(UDR) El núcleo

Parte 1
Catedral de Londres, Londres, Inglaterra. -Señor glorifica a nuestra gente, libra de todo mal a ellos... La enorme catedral famosa por sus acabados y sus ormanetos sumamente tallados y elaborados con manos artesanales eran ahora muy famosos en todo el mundo, el hombre de apellido Ctronger sabía que ese lugar era el indicado para hacer la reunión, en cualquier momento por la puerta entraría un hombre con detalles formando algunas "C" en sus ropajes, en lo mientras el hombre esperaba intranquilo. Otro mismo se sentó junto a él en la misma banca, al ver sus ropas supo que era el informante. -¿Que pasó en Roma? -dijo el hombre del inicio con total confianza-. -El Papa ha impedido que entre más gente o salga sin un interrogatorio muy pesado. -¿Pero saben de nosotros? -Eso me temo, nuestros planes se ven disueltos también gracias a la Reina, ya saben de nosotros, me persiguieron de camino acá, no sé si los perdí. -No debe ser así, debemos de frenar esto, consulta con el abuelo por favor. -Él dice que conocen nuestros rostros, nuestro otro hermano está muy viejo y ya sabes que los otros dos murieron. -Entonces nos toca pelear a nosotros dos, solamente. -Se me hace pesada la huida y ya me quieren dar más trabajo. -Cierto, ¿crees que el abuelo pueda convencer a más gente a nuestra causa? -Quizá, hay que intentarlo. -Bien, me voy, tú también deberías de hacerlo. -Claro, sólo... quiero pensar sobre todo esto. El hombre pensaba sentado, escuchó un rato las palabras del padre y se fue, al cruzar la puerta se encontró con algo que lo dejó marcado para toda la vida: -H-hermano huye, ¡huye! El hombre corrió con todas sus fuerzas evitando no llorar, era una persona grande no debía de hacerlo, se decía él. Tropezó con varias personas, pero logró escapar, sentándose cerca de unas cajas, se preguntaba varias cosas a la vez, debía que avisarle al abuelo, eso haría... Mansión de la Segunda Familia Pryce, Londres, Inglaterra... La Primer Familia Pryce era gente de bien, el señor Maxwell Pryce y su esposa vivían felices sus años de vejez en la mansión que su hijo Lizcourette les había regalado. A unos metros se encontraba la mansión del hijo, quién no visitaba muy a menudo su casa pero era mantenida de todos modos. Él venía de regreso de su trabajo como arquitecto, no le exigía tanto pero para él muchas cosas eran agotadoras, una agotado tiró sus planos al suelo. -Gracias por el viaje -dijo Lilliat dándole una moneda al chófer-. -De nada joven, hasta luego. -Veo que llegas de tu viaje hijo, ¿cómo te fue por allá en Roma? -Ya sabes padre, un poco atareado y una seguridad muy estricta. Lizcourette entró a su mansión, dejó sus cosas en el escritorio, dejó el saco en el perchero y entró a su habitación. Se sentó en su cama e intentó no pensar en lo que le había dicho el sujeto: -Sea como sea, tarde o temprano vas a caer en la miseria. Tocaron su puerta, escuchó su voz y distinguió a su madre: -Hijo, ¿puedo pasar? -Claro madre, pasa. Ella se sentó junto a él, le vio un tanto intranquilo, temeroso y pensativo. -¿Pasa algo hijo?, te noto más raro desde que llegaste. -Es sólo náuseas madre, no debe preocuparse. -Te noto más aterrado que con náuseas Lilliat. -No es nada, se lo juro. Ella lo analizó por un momento, finalmente concluyó en: -Sí tú lo dices te creo entonces, sabes, tu abuelo manda otra carta. -¿Se refiere a su padre, querida madre? -No. tengo que decirte que es de tu abuelo Pryce. Lizcourette se levantó enojado de la cama, para decir: -¿Y ahora que quiere ese vejestorio? -Es tu abuelo, más respeto por él. -Es un tacaño, ¿cómo es posible que nos haya hecho casi morir en esas misiones de asesinato? -Sigue siendo tu abuelo Lilliat, debemos perdonar el pasado para aprender del presente. -Creo que tiene razón madre, me voy a dormir, estoy cansado por el viaje. -Ok hijo, descansa. -Gracias madre. Su madre cerró la puerta, Lilliat cayó en un sueño profundo... Era la noche, gritos y olor a humo. "¿Eh?, huele a quemado?, parece que escucho gritos provenientes de la mansión de mis padres". Se levantó de golpe, tosio y luego vio que estaba todo quemado, todavía ardiendo, bajó al piso de abajo con cautela, miró a sus padres pelear contra unos sujetos. Eran LET. Primero atacó a uno con un palo dejándole inconsciente, luego a otro con una fuerte patada, así a otros dos. -Hijo, ¿estás bien? -Sí lo estoy madre, papá, dime que ha ocurrido. -No lo sé con exactitud, ellos llegaron y comenzaron a atacar, lo destruyeron todo. -¡¡¡Maldita sea!!!, !!pero juro que mañana voy a reclamar!!
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