Especialista en Fortalecimiento de Objetos

Masacre en la arena de combates
La arena era un lugar muy popular en el mundo subterráneo de la ciudad Roca Caída. Se hallaba bajo el control de la familia Zhang y solía atraer a todo tipo de personajes ricos y nobles. Dentro de la provincia Nubeazul, mucha gente sabía sobre los eventos que se hacían en este lugar ¡En la arena de combates se reunían los ricos y aristócratas que estaban aburridos, buscando algo para matar el tiempo, disfrutando de la emoción y la sangre! La arena de combate no se trataba de un lugar donde las bestias pelearan entre sí. ¡Eran personas quienes se enfrentaban unas a otras! Bai Yunfei, con la boca y ojos muy abiertos, temblaba descontroladamente; nunca se imaginó que la gente pelearía tan cruelmente entre ellos aquí. En medio de la arena, dos figuras de color rojo luchaban entre ellas. Por lo general, dentro del coliseo no se usaban armas, sino que los combatientes luchaban solo con sus propias manos y pies, incluso los dientes, lo que fuese necesario para hacer que el oponente no pudiera levantarse. Ganar, significaba sobrevivir. Perder, era lo mismo que morir… La razón por la cual estas figuras se veían de color rojo, ¡era porque sus cuerpos estaban completamente cubiertos de sangre! No solo la sangre propia; también la del contrincante. Un hombre grande, fuerte como un oso, y con cejas muy gruesas, jadeaba violentamente. Uno de sus ojos parecía destrozado, con una herida que le llegaba hasta la oreja izquierda. Aunque su cuerpo temblaba, a través de su único ojo bueno se notaba la locura que poseía. Gritó como un animal salvaje, sacudió sus enormes puños y atacó al sujeto que tenía enfrente: un hombre de mediana edad, mucho más pequeño que él. El hombre de mediana edad también se veía lastimado, pero en comparación con su oponente, este se encontraba en mejores condiciones. Cuando su oponente le lanzó el golpe, él no lo esquivó, sino que respondió con otro golpe, ¡y los puños de ambos colisionaron! En el momento en el que el puño del viejo chocó, su brazo pareció hincharse hasta cierto punto. El hombre grande ahogó un grito y ambos tomaron distancia. Posteriormente, algunos dedos de la mano derecha se le doblaron de forma extraña, ¡y la sangre salió disparada, con huesos sobresaliéndole del brazo! El hombre de mediana edad se sacudió la sangre de su oponente, sacudiendo su puño, e incluso lamió de esta, pareciendo disfrutar del sabor; con un terrible destello en sus ojos, un reflejo no humano, sino más bien como una bestia acechando para asesinar a su presa. La multitud que observaba estalló en gritos de emoción. Toda esta gente de la alta sociedad ya no enseñaba un rostro serio y elegante. En lugar de eso, caras sonrojadas y excitadas, ojos muy abiertos, bocas entreabiertas, cuerpos temblando, esta era la imagen que se podía apreciar en sus rostros. Bai Yunfei temblaba como muchos de ellos, pero con la gran diferencia de no ser por emoción, sino por miedo. Grandes manchas de sangre roja teñían los suelos donde estos dos hombres combatían; sangre de ellos mismos y de otros que lucharon antes. En el exterior de la arena, en un gran palco que se ubicaba sobre el resto del público, había unas tres sillas lujosas ocupadas por un pequeño grupo de personas que estaban mirando con atención el combate. ¡En el asiento de la izquierda estaba Zhang Yang! Cumpliendo con su papel como noble anfitrión, Zhang Yang señaló al hombre de mediana edad en la arena y le dijo a la persona que estaba a su lado: "Segundo maestro Zheng, ¿qué opina de este sitio? Es un sitio que hace hervir la sangre de las personas, ¿verdad? Ese hombre de allá es el más feroz de los luchadores, le dicen el terrible Huargo…”. A su lado, el joven vestido de púrpura y con un rostro incluso más guapo el del mismo Zhang Yang miraba el combate sin ninguna expresión. Asintió levemente y dijo: "Sí, esa persona ya está en un estado de medio-despertar. Puede que no pase demasiado tiempo hasta que despierte por completo su Poder de Alma y se convierta en un Aprendiz de Alma". Pese a hablarle de esta manera tan formal y a halagarlo, su expresión era algo desaprobatoria, y su discurso un poco superficial. A Zhang Yang, sin embargo, no le importó. Con una halagadora sonrisa, dijo: "Un simple Aprendiz de Alma no es digno de captar la atención de los ojos del segundo maestro Zheng, ya que es una familia con tantos genios y gente capaz que ni mi propia familia los puede igualar". Él sabía que el segundo joven maestro de los Zheng provenía directamente