Ante los encantos del prostituto

Déjame estar contigo
Resultaría difícil describir aquella noche, la habitación vacía y tenuemente iluminada por una pequeña lámpara que a dos leves sombras en la pared reflejaba. Además sería completamente silenciosa, si no contaríamos a las dos personas que con locura disfrutaban del momento, de innumerables formas, pero de diferente sentir. Uno se divertía en el rato, y realmente se sentía bien, sin embargo, no le causaba algo más que eso. Por otra parte, el otro veía el momento como algo especial e inolvidable, puesto que se trataba de su persona especial, aunque le costara admitirlo. No obstante, él no quería que las cosas resultasen de esta forma. Brais quiere conocerlo, le fascina el cuerpo del chico, pero también siente curiosidad y anhelo de saber más de él a fondo, y tenerlo cerca. El reloj marcaban las 7 de la mañana, y dos hombres compartían las misma cama. A los. pocos minutos, Brais se despertó y miró por todos lados, para encontrarse con el cuerpo de un hermoso joven en sus brazos. Pensó: "Me encantaría estar así contigo por siempre". Acto seguido, cogió las sábanas que habían sido botadas al suelo y arropó el pequeño cuerpo del chico. Volvió a hablarse a sí mismo, en la que comparaba su enorme cuerpo con el de él, tan frágil como si de una muñeca de porcelana se tratase. Pronto el joven abrió sus ojos, encontrándose de frente con Brais, mirándose el uno al otro hasta que esté último volteó su vista mientras su cara estaba roja. Yannick pasó su mano sobre su negro cabello, luego limpió sus ojos y bostezó. - ¿Sabes la hora? - Oh, buenos días. Alrededor de las 7:30 am. - ¡¿En serio?! ¡Es tarde, debo irme! - Pero apenas amanece... - Lo sé, aún así tengo cosas que hacer. - exclamó mientras paseaba en la habitación desnudo buscando su ropa. - ¿No piensas quedarte a desayunar? - el rostro de Brais reflejaba afligidez. Yannick no pudo evitar contemplar aquella expresión. Normalmente cuando amanecía con hombres era el primero en dejar el lugar, puesto que odiaba quedarse solo en una espaciosa cama. - Yo...debo irme. - explicó. - Entiendo, discúlpame por presionarte, solo quería que empieces tu día de buena forma. - Oh, ya veo. - dio una sutil sonrisa. En ese mismo momento, caminó hasta la puerta del cuarto, no sin antes robarle un espontáneo y dulce beso de los labios de Brais, tocó su hombro de forma rápida y le volvió a sonreír hasta que dejó la habitación. Por otra parte, Brais, se quedó petrificado en la escena, tocando sus labios y completamente rojo. “¡Ese chico de nuevo!” “¡¿Qué es lo que tiene para volverme de esta manera?!” En su cabeza estas dos frases resaltaban. También salió del cuarto, esta vez estaba decidido, dando largos pasos hasta encontrarlo al chico abriendo la puerta para irse. Apartando su orgullo le gritó. - Tú, mañana, ¡te veré allá otra vez!  – fue lo que supo decirle. El joven quedó perplejo para luego responder de forma provocadora. - Sin que me lo digas, iba a estar esperándote. – finalmente se marchó. Si contáramos los “seres vivientes” que en el departamento estaban, con Xion, el gato, serían tres; sin embargo, ya uno se fue, y de alguna forma sigue habiendo tres. Después de despedirse de Yannick y ocuparse de otros asuntos, se sentó en el sofá y en la mesa de estar puso su taza de café. Entretanto leía el periódico, una duda bloqueó su mente. “Quedamos vernos mañana, ¿a qué exactamente?” Pasó su mano desde su cabello hasta su cuello. Estaba agotado, aquella semana había sido dura, no obstante, ese sentimiento cambiaba cuando el muchacho estaba presente. Solo pensar en él, gran parte del estrés se desvanecía y su corazón anhelaba