La Boda de mi Ex

Capítulo Seis
Fue increíble ver que todas las reuniones que tenían hoy contaban con una segunda fecha porque si se llegaban a cancelar y todos se mostraron de lo más amable, ni siquiera una queja o algo, quizá porque estábamos hablando de un chico con gran poder que podía mover y deshacer el mundo a su gusto, además de que casi todo tenían la segunda fecha en los huecos vacíos de la agenda así que no hubo necesidad de reordenar toda la agenda del mes. —Voy a bajar por un café, ¿quieres uno? —pregunta Cassie cerca de mi escritorio. —Claro, gracias. Ella sonríe amistosa y desaparece por el pasillo, me recargo en la silla dejando escapar un suspiro justo en que el teléfono comienza a sonar y luz parpadea insistentemente. Miro el asiento vacío de Cassie y luego al teléfono, levanto el auricular y presiono el botón de la luz, no tuve oportunidad de hablar porque ya estaba la voz de Bornout hablando: —Necesito que recojas unos papeles del piso 23, que Mike te los dé. Cuelga la llamada y me quedo unos segundos con el teléfono en mano hasta que cuelgo, miro el escritorio vacío de Cassie y sin más tomo una hoja de la libreta anoto que baje al piso 23, se la dejo en su escritorio y camino hacía el elevador, en cuanto entro presiono el botón y comienzo a bajar, cuando las puertas se abren y me acerco a la pequeña recepción veo que la placa de metal que estaba en la pared era sobre planeación de bodas. ¿Desde cuando Bornout se especializa en cosas como estas? —Hola, el señor Bornout me mando por unos papeles con Mike. El chico de la recepción asiente y marca por el teléfono, tras decir unas cortas palabras, la puerta de cristal de a lado se abre dejando ver a un chico de tez morena, cabello negro ondulado y una sonrisa brillante mientras cargaba un folder de color azul marino. —Tú debes ser la nueva secretaria de Bornout, ¿cierto? —pregunta a modo de saludo extendiendo el folder hacía mí. —Así es —respondo tomándolo y extendiendo mi mano—. Eryn Pryest. —Mike Rodriguez —toma mi mano y la estrecha. Le sonrío una última vez y regreso al elevador para volver a mi piso, en cuanto llego noto la ausencia de Cassie así que tomo la nota que le escribí y la tiro al bote de basura. Camino hacia la puerta y toco, en cuanto escucho su voz entro con la cabeza baja notando que estaba en medio de una llamada por lo que me acerco a la mesa y dejo el folder para salir en silencio. En mi escritorio encuentro encuentro un vaso de cartón con tapa negra. —¿Desde cuando alguien con la magnitud monetaria de Bornout decide dedicarse a planear bodas para los mortales? —cuestiono para tomarle un sorbo a mi café. —Pues yo llevo dos años aquí y ya estaba esa sección en el edificio —se encoje de hombros desde su escritorio—. Y extrañamente conoce cada boda que se planea en aquel piso. Después de un rato, Cassie me explico las funciones de la primer secretaria y que en caso de que ninguna de las dos este disponible existía una tercera que era una chica menuda de ojos miel grandes, aunque ciertamente era una becaria que por ahora estaba estaba en la zona de envió de recados y correspondencia pero siempre estaba lista para atender los recados de Bornout sólo con llamar a la lucecita con el número 3. Estaba contestando un mensaje de Allie sobre como estaba yendo mí día y que donde había dejado la caja de pop-tarts cuando la puerta se abre dejando ver a un Bornout de mirada firme mientras se abotonaba el primer botón de su saco negro. —Lars lo esta esperando abajo con el coche listo, señor —habla Cassie levantándose de su asiento mientras que yo la imito. —Gracias. Ya pueden retirarse, señoritas —habla asintiendo y por unos momentos centra su atención en mí—. Espero que su primer día aquí haya ido bien, cualquier cosa puedes consultarlo