Las crónicas de un guerrero.

El pequeño brillo.
Ya se hacía el sol a todo su esplendor durante aquella tarde, ni una nube en todo el basto cielo, los árboles en silencio mientras que se escuchaba el cantico de varias aves, dentro del territorio del anciano, el nuevo Kriger entrenaba. Con entusiasmo, Sasha le indicaba que tenía que cortar varios troncos con la daga, Atha con sudor en su rostro y con su respiración agitada intentando cortar sin éxito, aquel joven, sin poder cortar ni uno solo caía al césped cansado y con un bochorno causado por el sol. —No puedo cortarlo.— Desanimado, intentando retomar el aliento, Sasha se acercaba al joven, colocando su mano en su hombro intentado animarlo. —Ya voy 3 días sin poder hacerlo.— Lo decía mientras retomaba el aliento. —Pero, ya puedes blandir sin problemas, eso ya es algo.— Comentaba la joven. A pesar de todo lo que estaba viviendo aquel joven, algo dentro de el, lo impulsaba a seguir. Levantándose, tomaba la daga y seguía a delante. A lo lejos el ansiando y Nerón veían. —Maestro, ¿usted cree que el pueda hacerlo?—Preguntaba el joven discipulo. —Solo es un tronco, es cuestión de tiempo— Respondía el anciano. —Me refiero, si el podría resolver todo este asunto, yo tenía otra imagen del Kriger, creía que sería más fuerte, alto, con buenas cualidades de liderazgo, en cambio el, es escuálido y patético— Aquel anciano volteaba a ver al joven. —¿Tan poca esperanza le tienes, eh?— —No me parece que pueda hacerlo.— —Bueno mi joven discípulo, un árbol no nace siendo un gran árbol, tiene que pasar mucho tiempo para poder llegar a ser ese imponente árbol.— Con una analogía, el anciano respondía. Nerón seguía insistiendo, si Atha sería el indicado para poder detener todo esto. La conversación era interrumpida por los gritos de Atha y Sasha, emocionados por al fin poder cortar aquel tronco, llamando la atención del anciano y con una sonrisa comentaba, Nerón observaba la expresión su maestro. —¿¡si lo vio maestro!?— Desde lejos gritaba la joven. El anciano caminaba hacia ellos respondiendo con una felicitación, dejando a Nerón bajo la sombra de un árbol. "Bueno, supongo que es cuestión de tiempo" susurrando Nerón. El anciano con una gran risa le incitaba a cortar otro tronco aún más grande. Durante una apacible noche, los tres jóvenes junto al maestro compartían los alimentos dentro de la cabaña. Atha, intentando comer, sin aún poder acostumbrarse a la comida de ahí. Sasha le preguntaba Atha acerca de la comida y como le ha sentado todo lo que ha comido, a lo que Atha, maravillado con gran parte de la comida que el anciano les ha preparado en los días. Es algo inusual, pero está de esperarse que no sea igual que la de su mundo, pero este tipo de estofado con verduras, que el mismo anciano cosechaba, el joven, nunca había comido semejante cosa, no era del chico que solo comía una clase de comida, el era abierto a eso. —¿Atha, que normalmente comes?— Preguntando el anciano. El joven, saboreando cada cucharada, pensaba en las comidas que solía preparar la muchacha de la casa, respondía. —Normalmente como un poco más de carne y pastas, pero esto está bueno, ya me iré acostumbrando a todo esto.— Su rostro ya hacía una pequeña sonrisa. Se levantaba el anciano y dejando su plato a un lado. —Terminen de comer jóvenes, mañana hay que hacer trabajos.— Nerón secundaba lo que decía su maestro, a lo que Atha cuestionaba que tipo de "tareas" harían. —Mañana iremos al pueblo más cercano a hacer varias ventas y compras, te enseñaré algo de nuestro mundo.— Le comentaba a Atha, trayendo inquietud a Nerón. —¿pero maestro y nosotros?— —Ustedes arreglaran lo que falta de la casa y colocarán una nueva cama para el, por favor.— afirmando el anciano Ambos aceptando lo dicho por el maestro. El maestro con entusiasmo le preguntaba a Atha si estaba de acuerdo. —A decir verdad tengo muchas ganas de explorar este mundo, lo acompañaré con mucho gusto.— Y con un sonrisa en el anciano les incitaba a los jóvenes en irse a descansar para el siguiente día. A la mañana siguiente, Nerón como Sasha se quedaron en la casa mientras que el anciano y Atha salían a comprar suministros a la aldea más cercana, llendo por el camino montado en una bestia de 6 patas y 4 ojos, con gran pelaje en el lomo, no paso mucho para llegar ahí, aún que a Atha le fascina todo el trayecto, pero un sentimiento de nostalgia lo invadía. —No es tan diferente a mi mundo.