La Boda de mi Ex

Capítulo Nueve
Mi hermano, como prometió me llevó al aeropuerto tirando de mi maleta pero como era en el avión privado, después de dejarme en la entrada una camioneta me llego a la pista donde estaba el avión de Bornout, y el mismo Bornout esperándome en las escaleras para abordar. —Buenos días, señor —saludo en cuanto bajo. —Buenos días, Eryn. Se da media vuelta y comienza a subir los escalones mientras yo lo seguí unos cuantos pasos atrás, cuando entro me doy cuenta de lo lujoso que era, los asientos eran de piel blanca, en el inicio habían 4 asientos individuales seguidos de dos pares de asientos, un sillón y una pequeña mesa con dos asientos. Bornout camina hacia la mesa donde se sienta mientras me hace una seña para que lo siga, me siento enfrente suyo aún admirando el avión. —¿Primera vez en un avión? —No, primera vez en uno privado. El sonríe por unos segundos y pide el desayuno, una chica bien vestida trae una charola con unos cafés negros, jugo de naranja y dos platos con pan relleno de nata y mermelada de zarzamora. Ambos nos disponemos a desayunar mientras el avión comenzaba el despegue. En cuanto bajamos del avión ya nos esperaba una camioneta con los vidrios tintados y probablemente blindados, subo en la parte trasera junto con el empresario que hace unos momentos me había mirado de forma rara al bajar del avión, aunque probablemente estuviese alucinando. En el camino los recuerdos de hace un año me atacaron haciendo que mi ansiedad creciera ligeramente, me sujeto las manos con fuerza evitando que me temblaran mientras respiro hondo. Cuando llegamos al hotel Mandarin Oriental, me acerco a la recepcionista con maleta en mano y al instante ella mira a quien venía detrás mío. —Hola, el viernes por la tarde hablé con tu gerente por dos habitaciones —hablo con calma atrayendo su atención—. Están a nombre de Christian Bornout. La recepcionista, una chica de quizá mi edad, con el pelo rubio recogido en una coleta y los ojos verdes enmarcados por unas largas pestañas teclea rápido en la computadora confirmando la información que le había dicho, nos da las tarjetas electrónicas de las habitaciones mientras nos dirigen al elevador, siendo escoltados por Larch. —La junta será a las 5 —murmuro viendo la agenda que traía en las manos mientras el elevador se ponía en movimiento —. Así que puedo pedir que le traigan algo de comer a su habitación o buscarle algún restaurante en los alrededores, señor. Las puertas se abren y los tres salimos, Christian primero y nosotros detrás suyo, en cuanto llegamos a su habitación abre la puerta con la tarjeta y me mira por sobre el hombro mientras yo me pegaba la agenda al pecho y miraba la puerta de atrás. Él había pedido que las habitaciones fueran cerca de la otra así que mi habitación estaba frente a la suya. —Que traigan la comida a mi cuarto, nos vemos a las 4:30—ordena y entra acompañado de Larch dejándome en el pasillo. Dejo escapar un suspiro y me volteo metiendo la tarjeta en el identificador y empujando la puerta entrando, camino por el recibidor hasta la sala y de ahí hacia la habitación que estaba en tonos grises y blancos, dejo la maleta a un lado de la cama y lanzo el saco encima. Pido la comida para Christian y miro por el ventanal de la habitación buscando, a unas cuantas calles del hotel estaba mi madre con Cary, miro el reloj notando que ya estaría en casa dado que su turno en el hospital ya había acabado. Sin pensarlo tanto, me quito los tacones para cambiarlos por unos tenis blancos y tomo un suéter gris poniéndomelo encima de la camisa, tomo mi teléfono, la cartera y la tarjeta de la habitación para salir del cuarto calculando el tiempo. Tenía de base dos horas para ir y venir sin ser notada y llegando a tiempo para cambiarme e ir a la junta, así que salgo del hotel y paro un taxi dándole la dirección de mi madre. Pasados unos minutos me encontraba mirando la entrada con el número 421 de la novena calle este, respiro hondo y entro al edificio tomando rumbo hasta