Ante los encantos del prostituto

¡Si lo quieres, persíguelo!
Algunos días antes. En las oficinas del departamento X del edificio XX, los trabajadores de aquel área estaban reunidos ante un suceso. - ¡Suficiente! No aguantaré más tu mal trato. - una de las chicas le gritaba a uno de los que trabajaba allí. - ¿En serio lo dices? - preguntó el hombre. - Te la pasas burlándote y criticando de mí ¿Acaso debo rendirte cuentas a ti? - Tranquilízate, fue mi culpa, ¿bien? - intentaba el hombre apaciguar la situación. - ¡Charlotte! ¡Elliot! Dejen de armar escándalo otra vez, ya es la tercera vez que lo hacen. - Henry regañó. - Es él, se la pasa chismeando de mi vida, ¡Es de lo peor! - acusó Charlotte. - Señorita, es un malentendido, él solo se la pasa hablando de usted, porque a él...bueno, a él usted...- Adair no encontraba las palabras para explicar. - Adair, guarda silencio ¿quieres? - ¡No! Las cosas deben ser dichas en la cara de la persona. ¡Charlotte, Elliot quiere ser el padre de tus futuros hijos! - señaló al hombre mientras gritaba. Este, al verse expuesto, su cara se puso completamente roja e intentando negar lo que había sido dicho anteriormente. Las personas que estaban alrededor de ellos dos empezaban a hablar emocionados, tales palabras como: "¿Cuando serán novios?" "Estamos ansiosos de presenciar otra boda aquí". Ponían a tanto a Charlotte como a Elliot extremadamente incómodos. - ¡Tú! ¿Por qué no lo dijiste antes? - habló con voz nerviosa. - ¡Hablemos en otra parte! Acto seguido, agarró el brazo de la joven llevándosela a un lugar más privado. Así fue como aquel espectáculo acabó, y los espectadores se fueron disparciendo de a poco. Brais, que también estaba ahí, permanecía en un rincón, mirando aquella escena y parecía que pensaba algo en especial. Alguien tocó su hombro, y fue devuelto a la realidad. - Sr. Sand, cuanto tiempo. - Oh, Sr. Scott, es un gusto encontrarme con usted. El hombre negó con la cabeza. - Al contrario, el placer es mío. Agregó: - ¿Estaba mirando lo de hace un rato? En serio, los jóvenes como ellos son tan escandalosos. - soltó una corta carcajada. - Por eso mismo vine, creí que había ocurrido alguna desgracia. Por suerte, se trata de eso. - Bueno, a decir verdad me recordó mi juventud. Era igual que ese muchacho, muy orgulloso pero la amaba tanto por dentro. - ¿Fue con su actual esposa? - No, se trataba de una mujer de la universidad que quería tanto. Lamentablemente, nunca le hice saber mis sentimientos y la perdí por completo. - Entiendo... - Pero no me arrepiento, para nada. Si no tuve el impulso de decírselo es por algo, además ahora estoy felizmente casado con una maravillosa esposa. - Me alegro que haya terminado de esa manera. - Sí, soy feliz...Sr. Sand, disculpe que mi pregunta sea atrevida pero, ¿usted ya encontró a alguien quién amar? Si mientras el otro hombre contaba su historia, la imagen de aquel joven venía a su mente, ahora, que fue lanzada aquella pregunta, todos sus pensamientos se llenarn de él, su amado muchacho. - Sr. Sand. Si en verdad quiere a esa persona, no dude en hacérselo saber, tal vez pueda arrepentirse más adelante, como tal vez no. Lo importante está en liberar ese peso que carga consigo mismo, se que eso puede ser realmente abrumador. Brais se quedó inmóvil, con sus ojos grandes miraba hacia la nada, como si una puerta con llave haya sido abierta con éxito. Pronto dio una sutil sonrisa: - En verdad, le agradezco por sus consejos, yo...los pondré en práctica. - Está bien, está bien. Le deseo suerte. - se fue tocando el hombro de Brais. Así fue como Brais llegó a una conclusión: "Si quiero tenerlo a mi lado, debo demostrar lo que siento". El empeño y esfuerzo estaba, no obstante, un pequeño pero grave error perjudicaba: Un hombre tan serio y poco experimentado en el amor, ¿cómo se lo haría conocer? ¡El plan de conquista está por comenzar! Día uno: Cuando esté en el bar, decirle lo bien que se ve. (Una de las técnicas más infalibles). Sin embargo, no hubo progreso. Día dos: Llevarle flores como regalos. (Definitivamente nadie se resistiría a esto). Esto tampoco logró funcionar. Día tres: Los chocolates son símbolo de amor. (¿Quién no caería con esto?) Y Yannick estaba en dieta... Día cuatro y cinco: Relájense e intenta hablar más sobre tus sentimientos. (Algo complejo para él pero no imposible de lograr). Y en aquellas dos ocasiones las cosas terminaron de otra forma... Día seis: "Seducirlo para después susurrarle que eres solo suyo". (Información sacada en lo más recóndito de Internet). Y tampoco dio resultado, el muchacho seguía con su amable sonrisa pero su aura mantenía distancia, tal vez esto lo ponía incómodo. Aun no queriendo darse por vencido, una noche en el que se encontraría con el joven Yannick, tomaba para tener las agallas de decírselo, no obstante, el joven no llegaba. Ya había ocurrido en otras ocasiones, sin embargo, esta era la primera vez que tardaba demasiado, así que por esperarlo, y con el estrés que llevaba, tomaba copa por copa, quedando finalmente ebrio. De no ser por Yannick, que llegó después de dos horas más tarde de la que se habían citado, el hombre amanecía en la calle. Yannick se encargó de llevarlo y cuidarlo lo mejor posible. No obstante, el corazón del joven dolía inmensamente , una situación que excavó lo más profundo de sus dolorosos recuerdos, lo consumía lentamente. Después de que Brais curó sus heridas, los dos se acostaron en la misma cama, como siempre, con lo diferente es que estaba vez Brais lo abrazaba tan fuerte, como si nunca quisiera soltarlo. Esa noche fue significativa para ellos dos, en especial para Yannick, que aquellas palabras y el trato que ahora recibía, quedaron en su mente por un largo momento, haciéndolo distraer de aquello que había ocurrido...pero no por mucho tiempo.
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