de la capital, y que despreciaba a su familia. Solo por curiosidad se interesó en el coliseo, y Zhang Yang solo debía cerciorarse de no ofenderlo y que se entretuviera. El hombre de la derecha, cuyo rostro estaba oscurecido, cruzó los brazos sobre el pecho e inclinó la cabeza. Parecía estar durmiéndose... En ese momento, la lucha en la arena había llegado a su fin. El sujeto alto y de aspecto feroz no era rival para el viejo, y sus movimientos se volvieron cada vez más lentos a medida que recibía más heridas. La gente empezaba a gritar con mayor fuerza… Poco después, el hombre de mediana edad, Huargo, pateó el pecho de su oponente y lo arrojó al suelo, luego le tomó ambos brazos con las manos, ¡y tiró de él con fuerza! ¡Los brazos del hombre grande se desprendieron increíblemente sin mucha resistencia! La multitud vociferó como nunca antes, y algunas de las mujeres en el publico giraron sus cabeza como si la escena hubiera sido demasiado sangrienta para ellas, aunque miraban por el rabillo del ojo y, en realidad, se sonrojaban de la emoción. Y, al final, colocando un pie sobre la cabeza de su oponente vencido, Huargo la aplastó tal si fuera una sandía... Al ver aquellos restos blancos y rojos regados por el suelo, Bai Yunfei no pudo evitar recostar la espalda en una pared y vomitar. El viejo Wu temblaba de pies a cabeza, sosteniéndose de Yunfei. Inclusive los hombres que estaban al lado de ellos, que anteriormente se veían feroces y crueles, ahora estaban igual de asustados que ellos. En ese mismo instante, la puerta de la prisión de madera se abrió desde el exterior, y una docena de hombres armados aparecieron desde el exterior. Ese hombre de antes que había traído los panes al vapor les gritó: "¡Salgan, todos ustedes! ¡Recojan sus armas! ¡Prepárense para luchar por su libertad!". Un grupo de hombres se miraron entre ellos, y fueron saliendo uno a uno por turno. El viejo Wu y Bai Yunfei fueron los últimos en abandonar la celda. Mientras iban saliendo, otro guardia cerca de la puerta les entregaba diversas armas que estaban en el interior de una caja detrás de él. Y luego les gritaba que se apresuraran hacia el campo de batalla. Bai Yunfei siguió a las personas delante de él con una expresión aturdida. Cuando llegó el turno del viejo Wu para recibir su arma, le entregaron un hacha vieja. Bai Yunfei permaneció junto a la puerta esperando que el hombre le entregara su arma, pero el sujeto se le quedó viendo fijamente y no le dio nada. "Perdona… ¿No hay ningún arma para mí?". "Ja, Ja, ¿es que acaso no tienes ya una? ¿Qué más quieres? ¡Déjate de tonterías y muévete!". El hombre se rio con disimulo al ver el ladrillo que Bai Yunfei sostenía en su mano. Desde hace rato que no lo soltaba; ya que le daba[] una especie de sentimiento de seguridad. Ya que no se movía, el hombre pateó fuertemente a Bai Yunfei, mandándolo a la arena por la fuerza. Casi tropezando hasta donde estaba el viejo Wu, Bai Yunfei se enderezó con el rostro pálido, mirando a las personas del exterior vestidas con sus atuendos lujosos, que escrutaban a quienes estaban abajo en el campo de luchas con ojos curiosos. Entonces Bai Yunfei entendió algo. "Para todas esas personas, no soy más que una hormiga…". Zhang Yang se levantó, dio unos pasos hacia adelante y gritó a la audiencia: "¡Escuchen! ¡Este es el evento especial de hoy! ¡El favorito, el terrible Huargo, en contra una parda de horribles criminales!". Luego miró a donde se encontraban Bai Yunfei y el viejo Wu, que caminaban por la arena de combates. Sus ojos brillaron con un tono malicioso, especialmente cuando vio el ladrillo en la mano de Yunfei. Sonrío para sí mismo, luego asintió gentilmente a sus subordinados en la puerta, con un gesto de aprobación. En el campo, el viejo Wu fue el primero en darse vuelta al escuchar la voz del joven Zhang. Miró a Zhang Yang en la alta terraza, la plataforma, temblando con un gran odio en sus ojos. Bai Yunfei también reconoció a Zhang Yang, incluso sintió claramente cuando sus miradas se cruzaron, entreviendo sus maliciosos ojos burlones... "Es realmente él... ¿Por qué? ¿Es por qué ofendí a la chica de ayer? ¿Cómo puede hacer algo así? ¿Qué le da derecho a decidir si vivo o muero? ¿Qué le da derecho a verme como si fuera una hormiga?". Bai Yunfei sentía que algo en lo profundo de su corazón se extendía por todo su cuerpo, siendo incapaz de suprimirlo por más tiempo y estando a punto de estallar. Señalando al terrible Huargo con un dedo, Zhang Yang exclamó: "Todos ustedes son criminales sentenciados a morir, todos