volver a tenerlo. Y así fue como pasaron las semanas, viéndose en aquel bar, para después, pasar la noche en el departamento de Brais. Conociéndose mutuamente, disfrutando la noche entre risas y emoción, por supuesto, el estar bebidos lo hacía aún mejor. Todo estuvo bien durante casi tres meses, sin embargo, un problema surgió. Era de noche, aquel día en que hacía suficiente frío como para congelarse; tanto Brais como Yannick permanecían en una de las mesas del Bar XXXX. Observándose penetrantemente, los ojos iluminados tanto del oficinista como del joven. Como cualquier otro día, fueron al departamento del hombre mayor, este último se había pasado de tragos, después de tanto tiempo, por lo que su exaltación podía más. Al momento de que Yannick abría la puerta, Brais, que estaba apoyado a él, empezó a percibir el atrayente aroma del chico, llegando a besar su pálido cuello. Yannick regañó mientras reía: - Aquí no, Brais, debemos entrar. - Te quiero, te quiero tanto. – susurró en su oído mientras lo cubría con un fuerte abrazo.  Al escuchar esto, su rostro cambió, sus ojos miraron al suelo y su boca hacía un gesto de melancolía. Brais volvió a besarlo. Dejando que el ambiente fluya, apenas cerraron la puerta, y en esta cometieron todo tipo de cosas, en la que Brais comenzó a tomar más el papel de dominante. Profundos besos, y toques obscenos por parte del oficinista, saciaba su lujuria en él. La escena era perfecta hasta que algo en particular la interrumpió por completo. Al momento de dejar al descubierto el cuerpo de Yannick, el semblante de Brais cambió. De esto no se dio cuenta el joven, de no ser porque los toques habían parado. Preguntó con su cara caliente y llena de deseos: - ¿Ocurre algo? - Lo que tienes en la espalda baja, eso, ¡Eso es un moretón! – habló entre sorprendido y enojado. - ¡Ah! – se quejó cuando el oficinista tocó de forma sutil, esa parte. - ¡¿Quién demonios lo hizo?! Se ve bastante grave. - No te preocupes, solo me caí por estar distraído. - Dime quién fue, ese desgraciado no sabe en lo que se está metiendo. – exclamó enérgico. - Jaja, ¿Ves? El alcohol te hace decir tonterías. – río el joven. Brais permanecía serio y tomó las delicadas manos del chico y las llevó a su pecho. Dijo: - El problema no es solo contigo, es mío también. Las mejillas de Yannick acogieron un tono rojizo. El otro hombre agregó: - Quien sea que te haga daño, dímelo. No permitiré que lo hagan otra vez, aunque no no nada para ti, siempre querré que estés bien. Si en la primera frase, Yannick estaba ruborizado, al terminar el discurso su corazón latía rápidamente, todo su cuerpo sentía un sentimiento entre felicidad y emoción., y su rostro no mostraba lo contrario. A decir verdad, era la primera vez que el joven experimentaba esto, por lo que fue especial para él. - Está bien. – dijo algo tímido mientras miraba sus manos que aún tenía Brais. El oficinista las acariciaba tan finamente para después besar sus dedos. Efectivamente causó una reacción en el muchacho. Brais lo tomó cuidadosamente y lo llevó a la habitación, estando allí, lo besó tan apasionadamente por unos segundos y lo acostó en la cómoda cama. Dijp: - Esperáme, iré a traer algo para curarte. - Bien. – respondió el chico. En aquella cama, Yannick tapó su rostro con su brazo derecho y unas cuantas lágrimas salieron de sus preciosos ojos. Recordó algo: Las veces que se quedaba en una habitación, terminaba llorando al sentirse solo, sin embargo, esta vez lloraba de alegría, de inmensa felicidad puesto que aquel trato y atención de Brais lo hizo sentir por primera vez amado. “Quiero estar contigo…”
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