Ante los encantos del prostituto

Restaurante de la coincidencia pt.3/3
- ¿Deseas algo?- preguntó secamente el chico sin mirarme. Pronto recordé la primera vez en que nos conocimos, en una situación similar, él, tan indefenso y yo, sin poder hacer nada. Mi pecho dolía inmensamente. Yo me encontraba parado a unos pasos de él, por lo que intenté acercarme, agachándome apoyado de mi rodilla derecha. - No...yo solo quería ver como te encontrabas.- es lo único que pude contestarle, no había manera de no hablar sin estar nervioso. Hubo un pequeño silencio en aquel baño que fue interrumpido por un fuerte sonido. - ¡Cough, cough!- tosía de forma incontrolable, por lo que empecé a sentirme más nervioso. - ...¿Puedo ayudarte?- pregunté mientras agarré su muñeca izquierda con la que se apoyaba en el suelo. El joven reaccionó de manera brusca, y rápidamente se zafó del agarre y gritó: - ¡SUÉLTAME! Atónito lo observaba, fue capaz de alzar su voz hacia mí. En mi vida me habían hecho algo como esto. Las pálidas mejillas del muchacho se bañaron de lágrimas, él, tragó profundo su ganas de quebrantar y continuó: - ¡¿QUÉ LES DA EL DERECHO DE TOCARME CUANDO QUIERAN?! Al hablar de manera grotesca sus ojos se llenaron de odio y repudio, evitando mi mirada. Sin embargo, comprendí su actuar, por lo que me paré y retrocedí. - No vine aquí con la intención de molestarte, ni mucho menos para perjudicarte, solo quiero ayudarte. - ¿Ayudarme? ¿Tú?- preguntó con obvio sarcasmo. Agregó: - ¿Si quiera te conozco?- acto seguido alzó su vista hacia mi rostro, pareció pensarlo un poco hasta que con impresión me dijo.- Oh, ya veo, eres tú. En ese instante,sus expresiones se relajaron, mostrando una cara más serena. Trató de levantarse; pudo mantenerse en pie gracias a la puerta del baño. - Creí que nunca más volveríamos a vernos. habló de forma calmada y pausó un momento antes de decirme. - Yo...En serio, te debo una disculpa. Bebí demasiado esa noche y te confundí con un compañero. Pese a su sinceramiento conmigo, había algo que no dejaba concentrarme mientras hablaba. Sentía un gran deseo de abrazarlo fuertemente, pero eso se vería extraño. Traté de controlar mis impulsos lo mejor posible. Y contesté conteniendolos: - Ah...Por eso, no te preocupes, no pasa nada. - ¿En serio?- cuestionó queriendo acercarse a mí algo confuso. - Si hay una manera en que pueda recompensarte, estaría bien. - ...No creo que debas hacer algo por mí, por eso.- respondí firme. - Si es así, está bien. El joven miraba a todos lados como si buscara algo. Pronto, encontró sus pantalones e inmediatamente se dispuso a ponérselos. Pero tenía un problema, su camisa estaba completamente empapada. No podía salir así, podría resfriarse y empeorar. Al volver a mirarlo, no pude volver a apartar mi vista de él. Pese al desastre que habían hecho en él, su camisa, que estaba mojada, dejaba ver más allá de ella, en el que podía apreciarse su hermoso cuerpo, sus rosadas tetillas y su plano y suave abdomen, sus piernas, tan blancas y pálidas daban pequeños temblores, Todo en él era una maravilla para mí. Cada vez más mi deseo sexual crecía a gran paso, sin embargo, sabía que esta no era situación para ese tipo de cosas, por lo que nuevamente tuve que reprimirlos. Al estar perdido en su cuerpo, no me percaté de que me estaba mirando fijamente, por lo que rápidamente aparté mi vista de él. Era la primera vez que me había ocurrido algo como esto, fue un momento vergonzoso para mí. ¿En pocos años tendrás 30 y te comportas de esta manera? Me decía a mi mismo. Al terminar de ponérselos, me dirigí hacia el joven, me saqué mi saco y se lo puse en sus hombros, por otra parte, él me miraba algo confundido, no obstante, se mantuvo callado. - Podrías resfriarte, quédate con esto. - Pero...¿y tú? - Tu camisa está empapada, lo necesitas más tú que yo, cuenta esto como una forma de hacerme sentir bien. - Entiendo, dijo mirando aquel saco en sus hombros que le quedaba muy grande y amablemente, con una pequeña sonrisa me agradeció. Ante eso, solo lo miraba de forma serena, hasta que, después de un tiempo, recordó que debía irse. - Gracias por prestarme el saco, ¿cómo puedo devolvérselo? - No, no es necesario. Ninguno de los dos habló hasta que con una sonrisa coqueta en su rostro, llena de malas intenciones, el muchacho preguntó. - ¿Te parece si algún día, de caualidad nos volveríamos a encontar en algún lugar?- preguntó el muchacho. El joven continuó: - ¿En el bar XXXX...? - Que coincidencia, iré ahí un días de estos, ¿el viernes que viene? - ¡Oh! Ese mismo día estaré ahí...en la noche. - Entendido.- respondiendo a su juego. Su rostro todo sereno, era un alivio de que se había calmado; dio la vuelta y se disponía a salir. - ¡Espera!Se que ese día te presentaste, pero... dime nuevamente tu nombre. Aquel joven se giró hacia donde estaba, y con una risita dijo: - Mi nombre, mi nombre es Yannick. - Sí, entendido. Y finalmente salió: "Así que su nombre es Yannick...Lo recordaré y no pienso volver a olvidarlo". En medio de mis pensamientos, recuerdo de algo importante. ¡La señorita me etá esperando! Y corrí directamente hacia allí. Fue un poco difícil para mí, cuando vi que en la mesa, en la silla donde se sentaba ella, ya estaba ocupada por otra persona acompañada.
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