Ante los encantos del prostituto

Deseo
-...- - ¿Ocurre algo?- preguntó el muchacho. Brais estaba atónito ante la atrevida acción del joven, dándose cuenta a lo que aquel muchacho se dedicaba, sin embargo la sorpresa era tal que ni palabras encontraba. También se percató que el muchacho se encontraba en estado de ebriedad, por lo que su caminar y actuar eran algo torpes.  - N-no es así, yo no te conozco.- contestó Brais con un tono nervioso. Acto seguido, se zafó del agarre en el cuello del hermoso joven. El muchacho dió algunos pasos para atrás, extrañado de la acción del oficinista, hasta que finalmente, con una sonrisa coqueta dibujada en su rostro, exclamó admirado: - ¡Oh, ya veo!...si así lo quieres, no veo el problema. El chico comenzó a rasgar su falda roja, desabotonó su blanca camisa, dejando al descubierto parte de su pecho de color pálido, con sus manos jugando con su brillante cabello negro, mordiendo sus rojos labios, que ante aquella traviesa acción, se hincharon; sus ojos, como dos ágatas negras miraban de manera profunda y seductora acompañado de sus largas pestañas, de las cuales emanaba sensualidad dando por resultado una escena sumamente erótica merecedora de apreciar. El muchacho continuó con voz tentadora: - Un hombre tan guapo, que se encuentra muy solo, ¿este joven cosplayer tan poco agraciado podrá conquistarlo? ¿o prefiere que me comporte como una sexy señorita? Como sea, puedes llamarme Yannick, estaré gustoso de complacerlo~. Aquel joven ha tenido encuentros con varios hombres, por lo que es de esperarse que se encuentre con "fetichistas" de todo tipo. No obstante, a él no le importa seguir los más lujuriosos y extraños deseos de sus clientes, con tal de que ese servicio sea debidamente pagado, es capaz de cumplirlos sin rehusar. Por supuesto, malinterpretó las palabras de "su cliente", creyendo que se trataba de uno de estos. -Creo que no me estás entendiendo...- dijo Brais. -Shhh...no arruines el momento, dime, ¿qué quieres que sea? Lo que tu desees, estará bien.- respondió Yannick coquetamente. Con un caminar sensual, Yannick se acercaba cada vez más a su obstinado cliente, dando por hecho de que lo estaba "ganando". Por otro lado, Brais permanecía inmóvil, sin saber que hacer. El muchacho llegó hasta el oficinista, empezó por tocarle los labios en forma de caricias, dándole una extraña y placentera sensación a Brais que él pudo percatar; acto seguido, posó sus carnosos labios sobre este, mientras sus juguetonas manos recorrían el cuerpo del hombre. Empezando desde su rostro, bajando a su ancho pecho, hasta llegar a su abdomen marcado.  El atractivo cuerpo de Brais estaba cubierto de aquel traje negro ajustado, el cual Yannick se dispuso a querer quitarlo. Rodeó sus brazos en el cuello del hombre, intentando sacar la corbata azul de este. Estaba tan ocupado haciendo su labor que no se había dado cuenta de mirar el rostro de su cliente; los ojos de Yannick observaban por todas partes, fascinado del escultural cuerpo del oficinista hasta llegar a la varonil cara del sujeto, donde se percató de la lujuria y deseo que había logrado. Brais estaba completamente rojo, sus ojos entrecerrados llenos de satisfacción, su respiración agitada, sin duda se había dejado llevar del momento. A Yannick le pareció una escena bastante estremecedora; llevó sus manos al rostro de Brais y no pudo evitar besar los labios de aquel, un beso profundo, para luego separarse y un fino hilo de saliva que los unía a ellos dos. ¡Que ironía! Aquel hombre conocido por su carácter formado se ha rendido ante los deseos y placeres mundanos. Sin poder hacer nada en su defensa, se encuentra atado por aquella bestia que se alimenta de su incorruptible alma, adueñándose de todo su ser. ¿Por qué luchar contra él, cuando puedes dejarte llevar del destino que los conecta? Dichoso aquel que no se entrega ante este, ante los encantos de un agraciado prostituto. Brais no es uno de ellos, es hombre, es humano y por lo tanto la lujuria, el deseo y la obscenidad habitan dentro de él. El oficinista no pudo resistir más, como si se tratara de una marioneta de la lujuria, empujó a Yannick contra la pared; y despertó en él, la sed del placer y el anhelo de apoderarse de aquel joven, convirtiéndose en la misma bestia que lo tenía apresado. Efectivamente, su actuar y expresión reflejaban aquello.
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