conmigo en cualquier momento. Su mirada gris me atrapa varios segundos mientras asiento torpemente, el me dedica una sonrisa deslumbrante y camina hacia el elevador, así que en cuanto las puertas se cierran tras él dejo escapar el aire contenido, tomo mis cosas para guardarlas en el portafolio y apago la computadora no sin antes mandarme el archivo de la agenda a mi correo. Camino al elevador seguida de Cass mientras me contaba de lo divertido que era ya no estar sola en esa oficina enorme. —Nos vemos mañana —hablo despidiéndome mientras camino hacia los revisores. Pasó mi tarjeta por uno de ellos y salgo encontrándome a varias personas saliendo del trabajo, cuando traspaso las puertas el calor californiano me da de lleno mientras veo dos camionetas negras avanzar por la calle, suponía que sería Bornout, lo miro alejarse hasta que el sonido del pitar de una bocina me distrae. Allie estaba en su coche ya esperándome, camino hacia ella y abro la puerta para sentarme junto a ella. —¿Qué tal tú primer día? —Descubrí que tengo que hacer un viaje a Nueva York en dos semanas —pronuncio lento mientras ella se metía entre el tráfico. —¿Y crees que sea correcto que vayas? —No lo sé. Allie frunce los labios pero no dice nada mientras maneja hacia mi casa, sabía que ella estaba en contra a cualquier cosa que me recordara a mi pasado, incluida la ciudad que me vio crecer y sabía que tenía razón, ir sólo haría que los recuerdos que tanto me costo encerrar salgan a la luz pero si era por cuestiones laborales, ¿que se supone que debería hacer? En cuanto llegamos a casa, se mete en el estacionamiento junto a mi camioneta y ambas subimos por el elevador en silencio así que cuando llegamos a la puerta de mi casa escuchó la de enfrente abrirse rápido. —¡Eryn! Que bueno que te encuentro —habla Guillian saliendo de su departamento mientras se abrochaba el saco azul—. Sé que es apresurado pero, ¿crees que podrías ayudarme a cuidar a Kenji? Sólo un par de horas, por favor. Le miro el rostro sonrojado y el cabello alborotado por las prisas mientras que Kenji salé detrás de él con un ligero trote y mira a su dueño casi del mismo modo en que la rubia a mi lado lo veía. Conocía esa mirada, Allie estaba casi cayendo enamorada ante el chico de pelo rizado y mirada apurada frente a mí. —Claro, cuidaré del peludo —respondo como si nada abriendo la puerta. Guillian sonríe aliviado mientras regresa a su casa con una pequeña bolsa de comida y los platos de Kenji, me los entrega y pone también las llaves encima. —Cualquier cosa que necesites de él esta en la sala, sólo tienes que abrirle la puerta y el irá por lo que quiera —explica rápido cerrando la puerta y corriendo hacia el acceso a las escaleras. Kenji mira hacia donde fue su dueño sin embargo no va tras él, le estiro las cosas a Allie haciendo que reaccione antes de que la comida se cayera. Tomo al cachorro en brazos y los tres entramos al departamento. Mis ojos se posan al instante en la caja de pop-tarts vacía junto a los montones de migajas. —Espero que no te hayas comido todas —amenazo dejando al perro en el suelo quien comienza a olfatear todo —¿Por qué no me dijiste que había un chico sumamente guapo enfrente? —No creí que pensarás que era lo suficientemente guapo. Y era razón, Allie era muy meticulosa en cuestión a un chico para una relación, caso contrario en si sólo quería un rato de diversión, pero así era ella y nadie podía hacerla cambiar a menos que el chico sumamente guapo de nombre Guillian del cual su perro estaba ahora arriba de mi sillón pueda hacer un intento con la rubia. Lo cual le agradecería eternamente dado que Allie nunca había logrado durar más de un año en una relación seria y esperaba que esta vez fuera diferente.
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