la segunda planta para tocar la tercera puerta roja del pasillo. —¿Si? —Hola Cary, soy Eryn. Escucho como retira el seguro y se abre dejando ver a la amiga del hospital de mi madre, una mujer agradable que siempre que venía cuando vivía aquí traía dulces o me contaba como había estado los nacimientos dado que ella era de la zona neonatal. Cary al verme sonríe y me abraza. —Me alegro verte de nuevo —habla mientras me deja pasar. La casa donde había vivido seguía siendo la misma de siempre con las paredes de color blanco y el suelo de madera, camino hacia la sala donde encuentro a mi mamá sentada quién al verme se levanta con cierta torpeza mientras se acerca a mí para abrazarme. —Hola mamá —saludo con una sonrisa. Después de eso Cary había sacado el té de fresas con menta que tanto le gustaba a mi madre con unas galletas de limón recién hechas y comenzamos a platicar, hace casi un año me había ido de la casa para estar al cien con la universidad después de graduarme fue cuando tome el avión a LA. Mi mamá me contaba sobre la vida en el hospital y Cary sobre un parto de trillizos que tenían apenas un par de días que habían nacido, también preguntaron por Jason y cuando les dije que estaba viviendo conmigo comenzaron a hablar sobre sus aventuras que hacia y que era una mala suerte que dejara la marina, y se sorprendieron por mi nuevo trabajo deseándome suerte. Miro el reloj notando que me quedaba media hora, es entonces que apuro el té y me levanto quitándome las migajas del suéter. —Tengo que irme —murmuro dejando la taza en el fregadero—. Tengo que asistir a una junta a las 5 con mi jefe. —¿Vendrás en navidad? —pregunta mi madre levantándose también—. ¿Tú y tú hermano vendrán? —Sabes que si. —Ya no te pregunté, ¿qué paso con ese chico del que tanto estabas enamorada? Mi pecho se comprime mientras que mi cerebro comienza a reprodcr todo lo que había pasado, respiro hondo tratando de que no me viera tan afectada mientras hago una mueca y niego con la cabeza, mi mamá frunce el ceño mientras me toma de la mano. —Creí que todo iba bien cuando vino hace unos meses a buscarte —comenta haciendo ahora que un escalofrío me recorriera la columna mientras la miro pidiendo una explicación—. Vino por eso de mediados de marzo buscándote, ¿cierto, Cary? Dejo esto para ti. Rebusca en el cajón del pequeño librero de la sala y saca una carta sellada para entregarmela, la tomo con una mano temblorosa mientras la dobló y la guardó en el bolsillo del suéter ganando segundos que sirvieron para recomponerme. Me despido de Cary y abrazo a mi mamá mientras le doy un beso en la mejilla prometiendo volver para navidad y regreso al hotel mientras sentía la carta quemándome a través de la tela, cuando llegó al hotel corro hacia la habitación para cambiarme por un vestido azul oscuro, unas medias negras y los tacones, me dejo el cabello suelto, tomo la mochila de la computadora y salgo encontrando a Larch afuera mirándome unos segundos para luego asentir. Cuando Christian sale, se había cambiado también a un traje negro y una camisa blanca con una corbata negra, los tres salimos del hotel y fuimos llevado en la camioneta a unas oficinas que estaban a un par de calles donde ya nos esperaban las personas de la fundación, la oficina donde nos encontrábamos era amplia con una mesa para unas 12 personas, había como una pequeña salita con botellas de agua y algunos aperitivos, estuvimos en la junta viendo como se estaban invirtiendo los fondos y cuales serían los próximos proyectos que se llevarían acabo mientras yo anotaba en silencio casi cada palabra a la vez que Christian me miraba de reojo unas cuantas veces incluso distrayéndose. Para cuando acabó la junta ya eran las 10 de la noche, al día siguiente regresaríamos de Los Ángeles que era lo que más importaba para mí porque era poner varios kilómetros de seguridad, me cambie por mi pijama e ignorando la carta decido dormir y hundirme en las profundidades del sueño.
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