Ante los encantos del prostituto

Tú y yo, una noche de diversión
Eran las 12:40 pm. cuando llegaron al departamento del oficinista. Brais sacaba las llaves para entrar, por otra parte, Yannick fijamente lo miraba. Al momento de abrir la puerta, su mano temblaba, de esto se percató el muchacho, sin embargo apartó su vista sin darle tanta importancia. - Bueno, entra...- por más esfuerzo en hablar hacía, sus palabras no se escuchaban, por lo que tenía que repetirlas. - Está bien.- respondió Yannick ocultando su grandes ganas de reírse. - Puedes, puedes sentarte donde más gustes... Su departamento era amplio y cómodo. Lo primero que Yannick observaba era lo limpio que las cosas se encontraban, las paredes, los muebles, la mesa de la sala de estar estaban decoradas, no habían sido escogidas a la ligera. Pronto, del cuarto, salió un pequeño gato, a lo que el muchacho lo miraba amigablemente. - ¡Oh, así que tienes un gato!- le sonreía. - Su nombre es Xion, descuida, es tranquilo. - ¡Está bien! Siempre quise uno, pero el tiempo no me da para tenerlo.- dijo mientras acariciaba al perezoso gato. El oficinista lo observó, para luego decir: - Iré a ducharme, no tardo.- avisó Brais. - Bien, me quedaré con él, parece que empezamos a llevarnos muy bien.- sonreía Yannick al jugar con este. Por otra parte, Brais los miraba atentamente como jugaban, sin poder evitar que se alzaran las comisuras de sus labios. Nuevamente, el joven volvió a fijarse en eso, esta vez un poco más intrigado. Pasaron los minutos y Brais salía de ducharse, el baño se encontraba en su cuarto, por lo o ahí mismo podía vestirse. De no ser por qué alguien habló hubiera dejado caer la toalla que cubría sus partes más íntimas. - ¡¿Qu-qué haces aquí?! exclamó asustado el oficinista. - Oh, nada en especial, solo venía a verte. - respondió Yannick de forma tranquila. - Pero, dije que esperaras afuera... - Sí, pero reaccioné, ¿acaso ya no nos hemos visto antes? No le veo el problema ahora. - ... El muchacho suspiró para luego decir: - Tú y yo lo sabemos perfectamente, no hay necesidad de ocultarlo. - caminaba lentamente hacia él. - ¿Qué quieres decir con eso? - Brais daba ligeros pasos hacia atrás. - ¿Creías que aún sabiendo a lo que me dedico, dejaría pasar una oportunidad como esta? - lo miraba penetrantemente con una sonrisa extremadamente coqueta. Brais permaneció en silencio. El sexy prostituto continuó: - Para serte sincero, el ser una persona amable y gentil suele cansar, ¿por qué no mejor nos dejamos levar del momento? Seguía avanzando mientras lo miraba, y con su camisa jugaba. - Lo de hoy fue mi manera de agradecer tu trato esa vez conmigo, pero creo que puedo hacerlo de otra forma. Llegó al cuerpo descubierto de Brais empezó a tocar por todas partes, en verdad le obsesionaba su escultura. - Dime, ¿qué sentiste esa vez? ¿te gustó? - hizo su mejor esfuerzo para llagar a su oreja y susurrarle atrevidamente. Ante esta traviesa acción, Brais no pudo contenerse. Respiración agitada, rostro levemente rojo, y ojos de satisfacción era lo que Yannick buscaba, y lo encontró. Sin embargo, Brais no respondió en absoluto, controlándose a sí mismo nuevamente. Aunque este intento de autocontrol es distinto, aquella noche no tenía nada en mente y se dejó llevar por el momento. Ahora, ansía estar con él, pero no de esta manera, aún no. - Vamos, dime algo. - siguió preguntando el muchacho. El oficina permanecía callado. El muchacho dejó de pararse de puntillas, sus ojos miraban al suelo, y su expresión cambió por una más afligida. - ...Está bien, al parecer me equivoqué contigo, discúlpame. A punto de salir de la habitación, un fuerte agarre en su brazo lo hizo girar por completo. Acto seguido, su mentón fue también agarrado por una grande y cálida mano, y llevó ese rostro a los labios del otro. En ese beso, el mayor, lo abrazaba con locura, después recorría con ambas manos toda la pálida espalda del joven, haciéndolo estremecer. Entre largos y profundos besos intentaban hablarse el uno al otro. - Te deseo, te deseo tanto. - Brais...- dijo Yannick cuando la traviesa mano llegó más abajo de su espalda. - ¿Que qué sentí esa vez? Aquello no podría describirse con solo palabras. Aferrado al hombre, cuando escuchó esa frase, Yannick parecía sonrojarse, miró fijamente a Brais soltando una pequeña y coqueta risa, para luego decir: - ¿Y si repetimos lo de aquella noche?
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