Tierra de Mercenarios

V1C1 Hielo, Nieve y Amistad
¿Es la historia quien crea héroes, o son los héroes quienes hacen historia? Aquel dilema siempre ha sido difícil de descifrar para la humanidad, es una conclusión que nadie se atreve realmente a resolver. Sin embargo, desde el inicio del Calendario Rojo Lunar en el año 203, aquella pregunta se volvería incluso más complicada para Amy Haber, un pequeño mercenario quien pudo ver cómo en sus primeros diez años la historia creaba héroes, mientras que, por otra parte, diez años después se volvería todo lo contrario. Descrito como un constante bailoteo entre héroes e historia. Una danza sin fin. Notas de Investigación, Neil Haber, duodécima generación. Ferviente investigador y escritor de la historia continental de Amy. *** ¡Bmm, Bmm! El estrepitoso sonido de un cuerno se escuchó desde el norte de Villa Heike, interrumpiendo el paisaje del lugar, cuyos pequeños árboles se encontraban cubiertos de nieve. Junto con éste, la voz ronca de un hombre retumbó en el sitio, provocando un eco enorme que pudo ser oído en kilómetros. - ¡Los lobos de nieve están aquí! – gritó - ¡Son alrededor de veinte, rápido, estarán aquí en diez minutos! El hombre se dejó ver. Iba montado en un ciervo nevado, y sin embargo lucía como si hubiese estado corriendo a pie, puesto que sudaba y jadeaba constantemente mientras atravesaba el umbral de la entrada norte. Todos los campesinos que estaban trabajando dentro y fuera de la aldea, tanto mujeres como hombres, tanto niños como ancianos, dejaron todo lo que estaban haciendo, y desmontaron lo más rápido que podían las herramientas de trabajo que cargaban los ciervos nevados que trabajaban el campo, arrearon a los pollos que estaban bajo el alero hacia las jaulas, metieron a los cerdos de nieve que estaban comiendo en canastos... Cada familia arreó o cargó a su ganado y otros animales hacia el interior de la casa lo más rápido posible, y todos, como si se hubiesen puesto de acuerdo, levantaron los cobertores de la cama y alzaron las planchas de hierro que se hallaban sobre ella. Uno a uno aventaron a sus animales domésticos a un gran agujero, por el que luego los miembros de la familia también bajaron, cerrando la placa de hierro a sus espaldas. Dentro de una pequeña casa con techo de paja, un anciano gritaba en la dirección opuesta, hacia un pequeño pastizal, adornado por un par de arbustos que se hallaba cerca. - ¡Amy, ven rápido! – dijo el viejo, cuya voz se tornaba cada vez más urgente y severa - ¡Los lobos de nieve están por llegar! - ¡Espera, abuelo! De entre los arbustos apareció un niño, quien cargaba un pequeño huevo entre sus brazos. - ¡Enseguida voy! – exclamó el chico - ¡Los dos pollitos recién nacidos están corriendo asustados! ¡No logro alcanzarlos! De pronto, el frío aullido de un lobo se escuchó desde la distancia. Casi al mismo tiempo un portazo proveniente desde la casa se dejó oír. Se trataba del anciano, cuya alta estatura imponía autoridad, combinado con su blanco cabello que se mezclaba con la nieve. Había abierto la puerta de par en par. Atravesó el patio y, con una sola mano levantó al niño por el cuello de la ropa, ignorando las constantes pataletas y golpes que él daba desesperado. - ¡Abuelo, déjame ir a buscarlos! – chillaba Amy - ¡O sino se los comerán! Un ruido desgarrador se escuchó a la distancia. Un par de figuras peludas se encontraban cerca de una casa, tratando de arañar las puertas metálicas para entrar. Se trataba de los Lobos de Nieve, quienes con esfuerzo lograban incluso abollar las entradas. Una gran cantidad de ellos se encontraban rodeando la fosa, intentando también destruir la protección de hierro que le recubría o simplemente oliendo a su alrededor, asechando. Por suerte, el anciano logró entrar a Amy finalmente a la casa, protegiendo la entrada con fuerza mientras se escondían de los lobos bajo el búnker subterráneo debajo de la cama. - Abuelo – dijo el niño entre lágrimas –. A este paso los pollitos… estarán muertos. - Amy, más pollitos volverán a nacer – señaló el anciano, mientras le hacía mirar el huevo que llevaba en su regazo – y muchos más nacerán la próxima vez. Amy observó el huevo, pensativo, pero pronto sus pensamientos le hicieron cambiar el foco de sus preocupaciones. - ¿Abuelo? – preguntó. - ¿Qué ocurre? - ¿Por qué hay tantos cazadores en la villa, pero ninguno va a matar a los Lobos de Nieve? – prosiguió sollozando –. La última vez pudieron matar Osos nevados, y estos son mucho más fuertes y grandes que los lobos ¿Por qué nadie se encarga de ellos? - Bueno – suspiró -. Los Lobos de Nieve no pueden ser asesinados, si alguien llegase a matarlos perdería también su propia vida. El chico se secó las lágrimas. A pesar de la respuesta de su abuelo él sabía que no podía ser del todo cierto, pues los recordaba… a ellos… - Abuelo… - ¿Qué pasa, Amy? - Si eso ocurre al matarlos… ¿Cómo es que ellos pudieron hacerlo? - ¿Ellos? – inquirió el abuelo. - Aquellos extranjeros quienes mataron a más de treinta lobos la última vez. El viejo suspiró. No quería tener que explicarle tantas cosas a su pequeño nieto, y aunque quisiera, realmente era bastante complicado hablar de ello. El anciano pensó en la mejor forma de decirlo. - Ellos son mercenarios – explicó – y los mercenarios tienen la habilidad de acabar con todo tipo de criaturas. Amy se quedó en silencio. El anciano lo observó, pero el niño no se mostró nervioso, es más, ya no derramaba ni una sola lágrima, no tenía miedo, mientras cerraba su puño con determinación. - ¡Abuelo! – exclamó al fin. - Dime, Amy – dijo sorprendido. - Cuando crezca… quiero ser un mercenario. Villa Heike está ubicada al este de un largo río que es conocido como Río Cálido, dentro del Continente Helado. De acuerdo con los límites naturales entre el Imperio Amy y el Reino Hami, la villa debería pertenecer a este último. Sin embargo, hay algo que diferencia a Villa Heike en comparación al resto de los Hami, quienes han estado viviendo bajo el hielo y la nieve desde tiempos antiguos. Los habitantes aledaños al Río Cálido no corren tal destino, pues el río nace a partir de un lago de aguas termales – el Lago Lunieve – que se formó a raíz de una erupción volcánica, lo que le convierte en la única área del continente que no está cubierta de nieve en su totalidad, sino que posee áreas fértiles donde poder cultivar y criar animales. En sus quinientos años de historia, el Imperio Amy ha tratado en incontables ocasiones obtener los terrenos de Lunieve y Río Cálido, ya sea a través de diplomacia, guerra e incluso chantaje sin resultado alguno. El Calendario Rojo se extendió por décadas. En tan solo cincuenta años las dos generaciones de emperadores de Amy habían tratado de tomar ambos terrenos mediante interminables guerras a gran escala. Aun así, todas las armas y toda la infantería utilizada - incluyendo feroces dragones - fueron derrotadas uniformemente. Aunque en lo más al sur del continente, el Imperio Amy a menudo capturaba pequeñas porciones de tierra, estas no solían durar mucho debido a que en el campo de batalla el Reino Hami nunca dejaba ningún terreno sin alguien que lo defienda. Tras el inicio de la guerra, en la zona más al norte del Imperio – El Bosque de Hielo - una gran cantidad de Jinetes Hami fueron enviados por el único camino transitable del continente helado. Estos eran feroces jinetes capaces de montar sobre los terribles Lobos de nieve, y que se dirigían al ataque sin piedad. En el continente helado, sin importar qué tan fuerte seas hay una regla que debes seguir: “Si ves a un Hami cubierto de pieles blancas hechas de cachemir de oso significa que solo tienes que hacer una cosa: huir. Sobre todo, si este va montando uno de sus lobos.” Lo que ocurre es que se calcula que la efectividad en combate de cualquier unidad puede funcionar tan solo un 10% bajo las duras condiciones climáticas del continente. Incluso los invencibles dragones pueden a duras penas llegar al 50% de su capacidad, sin contar que no superan en número a los Jinetes Hami. Cabe destacar que hubo muchos monarcas del Imperio