y tomé mi mochila para salir del salón. Continúe caminando hasta llegar a mi siguiente salón, una clase que me gustaba más que matemáticas empezó y esta vez no me dormí. Y seguí así hasta que terminaron todas las y pude regresar a mi casa, donde me estaban esperando, mi hermano Edward me recibió en la entrada. Él era un chico inteligente, de ojos verdes, cabello castaño, alto y un cuerpo musculoso sin dejar de ser esbelto, en resumen, un tipo guapo, hecho todo un Galán, sumándole que era un universitario, estudiante de medicina de tercer año, todas las chicas de la cuadra andaban detrás de él, incluida mi pobre amiga, Carine. Realmente sentía lástima por aquellas chicas, pues mi hermano es un friki, igual o peor que yo, me recuerda a Umaru-chan. —¿Lo viste? —¿El qué? —El final, obviamente. —Sí… —pase de largo y deje mis cosas en el piso en la sala, recostándome en el sillón. —¿Y bien? —¿Bien qué? —¿Qué te pareció? ¿Qué no es obvio que preguntó por él? No creías que me preocupo por ti. Llevé mi mano al pecho y puse una expresión de ofensa—. ¡Ah! No lo haces —fingí tristeza. —No empieces con tu drama y dime, ¿Qué te pareció? —Muy bien —me recompuse y tomé una expresión serena—. Me ha parecido una mierda —bromee con mi hermano y comenzamos a discutir. Les dije mi hermano es tan friki que hasta tiene su propia serie animada, es tan friki que es animador, hasta tiene su propio equipo de animadores, todos universitarios de diferentes carreras que de vez en cuando vienen a nuestra casa y animan mientras comen comida basura y comentan series y se distraen jugando videojuegos, todos unos frikis. Hay que decir que me llevo bien con ellos, ¿qué puedo decir? También soy una friki. —Lizzy, ¿saldrás hoy? —Sí, papá, ¿Por qué? ¿Necesitas algo? —Solo que tengas cuidado —asentí con una sonrisa. Subí a mi habitación y prepare mis cosas para salir e ir al observatorio de la universidad hoy habría un evento astronómico, hoy habría una lluvia de estrellas, así que iba preparada con mi cámara y mi telescopio. Salí de mi casa y tomé un taxi hacia observatorio, según unos amigos también irían pero cuando llegue y me instale, revise los mensajes y todos habían cancelado, unos por enfermedad y otros por falta de permisos, suspire un poco molesta, pero cuando todo empezó me calme y empecé a tomar fotos, me senté un momento para apreciar la hermosa escena frente a mí, pero un terrible dolor de cabeza me hace sentirme mareada y de un momento a otro término en la inconsciencia. Siento que alguien toca mi cuerpo y lo carga, pero lo puedo hacer nada, oigo un par de voces y el miedo llena todos los poros de mi piel, cuando puedo abrir mis ojos ya es demasiado tarde, no estaban mis cosas y no estaba en el mismo lugar antes de caer inconsciente, no sé lo que pasa, solo sé que estoy en una especie de sedan, traía la misma ropa, trato de moverme y al ver que mi cuerpo tiene una movilidad normal, salto por la pequeña puerta y caigo en un piso de madera, intenté mover mis brazos, pero noto que los tengo amarrados, una especie de guardia viene a mi y trata de agarrarme, me levanta y yo con los dos pies golpeo su pecho haciendo que caiga, se golpea con una piedra y creo que cae inconsciente, de inmediato los otros guardias vienen, actuó rápido y tomo con la boca la daga que tiene el guardia, trato de correr pero mi cuerpo no actúa normalmente, pues se siente muy pesado, solo siento que los guardias me golpean en la nuca y vuelvo a la oscuridad, por poco tiempo, pues escucho lo que dicen. —Buenas tardes, venimos en nombre de la casa Hua a para entregar a esta concubina. —El emperador no está en estos momentos, pero yo mismo la llevaré a su habitación, pueden dejarla aquí —después de un rato siento que me sacan del sedán y me llevan a rastras a algún lugar, cuando por fin puedo abrir los ojos veo que me dejaron en una habitación, una chica que parecía ser una sirvienta me observa con desdén. —El emperador no tarda en venir, puedes limpiarte con esa agua —me señala—, ¡esta vez la casa Hua ha traído a alguien tan sucio! Sigo sin poder creerlo, ¿Cómo el emperador podría aceptar tal sucia alimaña? —le dice a su compañera. —No hables así frente a ella, Susie… —trato de reprender la chica, pero cuando menos me los esperaba la puerta es abierta y por ella entra un hombre bastante guapo, alto y fornido, con un aura que te