La Boda de mi Ex

Capítulo Dos
A la mañana siguiente siento un ligero palpitar en mis sienes mientras trato de apagar la molesta alarma del celular pero tirando todo a su paso, ¿por qué la puse a las 7 de la mañana? Me pregunto en cuanto logro apagar el teléfono y lanzarlo a la alfombra gris. Por un momento no recordaba donde estaba, pero en alguna parte de mi cerebro se formo la idea de que tenía algo importante para hoy. Abro los ojos y comienzo a sentarme lentamente en mi cama mientras me quito el cabello de la cara. El teléfono vuelve a sonar con su insistente tono bastante irritable, me bajo de la cama y lo busco a tientas hasta dar con el y trago de enfocar la pantalla. — ¿Entrevista a las 8:30? —murmuró leyendo la pantalla con el ceño fruncido y es ahí cuando reacciono—. ¡Mierda! Me levanto del suelo y comienzo a correr hacia el baño donde lanzo toda mi ropa sucia al suelo para meterme directamente en una lluvia artificial demasiado fría en un intento de despejar mi cabeza, en cuanto salgo envuelvo mi cuerpo en una toalla y mi cabello en otra, por fortuna mía había dejado mi ropa lista el día anterior así que mientras me pongo el pantalón negro, la camisa blanca y el saco azul de terciopelo, me calzo unos botines café de tacón y me seco el cabello con una secadora mientras pido un Uber con dirección hacía uno de los tantos edificios de Bornout, me pongo un maquillaje ligero y tomo una aspirina para salir del departamento y correr a presionar insistentemente el botón del elevador mientras miro el reloj de correa dorada con gesto ansioso. En cuanto bajo, noto el coche grisáceo con un tal Jake recargado en el esperando por mí en la entrada. — ¿Jake? —pregunto abrochándome el saco. — ¿Eryn? —responde abriendo la puerta del pasajero. Subo al asiento y miro en la bolsa comprobando que todo estuviera en orden mientras Jake manejaba sorteando los coches por las calles con gran agilidad, durante el recorrido le mando un mensaje a Allie preguntando por su estado el cual no iba a responder quizá hasta muy tarde, miro el reloj de nuevo esperando que los minutos pasarán más lentos, sabía que estaba cerca porque había buscado la dirección del edificio días antes. En cuanto el coche se estaciona frente a la gran construcción abro la puerta y le agradezco con un sonrisa a Jake para bajar y correr hacia la recepción. — Hola, estoy buscando a... —murmuro sacando el papel donde venía el nombre escrito—. Laurie Perkins, tengo una cita para lo del trabajo de asistente, soy Eryn Pryest. — Su cita con la señorita Perkins es en el piso 32 —comenta la mujer rubia detrás del escritorio tras revisar una lista y teclea en la computadora para después entregarme un gafete que decía que iba a recursos humanos—. Es en el elevador de la derecha, una chica la estará esperando para llevarla. — Gracias. Camino hacia el elevador que me indica donde habían también otras cinco chicas con gafetes idénticos al mío, en cuanto la caja metálica llega todas entramos y una de ella presiona el botón con el número 32 haciendo que subamos con bastante rapidez, en cuanto las puertas se abren veo a una chica de cabello caoba y ojos cafés esperando por nosotras, con un gesto comienza a caminar mientras todas le seguimos mirando discretamente a nuestro alrededor. El lugar era limpio y muy bine iluminado, todo era en tonos blancos y grises, la chica se detiene y nos brinda una sonrisa que transmitía paz. — Pueden tomar asiento, se les irá llamando por su nombre y tendrán que entrar por esa puerta —explica señalando un a puerta corrediza de madera que estaba a unos pasos—. Quién las entrevistara es la señorita Brown, de todas formas cualquier cosa estoy en la oficina. Se aleja haciendo sonar sus tacones de aguja por los pisos de azulejo blanco mientras todas tomamos asiento, comienzo a mirar de una en una mientras esperamos a que quien sea que nos fuese a llamar empezara a hacer la entrevista. En cuanto escuchó la puerta abrirse noto una chica de tez morena y ojos café brillantes, traía una carpeta de color negro entre sus manos y en cuanto la abre surge el primer nombre: Anelie Johnson, una chica pelirroja se levanta y camina con paso seguro hacia la habitación y desaparece. Había pasado ya una hora en la que Allie me respondió diciendo que estaba bien y como me estaba yendo, cuando iba a responder el texto escucho que la chica me llama así que guardo el teléfono en la bolsa del saco, tomo mi bolsa y sigo a la chica adentro, la habitación en di era una sala de conferencias bastante grande, la mesa era de madera y con lugar para ocho personas, las persianas estaban enrolladas a la mitad dejando que un poco de luz se colara iluminando el lugar. — Tome asiento, señorita Pryest —me ordena la chica sentándose y abriendo la carpeta que traía—. Soy Evelyn y seré quien le haga la entrevista el día de hoy. Me siento en la silla de piel negra mientras que frente a mí se encuentra una jarra de agua y un vaso de cristal. Evelyn me hace un gesto para que le de mi carpeta, la cual saco de la bolsa y la extiendo por la mesa hacia ella quien la revisa lentamente pasando las hojas. — Así que, ¿la Universidad de Nueva York? —pregunta mirándome por encima de la carpeta—. ¿Qué estudiaste? — Negocios internacionales —respondo con voz firme—. Y cursé unos cuantos semestres en administración de empresas. Evelyn se dedica a anotar en la hoja de su carpeta por unos instantes, y así se fue toda la entrevista, me pregunto como me había enterado del trabajo, si era buena trabajando con otros y otras tantas preguntas que trate de responder lo mejor posible, con un gesto concluye por terminada la entrevista. Me estrecha la mano y dice que de haber sido contratada se me avisaría dentro de 2 días, asiento y salgo de la sala bajo la mirada del resto. Camino hacia el elevador y presiono el botón llamándolo cuando el teléfono comienza a vibrar. — ¿Qué tal el dolor de cabeza? —pregunto a modo de saludo mientras entro al elevador y presiono el botón de planta baja. — No me hables de ello —gruñe al otro lado del teléfono—.  ¿Qué tal la entrevista? Me quedo unos segundos pensando en ella mientras miro como el contador del elevador cambiaba de número cada vez que bajábamos por un piso y otro. — Bien, todo fue bien —respondo seco en cuanto el elevador se abre y salgo caminando. — ¿Pasó por ti? — No, no te preocupes. Tomaré el bus y quizá... No había logrado terminar la frase porque siento mi cuerpo chocar con algo firme haciendo que cayera de sentón y soltando el teléfono el cual rebotó varias veces, en cuanto levanto la mirada me encuentro con unos ojos grises a los que mis ojos se abrieron como dos platos y la vergüenza subía a mis mejillas mientras que el resto del mundo contenía la respiración y nos miraban a ambos. Había chocado nada más y nada menos que con Christian Bornout.
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