Varios Relatos De Terror y Suspenso

Sebastián
Era el año 1688. En Britania todo era como todos los días. Los aldeanos cuidaban sus cosechas. Las familias de alto prestigio cuidaban sus riquezas. La Reina, cuidaba su reino. Fue una noche de luna llena cuando sucedió. Él despertó en el medio del campo de maíz. Sin saber qué hacer, empezó a caminar. Simplemente caminó hasta encontrar un rancho enorme. Las personas se espantaron y empezaron a rezar cuando él entró a su casa a la hora de la cena. Pero al instante pudieron ver el miedo en sus ojos (si es que a eso se le puede llamar ojos), él les temía más de lo que ellos le temían a él. Esas personas lo acogieron, lo adoptaron y lo cuidaron como a un hijo. Lo alimentaron, Dios sabe con qué, le vistieron con ropas hechas para él, poco a poco le enseñaron a hablar, y hasta le pusieron un nombre; Sebastián. Nadie sabía, y nadie debía saber de su existencia... Sebastián no era humano. Cierta tarde, la Reina organizaba un festival de comida en la capital, Londrina, donde los mejores cocineros de todos lados se reunían. Esa adorable familia asistió al festival, dejando a Sebastián sólo en casa, dándole órdenes específicas de no salir. Pero no contaban con el hecho de que Sebastián, a pesar de haber dicho que entendía que debía quedarse en su casa, se sentiría tan atraído por ese enorme ruído, que atravezaba toda Londrina para llegar a esos tan desolados campos, que decidiría ir a ese lugar. Al llegar, atrajo las miradas de todas las personas a su paso, pensaban que era un disfráz, un muy elaborado disfráz. Cuando la familia se percató del alboroto, todos pensaron lo mismo; "Sebastián", y lo llevaron a empujones de vuelta a su casa. Dos días más tarde, esa familia recibió una visita que jamás se esperaron en su vida. Era la Reina. Toda la familia estaba completamente sorprendida, la Reina no tenía asuntos que tratar con ese tipo de gente, y aun que así lo fuera, mandaría a alguno de sus sirvientes. La Reina tuvo a toda la familia en su frénte en cuestión de segundos. Les dijo que se dio cuenta de que Sebastián no era una persona disfrazada. Los tres niños, hijos de la familia, empezaron a llorar. La Reina dijo que no se preocuparan, no quería llevarse a Sebastián, solamente quería decirle que fuese lo que fuese, tenía el permiso de la reina para andar libremente como todas las demás personas. Toda la familia empezó a llorar de felicidad y llamaron a Sebastián. La Reina hizo de esa gente sus protegidos, tan queridos y apreciados como si fueran de la realeza. La Reina presentó a Sebastián a su reino, muchos no lo aceptaron, afirmando que era un fruto del infierno. Pero en días, semanas, meses, esas mentes se fueron ablandando al ver que Sebastián se pasaba todo el día ayudando a quien lo necesitaba. No se cansaba nunca, sin importar que tanto trabajaba y se sentía muy bien al ayudar a los demás. No tardó mucho en que el resto del mundo sepa de la existencia de Sebastián. El mundo entero viajaba a Londrina a ver a ese personaje tan curioso. Algo que no era como todos los demás, algo que no era un hombre ni una mujer, algo que no era... humano. Su cuerpo parecía ser de ramas enredadas con paja y trapos viejos, su cabeza era una calabaza, sus cuencas oculares no mostraban nada más que oscuridad. Todos se espantaban. Algunos hasta se desmayaban del horror. Sebastián se sentía muy triste cada vez que eso pasaba y de sus ojos, fluía un líquido carmesí oscuro, bastante espeso, que aterraba más a las personas. Pero los habitantes de ese lugar, siempre defendían a Sebastián de los insultos de las personas de otros lugares. Sebastián cierta noche decidió caminar solo, a la luz de la luna llena. En su tranquila caminata, vió algo inesperado; a lo lejos, había una figura que se veía casi exactamente como él. Al acercarse desesperadamente, vió a esa cosa con horror y nostalgia al mismo tiempo, un gemido de dolor salió de su boca deformada, y su cabeza empezó a sangrar por esas líneas que la marcaban. Sebastián gritó; "¡¡¡Yo no soy un esclavo de la raza humana!!!" Tomó a esa otra figura de la mano, quien lo acompañaba sonriente y sin descanso corrieron juntos hacia esa ciudad tan grande, tan llena de personas, tan llena de almas para devorar. Sebastián y la otra... cosa... destrozaron el lugar, mataron a miles en esa ciudad en cuestión de horas, nadie escapó, parecía el fin de los tiempos. La Reina a media noche recibió la noticia de lo que estaba pasando y de inmediato empezó a llorar, pero su llanto no duró mucho, porque en ese instante, algo se avalanzó por esas enormes ventanas de vidrio con figuras celestiales. Al levantar la cabeza, la Reina pudo ver una escena horrible. Dos criaturas horroríficas cubiertas de sangre, usando intestinos como adorno en sus cuerpos. Todos sus sirvientes fueron despedazados en segundos. Sebastián estaba ahí, se acercó a la Reina, y envolviendo entrañas en su cuello, le dijo; "Su Majestad, usted vivirá, pero solamente para convertirse en una de nosotros"... Al terminar esas palabras, Sebastián, acompañado de la otra criatura, simplemente huyeron como la luz de una vela al ser soplada. Dos días después, los cuerpos y las vísceras seguían acumulándose por personas de otros lugares que limpiaban ese desastre. La Iglesia hizo su grandiosa aparición, y condenó a la Reina a la hoguera por cargos de brujería y dejar caminar libremente entre los cristianos a una criatura proveniente del infierno: "Elizabeth Victoria Liliana Bathory, en nombre de la única religión que agrada a Dios, te condenamos a la Santa Purificación del Dolor. Que nuestro señor se apiade de tu alma". La Reina aceptó la condena con decencia diciendo: "Pido perdón a Dios, a mi reino y a mi familia, que el señor se apiade de mi alma..." Pasaron 133 años desde el incidente y algunos dicen que eso nunca pasó, que es un cuento más de la Iglesia, que es acusada de mentirosa y manipuladora, también otras blasfemias innombrables. Y hoy escribo esto, porque es toda la información que pude reunir. Hace poco, aldeas empezaron a ser quemadas y los aldeanos destripados antes de morir. De las cientas de personas muertas, 7 pudieron salvarse y todas dicen lo mismo; el fuego los rodeó a todos, no había donde correr. Las llamas estaban vivas, no se esparcían quemando lo que podían, sinó que se quedaban en un sitio, como si fueran guardianes. En eso, tres demonios mataban, mutilaban, y desfiguraban a las personas. Eran tres demonios con forma de espantapájaros, con cabeza de calabaza. Uno de ellos Estaba vestido con ropas de campesino, y en su frente estaba marcado una letra; S. El segundo, parecía ser simplemente un montón de trapos viejos. El tercero era una figura igual a las demás, pero llevaba consigo un cetro y una corona de oro.
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