Amy que deseaban obtener los territorios de Lunieve y Río Cálido a través de la diplomacia en forma pacífica, pero los Hami se rehúsan a firmar cualquier tratado que esté relacionado con sus tierras debido a problemas pasados. La razón más importante de esto es que Amy I, el fundador del Imperio había engañado al monarca del reino Hami de ese entonces para que firmara un acuerdo que le cedía un buen porcentaje de su territorio original, por lo que a raíz de esto los Hami desconfiaban completamente de cualquier intento de negociación por parte de los Amy. Lo que sucedió fue que Amy I le había prometido a los Hami que les dejarían ocupar uno de sus mejores territorios dentro del continente de Eminor: las Planicies Cantoflor, si ellos le entregaran en cambio las tierras al sur del continente helado. Mostrando la gran variedad de frutos y animales que las planicies ofrecían, los Hami se vieron tentados ante tal generosa oferta. El Rey Hami, Muya VII aceptó el generoso tratado. Ignorando la fuerte oposición de su hermano menor y de su madre, firmó el intercambio con los Amy, provocando un choque entre ambas facciones de la familia. Después de la firma, todos pensaban que Amy I había enloquecido al haber intercambiado su territorio más rico por el más estéril, excepto por el hermano y la madre de Muya, quienes sabían que éste había cometido un error. Cuando el Rey se decidió a encaminarse hacia el continente de Eminor y dejar la vieja capital atrás, su hermano no le siguió y, arriesgando una ejecución, se estableció en ésta creando Norhami, el conocido como Reino del Arroz. Sin embargo, aquellas frías y heladas tierras ya no le importaban a Muya VII, quien estaba decidido a mover la capital hacia las planicies, dejando a su hermano viviendo en esas zonas infértiles. Orgulloso, Muya VII y su grupo de ministros se establecieron rápidamente en Cantoflor. En primera instancia pensaron que se trataba del paraíso, pues se encontraban rodeados de hermosas flores que se abrían constantemente dejando entrever su deslumbrante belleza. Los caballos corrían libres y despreocupados por las llanuras y los cultivos comenzaron a dar sus frutos más rápido de lo habitual. Nada comparado con la zona inhóspita que habían entregado. En las Planicies Cantoflor había incontables tipos de frutas dulces y las lluvias permitían que todo se limpiara con regularidad, manteniendo la belleza y la abundancia. No obstante, durante los cinco años que se mantuvo la capital en pie, esta fue destruida tres veces a causa de los ataques de países vecinos. Estos constantes ataques y saqueos mermaron todo el honor que había obtenido Muya VII quien, lleno de vergüenza tuvo que abandonar las tierras solo para ser emboscado y asesinado, pagando su vergüenza con sangre. ¿Cómo es entonces que el país más poderoso del continente helado fue acosado por un puñado de pueblos cuando llegan a Eminor? ¿Qué pasó con los Lobos de Nieve? Aquellos temibles enemigos… invisibles e invencibles. De acuerdo con los investigadores el poder de los Jinetes Hami se debe a su mutualismo con los Lobos de nieve, con quienes comparten ciertas características fisiológicas que les permite vivir mejor en el frío. Por generaciones, los Hami que habitaban en el continente helado poseían el cabello largo y frondoso, en especial sus cejas y pestañas que les protegían del reflejo del sol en la nieve. Sus pelos, además de ser largos, crecían rápidamente por lo que siempre se encontraban protegidos. Sin embargo, tras llegar a las planicies, este fenómeno fisiológico se volvió cada vez más insoportable. El agua de la lluvia a menudo se colgaba entre las cejas y mojaban sus largos cabellos volviéndolos más lentos. Los ministros solían pedirle a alguien que les ayudase a limpiarse el agua del cuerpo, y tomando eso en cuenta ¿Qué les esperaba a los soldados? ¿Cómo pelear en aquella situación? Los movimientos que antaño se veían imponentes bajo el hielo ahora se encontraban entorpecidos por el pasto, la lluvia y el sol. Los lobos de nieve tenían el cabello