estremecía hasta el alma—. Mi señor, la chica acaba de despertar, estábamos por ayudarla a lavarse… —tartamudeó la chica. —¿Les pedí alguna explicación? —la voz del hombre era gruesa y daba mucho miedo, las chicas negaron—. Entonces, ¿Por qué siguen aquí? —las chicas salieron apresuradas con la mirada abajo, con una sonrisa comencé a hablar. —Pero qué hombre tan mas pechudo —dije con un tono de burla, hasta entonces el volteo a verme y también se le formo una sonrisa complacida—. Ja, ja, ja, oye amigo, creo que hubo un error yo no soy parte de la familia Hua o lo que sea, se confunden de persona…—él no dijo nada y solo se acercó, se inclinó un poco y me tomo de la barbilla, para callarme con un beso. —Mmm, dulce… me sirve —saboreo sus palabras. —¡Que demonios te pasa? —exclame molesta—. Te estoy diciendo que se equivocan de persona. —¿Crees que me importa? —me calló nuevamente—. Me gustas, vendré a visitarte hoy en la noche, aséate y espérame, alguna criada te traerá comida. —¿Y si digo que tengo que irme? —volteo a verme y de él salió un aura oscura, algo que jamás había visto. —Repite lo que dijiste —me amenazó. —No sé si estés sordo, pero… —se acercó rápidamente. —Lo que quiero que digas es “si señor” —me aleje de él y tome la daga que llevaba consigo, me corte la cuerda que amarraba mis brazos, solo faltaba la de los pies, así me levanté y me quite la peluca que traía, no lo mencione antes, pero llevo peluca a la escuela por mi extraño cabello y más por el nuevo, me hice un tinte Neón para ocultar ese maldito color gris, además de mi corte pixie, que la escuela tradicionalista a la que iba no permitía—. Interesante, haré como que no dijiste nada, vendré en la noche, espérame —salió por la puerta y se fue. Las chicas volvieron a entrar y me ayudaron a levantarme. —Entonces dicen que él es el emperador y yo fui ofrecida por alguna familia como concubina… —Exacto, no sé qué te parece tan difícil de entender, lo que nos parece más difícil de entender es porque el emperador te acepto, él ha rechazado a un sinfín de mujeres hermosas y de pronto acepta a una. —Bien ya es hora de que te des el baño. —Puedo dármelo sola —dije sujetando mi ropa. —Es nuestro deber que estés limpia para su majestad — tomaron de nuevo mi ropa para tratar de despojarme de ella. —Son muy amables… —antes de que siguiera hablando las chicas me quitaron ágilmente la ropa y me metieron a la bañera, me tapé lo que pude y di un pequeño grito. —Oye, tienes un cuerpo precioso, tu piel es suave y clara —mencionó una de las chicas. —Y estás muy bien proporcionada —dibujó una silueta con sus manos. —Gracias, pero pueden dejar de verme —me remoje sumergí en la bañera, ellas jalaron de mis brazos y comenzaron a lavarme el cuerpo. —No seas tan quisquillosa —cuando terminaron y me dejaron envuelta en una toalla, estaba tan sonrojada, y solo podía sostener con fuerza la toalla, para que no me la quitaran—. Venga vamos, ponte esto, si quieres te dejamos para que te la puedas poner —asentí, lo que me pusieron fue lencería. Muy sexi. —Salgan, por favor —se les formo una sonrisa y se dieron la vuelta saliendo de la habitación, aun las escuchaba cuchicheando fuera de mi puerta. Suspiré de horror y me puse esa lencería guinda, cuando entraron tenían otra gran sonrisa y me miraban desde todos los ángulos posibles. —Si, te miras increíblemente sexi, a nuestro amo le gustara —dijo una de las chicas con una sonrisa pícara. —¿Podrían darme ropa? Por favor —me dieron a elegir entre varios, tome un vestido negro simple y corto. No se porque lo que me enseñaban y ponían no encajaba con lo demás, todo parecía tan rustico, había electricidad, pero todo se miraba tan de la época antigua, hasta la vestimenta de las chicas, la cama se miraba suave, la toque y le recosté en ella, le pedí a las chicas que me dejaran sola unos minutos para poder descansar, ellas extrañamente aceptaron fácilmente. Entonces se me prendió el foco, vi una ventana y la abrí. Vi que era posible salir de ese enorme castillo y que conectaba a un bosque cercano, aproveché la distracción de las sirvientas, me puse los pantalones que traía junto a esa sudadera y salí por ahí, corrí tanto como mis piernas podían, tenía una sensación de desesperación, no podía tener paz sin asegurarme de estar muy lejos de ese tipo.
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