— Comentaba Atha.— Aquí hay árboles, el cielo es igual, hay aves surcando el cielo, al igual que aldeas cerca también hay.— —Solamente has visto poco de esta tierra, ya te estarás sorprendiendo de todo lo que vive aquí.— Los dos entraban a la aldea cruzando un gran arco, a lo que Atha cuestionaba. —¿Que pasará cuando esté con la reina?— A lo que el anciano le animaba a qué por ahora no pensará en eso, sino que practique más con la daga. Al seguir accesando Atha, quedaba estupefacto, viendo a lo lejos como las cabañas eran totalmente diferentes una de la otra y como se conectaban con los árboles, entrenado luz del sol a través de las ramas y como muchos mercaderes se movian con bestias que no había visto. La mayoría de los habitantes saludaban al anciano con gran respeto y admiración, mientras más caminaban más personas le saludaban. El anciano respondiendo a cada una de los saludos con gran simpatía. —Qué tal maestro, ¿nuevo discípulo?— —Así es.— Respondía el, mientras que Atha observaba todo a su alrededor y le invadía un sentimiento que no había sentido antes, pese a que era una aldea pequeña, estaba llena de vida, como si la situación actual no fuese problema en ese momento. —Vamos a la panadería.— Le decía a Atha y sin responderle ya que seguia observando todo y el anciano, viendo su expresión guiando hacia la panadería para que no se perdiera. Acercándose, una joven encapuchada entraba a la panadería, intentado que nadie la reconociera, aquella joven saludaba al panadero, el panadero de igual forma le saludaba con gran entusiasmo, como a todos los que entraban a su local, al observar de quién se trataba. —Hola, ya no te había visto por aquí.— —Disculpe, he tenido cosas que hacer estos días.— —Ya veo, pero es bueno verte por aquí.— La joven comentaba que le agradaba venir a la aldea, al observar el tipo de pan que ahí vendían, el panadero le preguntaba si se llevará lo de siempre a lo que ella le dice que si, la joven llegaba a la aldea por ese pan cada vez que podía, siendo una clienta constante, el panadero al saber de quién se trataba le daba el mejor pan del día e incluso en ocasiones le preparaba el pan en ese momento. El panadero le entregaba una bolsa con varias piezas del agrado de la joven. —Muchas gracias.— Tomando el pan en sus manos —No, gracias a ti, espero verte pronto jóven.— —Yo espero que así sea.— Respondía mientras salía de la tienda, en cuando ella salía, el anciano y Atha entraban, chocando con este último con la joven. —Disculpe.— Decían los dos y saliendo ella rápido, temiendo que fuese reconocida. —Hola maestro, siempre es bueno verlo a usted.— —Que tal Ramón, veo que te sigue llendo bien.— —¡así es, y todo gracias a usted!— —Todo a sido tu esfuerzo.— —Si maestro, pero fue gracias a sus enseñanzas, veo que tiene nuevo discípulo.— El panadero se recargaba en el estante y Atha observaba lo alto que era y se preguntaba que clase de pan hacia y como su tienda era como entrar aún pan, por qué veía como aún las paredes eran suaves y pequeños hombrecitos de miga colocaban el pan en las estanterías. Román sacaba una gran bolsa con pan del día que le entregaba en su mano. —Gracias Ramón, nos vemos la siguiente semana —¡así es maestro, que tenga buen día!— Saliendo de la panadería y aún con cara de asombro que tenía Atha, preguntaba el como pago aquel pan, ya que en ningún momento entrego una clase de dinero, haciendo reír al anciano. —Eres muy observador, no te preocupes por eso, cada vez que vengo me regala pan, supongo es como pago por ayudarlo.— Entendiendo lo que decía, seguían por continuar sus labores en la aldea. Junto a la frontera de los Terranos y los Enanos, ya se hacía un pueblo destruido, los soldados terranos buscaban entre las ruinas sobrevivientes. —¡Busquen personas heridas, no podemos dejar a nadie!— Gritaba el general a cargo de la evacuación, uno de sus soldados, acercándose a dar su informe. —Mi teniente, ya hemos buscado y son todos los sobrevivientes que encontramos.— —Bien, que unos hagan una última revisión y que los demás saquen a los heridos de aquí antes de que vengan los Enanos, no quiero un enfrentamiento innecesario.— —¡Si se señor!