más largo aun, y eran de un color blanco que les permitía camuflarse a la nieve, pero en aquel lugar eso se convertía en desventaja, llamando muchísimo la atención de los enemigos. Los lobos que no lograban adaptarse al cambio no tenían poder alguno en batalla. Durante la guerra todo se complicaba, la ventaja que estos tenían gracias a su mimetismo con la nieve había desaparecido, y ningún ataque sorpresa era efectivo. Al final, cuando un ejército de cien mil soldados entró a las Planicies Cantoflor, solo un poco más de diez mil personas lograron regresar a sus tierras. Desde ese entonces, los Hami aprendieron a que no deberían pactar con nadie más sobre sus territorios. Hoy en día ya han pasado cien años desde aquel suceso, y a pesar de que aquellas zonas quedan bastante lejos del actual territorio Hami, estos no se permitirán el lujo de perder esas tierras. Tuvieron que enviar un sinfín de soldados cuando comenzó la guerra para poder expulsar a los Amy del territorio, y aún en la actualidad sigue habiendo una forma de mantener esas tierras bajo control. Dado a que el Río Cálido y el Lago Lunieve siguen teniendo valor para ellos, el reino Hami tomó la decisión de liberar a todos los Lobos de Nieve en la naturaleza, así como a los respectivos Jinetes Hami que estuvieran enlazados a éstos. Además, se contactó con manadas enteras de dichos Lobos, para así reclutarlos y entrenarlos en sus filas. Es así que existen dos tropas diferentes de Lobos de Nieve. La primera son aquellos que están entrenados y que obedecen a sus respectivos Jinetes, mientras que los segundos son todos aquellos lobos salvajes que atacan siguiendo el orden salvaje de su manada. Esto principalmente debido a que el reino no puede costear entrenar a tantos lobos – o de otra forma su economía colapsaría – sin embargo, hasta el día de hoy esto le ha resultado prolífero. Las plantas y animales son escasos dentro del continente helado, por lo que el mantener a los lobos salvajes sería toda una odisea. No obstante, hay una forma un tanto peculiar para que estos lobos se alimenten y puedan seguir sirviendo al reino: atacar aldeas humanas. Los Hami no se opusieron a que otras razas vivieran en sus tierras siempre y cuando estos pagaran una especie de… “impuesto”. Además de los pagos monetarios normales que cualquier pueblo pagaría, los habitantes de estas tierras tenían que tomar en cuenta que estaba estrictamente prohibido matar, e incluso dañar a alguno de los Lobos de Nieve, como si de una especie protegida se tratase. Esto provocaba que cada vez que estos salvajes entraran a atacar a las aldeas, todas estas tuvieran su propio mecanismo de defensa, ya sea escondiéndose en agujeros bajo el suelo o fortificando sus casas con acero. De cierta forma veían aquello como otra forma de impuesto más a pagar, llegando a tal punto que sentían que era parte del mismo impuesto, pues los lobos dejaban serios daños en los pueblos, sin contar que muchas veces solían llevarse a sus animales. Es por eso que es una jerga común entre los aldeanos llamarle a esta situación un “impuesto por cabeza de lobo”. Que deja de ser una broma satírica cuando éstos finalmente llegan a un pueblo arrasando con todo. Obviamente Villa Heike no es la excepción. Debido a que sus casas son sencillas de reconstruir prefirieron crear sus refugios bajo tierra, teniendo un búnker por cada casa. Estas pequeñas “fortalezas” aguantan lo suficiente hasta que los lobos se marchan, puesto que no se sienten muy cómodos ante las condiciones más cálidas del lugar. Generalmente no permanecen más de medio día. Tang… Tang… Tang… Una sucesión de golpes metálicos resonó en la puerta de hierro, seguido por el sonido de un Lobo de Nieve rascándose las pulgas. Amy se sobresaltó. Había alguien al otro lado de la puerta justo frente a ellos. No obstante, sus nervios se calmaron al escuchar una agradable voz masculina: - Buenos días – dijo un hombre a través de la puerta metálica - ¿Se encuentra la familia Haber?
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