deberían estar muertos ya. Pero hoy, les daré una oportunidad de vivir. ¡Peleen todos juntos contra él y el que continúe en pie después de media hora obtendrá su libertad!". Al haber escuchado sus palabras, las personas del público comenzaron a susurrar entre ellos, señalando a los hombres en la arena con gestos divertidos en sus expresiones. Ellos murmuraban: "¿Entonces todos son condenados a muerte? ¿Huargo podrá contra tantos oponentes armados a la vez?". "Diez contra uno, pero todos esos de ahí atrás, ¿no son claramente viejos y niños?". "¡Bueno, miren, miren! ¿Qué tiene ese chico en la mano?". "¿Un ladrillo?". "Ladrillo... ¡Ja, Ja! Sí, ¡es un maldito ladrillo!". Cuando escucharon la promesa de Zhang Yang, la mayoría de los prisioneros en la arena suspiraron con un indicio de esperanza. Después de todo, tenían la oportunidad de vivir y nadie deseaba morir. La docena de hombres en frente se juntaron y murmuraron cosas entre ellos. Huargo, quien evidentemente sabía que planeaban algo, se quedó de pie, con los brazos cruzados y la cara relajada, mientras observaba a esta pequeña multitud de rivales que empuñaban armas delante de él. A sus pies, el cuerpo de su anterior contrincante todavía continuaba derramando sangre... Apartando la vista, de Zhang Yang, el viejo Wu miró a su espalda durante un momento. Luego se giró y tiró de uno de los brazos de Bai Yunfei, diciéndole en voz muy baja: "Yunfei, escúchame, nos escondemos a los lados, y si ese asesino va hacia cualquiera de nosotros, huimos de él. No podemos ganarle. Tenemos treinta minutos. Este lugar no es muy grande, ¡mientras esquivemos sus golpes de alguna manera tal vez podamos salir de aquí con vida!" Zhang Yang se recostó en su silla, saludó al público y dijo: "¡Vamos, comencemos!" Huargo, se alistó y sacó a relucir una sonrisa cruel, levantó el pie y caminó lentamente hacia el grupo de hombres con que se enfrentaría. Una docena de esos condenados, sosteniendo sus armas, se dispersaron ligeramente, formando una especie de círculo. Sin embargo, debido al evidente temor que les inspiraba su oponente, ninguno de ellos se atrevió a avanzar. Huargo continúo avanzando lentamente, paso a paso. Salpicaba el suelo con las huellas de sus pies manchados con la sangre de aquel hombre que enfrentó hace poco, y todos los reclusos, de pronto creyeron que su imagen se volvía similar a la de un terrible demonio de rojo, que aplastaría sus corazones al igual que hizo con la cabeza de aquel desgraciado. Por fin, uno de los prisioneros, incapaz de soportar el aplastante miedo por más tiempo, gritó: "Sigue herido del combate anterior. ¡Vamos, hombres, matémoslo y viviremos!". Una vez consiguieron esa pequeña motivación, el miedo se convirtió en un extremo deseo de supervivencia. ¡Todos se lanzaron simultáneamente contra Huargo, con los ojos inyectados en sangre, como bestias dementes blandiendo armas! Con un destello de desprecio en sus ojos, Huargo alzó la mano y agarró en el aire a una puntiaguda lanza que iba directo hacia él. Con apenas un ligero esfuerzo, despojó la lanza del hombre que la empuñaba, embistiéndolo, se inclinó hacia adelante, balanceando un poco su cuerpo, y golpeó a otros dos a la vez. Luego, inclinándose hacia un lado, Huargo esquivó un cuchillo arrojadizo, levantó un pie, pateó una gran maza y, agachándose, hizo un barrido con la lanza, alcanzando y derribando a todos los que le atacaban. ¡En tan solo un momento, ese grupo de personas fueron hechos pedazos! Lo siguiente fue una matanza totalmente unilateral... Huargo rompió varios cuellos de una patada, aplastó a otros dos de un pisotón, cogió la espada de uno de los hombres y luego cortó a otros tres a la mitad de un solo movimiento... Al principio, el público quedó atónito por la escena, pero cuando Huargo acabó con varios al mismo tiempo, ¡hubo muchos gritos! Ya que estaban acostumbrados a combates más largos, los espectadores estallaron en viruteos por el festival de sangre tan breve y repentino... Aunque les habían dado treinta minutos, en menos de diez, el campo ya estaba cubierto con una docena de personas muertas. Unos pocos, resignados, dejaron caer sus armas y trataron de huir, pero en vano, ya que no había a donde ir y fueron fácilmente alcanzados por Huargo. ¡Y quien era atrapado, también resultaba asesinado! Al cabo de un tiempo, ya no había nadie de pie en el lado de la arena donde Huargo se alzaba imponente. Luego, sus ojos se volvieron lentamente hasta enfocarse en el viejo Wu y Baiyun Fei.
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