Ante los encantos del prostituto

Hombre confundido
Hace 6 días, en aquel lugar poco concurrente de noche, me encontré con el mismo diablo. Parecía una bella y delicada mujer, sin haberme percatado que detrás de esa falda corta y camisa blanca, se encontraba el cuerpo de un joven desconocido. Estaba impactado, verdaderamente mi vista me había engañado. Lo peor de todo, quién en verdad me engañó, fue mi atracción hacia las mujeres. Me dejé llevar en el momento, cometí y experimenté infinidades de cosas de las que no tenía idea. Por supuesto, he estado con algunas mujeres, de gran belleza y actuar. Pero hay algo de lo que no puedo sacarme de la cabeza de todo lo que ocurrió aquella noche en el hotel en el que pasamos; mis recuerdos parecen ser borrosos, sin embargo, si hay algo que me es difícil olvidar, fue el sollozo del muchacho cuando nos encontrábamos unidos, acompañado de una frase que a lo largo de estos días he memorizado: - "¿Puedes ayudarme por última vez? Te prometo, no volveré a defraudarte; solo sácame de aquí". Su tono era difícil de describir, su voz algo quebrantada y sin esperanzas, como si sus ruegos llevan tiempo sin ser escuchados. En ese momento, después de escucharlo murmurar esa frase, un pensamiento vino a mi mente y me despertó: "¿Qué demonios estoy haciendo?". Acto seguido, terminé mi labor, me vestí, llevando el saco en mi brazo, me disponía a abandonar aquella habitación, dejando a ese joven que se cubría con las sábanas sentado en la cómoda blanca, de no ser por el cansancio y lo agotado que estaba, caí completamente rendido. Unas horas más tarde, me desperté envuelto en las blancas y finas sábanas, acostado en la la espaciosa cama. El reloj que llevaba marcaban las 7:20 am. por lo que rápidamente me levanté. Al mirar a mi alrededor, me di cuenta que aquel joven ya se había ido. - Señor Brais, Señor Brais. - ¿Sí?- contesté rápidamente. - Le estaba informando que los respectivos papeles fueron entregados.- dijo Adair. - Ah, muy bien, puedes irte.- respondí mientras revisaba unos esquemas. - Perdone mi atrevimiento pero, ¿en serio usted está bien? Lo noto algo raro desde hace días. - ¿En serio? No se preocupe, Adair, realmente me encuentro bien. - Bueno, solo quería asegurarme de eso. Lo veo mañana Sr., que pase linda noche. - Igualmente.- contesté a su agradable despedida. Debo admitir que estos días he estado realmente distraído, las personas que me rodean se han percatado de esto, preguntando varias veces si tengo algún problema, a lo que rápidamente niego. Saliendo de las oficinas en donde estaba, en la puerta de salida tres de mis compañeros charlaban: - Mañana ya es fin de semana, estos días han sido increíblemente largos.- comentó Sam. - - Lo mismo digo, últimamente he estado aburrido y fatigado.- dijo Adam - Debe ser el estrés.- contestó Sam.- Tener pareja puede a veces puede resultar sumamente fatigante con el pasar del tiempo. - Tienes razón, por eso he rompí con mi ex novia. Ah...En verdad, me gustaría divertirme, tanto trabajo me tiene mal.- dijo Henry mientras bostezaba. - ¿Les parece si mañana vamos al bar XX?- propuso Sam. - Tenía pensado no ir allí, pero en serio, no tengo nada que hacer en casa más que mirar como duerme mi gato.- dijo Henry. - Por mí está bien.- contestó Adam - ¿Tienen pensado ir a ese lugar?- sin querer interferí en la conversación. - Oh, Sr. Brais, buenas noches. Sí, queremos ir allí mañana como siempre.- contestando mi pregunta. - Usted, ¿desea unírsenos? No hay ningún problema en particular.- dijo Henry, nervioso ante mi inesperada pregunta. - No, solo preguntaba, de todos modos, no era mi intención ir.- contesté a su forzada invitación. Era un hecho de que no tenía una buena relación de amistad con ellos, es decir, nunca fue mi objetivo hacerlo, tan solo el respeto entre nosotros basta. - Hasta mañana.- me despedí, mientras salía del edificio. Por fin, llegué a casa después de subirme al metro que se encontraba sumamente lleno, de hecho, algo me sucedió ahí. Me encontraba parado, agarrándome firmemente cerca de la puerta de entrada y salida; a pocos centímetros se encontraba una linda muchacha de menor edad a mí. Se la veía muy angustiada, tratando de no caerse, por lo que decidí ayudarla diciendo que se sostenga de mí. En verdad, era muy bonita, llevaba su uniforme de trabajo que le quedaba muy bien. Al verla, se puso nerviosa pero sin más opción, aceptó. Al momento de que bajamos del metro, me dio las gracias, acto seguido, sacó de su bolso lo que parece ser su número de teléfono, ella estaba muy sonrojada, por lo que a lo que me entregó se fue corriendo del lugar. Me encuentro sentado en el cómodo sofá, junto a mi pequeño Xion, un gato lindo pero demasiado perezoso. En mi mano tengo el número de la jovencita, pensado en que hacer con este. Siendo sincero, por más simpática que sea, no me llama mucho la atención; algo en mí ha cambiado en estos tiempos, sin ánimos de querer salir con alguien, pensando solo en los futuros proyectos de la compañía, eso me lleva distrayendo desde años. Pero, a decir verdad, desde aquella noche en especial, he pensado en algo más que mi trabajo.
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