— En el momento en que afirmaba, otro soldado gritaba alarmando a todos los de ahí, señalando a una columna de una casa, que de los escombros salían varios Enanos. Aquel general daba la orden de sacar a todos los heridos de ahí, desenvainando si espada de doble filo y colocándose frente a ellos. —Señor, son muchos, me quedaré con usted.— —¡No!, te quiero resguardando a los heridos, si yo caigo, ustedes los defenderán de los enanos que queden.— —¡Vete, es una orden! aquí vienen— y sin decir nada mas el otro soldado salía de ahí dejando a su general. Un grupo de enanos se abalanzaban hacia su dirección. —¡Acabaré contigo Terrano!— Gritaba con gran voz uno de los Enanos. Al general corría hacia ellos, hiriéndolo en la pierna, y cortando su mano, dejándolo caer, ya que los Enanos a pesar que son mas altos que los Terranos, eran lentos y anchos. A pesar de que el Enano estaba herido seguía amenazando al Terrano, tomando su hacha, impactando con la espada de aquel Terrano. Atha se sorprendía de la popularidad que tenia el anciano en aquella aldea. El anciano le contaba a Atha de que a la mayoría de los que viven ahí les había enseñado a usar un poco de magia y como al principio de aquella aldea había vivido ahí por un tiempo. —La magia no siempre es para la guerra, como verás la magia la puedes emplear para muchas cosas desde formar pequeñas cosas con vidrio hasta crear una enorme figura de arte.— El anciano hacia una pequeña demostración con un poco de agua de su cantinflera, haciéndola pasar por el cuerpo de Atha, congelándola y como la moldaba a su voluntad sin tanto esfuerzo, asombrando a Atha. —Me preguntó si yo podré lograr hacer eso.— —¿te acuerdas del panadero? el quería preservar la tradición de su familia con sus panes, pero la escasez se lo impedía, vino a mi y le ayude como podría emplear la magia en sus obras, y míralo ahora es el mejor panadero de esta aldea, eso es uno de muchos.— Platicaba el anciano en lo que seguían caminaban a la salida de la aldea. Cambiando por el sendero entre árboles llegando a un pradera, el anciano viendo a lo lejos un grupo de bestias similares a un jabalí. —Te pondré una prueba.— Parando en frente de la perderá. —¿Qué clase de prueba?— —Trae nuestra cena.— Decía con una pequeña sonrisa en la cara. Atha, quedando pensativo de como traer la cena, ya que ellos traían comida del pueblo. —¿de dónde la sacare?— Preguntaba Atha El anciano señalando al grupo de bestias a lo lejos. Al observar, Atha lo que señalaba el anciano y sin titubear se abalanza hacia la bestia, sorprendiendo al anciano, que no haya dudado en hacerlo. "Bien, es hora de demostrar el entrenamiento de esta semana." susurrando, desenvainando la daga del estuche, al darse cuenta la bestia, está pone posición de ataque hacia el joven. Solo observando el anciano lo que podría hacer el nuevo Kriger y percatándose un brillo en la daga. - ¡¡ahhhhh!! - cortando en la parte del lomo de la bestia, al igual la bestia hiriendo a Atha a un costado del abdomen cayendo los dos y sin aún darse cuenta de su herida, levantándose Atha decide terminar, acabando con la bestia. Al terminar con ello, grita con gran emoción, dando un brinco, al caer se percata de su herida, la adrenalina ya había pasado su efecto en su cuerpo, sintiendo todo el dolor en el e intentando retomar el aliento. — ¡Esto es increíble! nunca me había sentido así.— El ansiando presenciando lo que había ocurrido. Atha sacaba la daga del inerte cuerpo de la bestia, aquel resplandor disminuía considerablemente hasta regresar a la normalidad, caminado hacia donde estaba el anciano, en su mente cruzaban muchos pensamientos acerca de lo que estaba sintiendo. —Tal parece que lo lograste.— —Si, eso fue increíble.— Desmayándose Atha en el acto. Llegando a la cabaña del anciano, los dos jóvenes los esperaban, ayudándolo con Atha y con las cosas que traían. El anciano les contaba todo lo que había ocurrido con el, sorprendido a Sasha, Nerón le preguntaba al anciano si se encontraba bien. —Si, solo estoy cansado, aún hay mucho que practicar, mañana cuando despierte, intensificaremos su entrenamiento.— —Si maestro, como usted diga.— Sasha colocando a Atha en la cama, sanando su herida, aún que la daga emitía un tenue brillo dentro de su estuche hasta cesar.
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