Ante los encantos del prostituto

Encuentro
- ¡Ah! Estoy tan cansado... - Sí, esta semana ha sido muy pesada. - ¿Hablan en serio? Yo, a diferencia de ustedes, tuve que encargarme de los asuntos del jefe del departamento de a lado, además de mis obligaciones, por supuesto. - ¿El jefe de a lado? Muchos dicen que es muy estricto, además que... - ¿Además de qué? - ¿Acaso no lo sabes? El jefe de a lado además de ser conocido por su actitud estricta, muchos dicen que...él, bueno, tiene gustos diferentes. - También lo había escuchado, e incluso los rumores cuentan que asiste a citas a ciegas con chicas muy bonitas, pero al final, ninguna es de su agrado. - De seguro no aguanta mucho y le da vergüenza admitirlo, JAJAJA. -... - Ustedes están malinterpretando todo, ni siquiera le han dirigido una palabra, no lo conocen. - ¿Tú crees? Pues, ningún hombre se resistiría a los encantos de una hermosa mujer, claro, sí lo es. - Además ¿para qué elegiría a otro hombre de una sección diferente al departamento del que está encargado? - De seguro le gustaste y quiere conquistarte, jajaja - Ustedes dos, no digan eso, ¡es asquerosamente repugnante! Aunque los rumores de Brais, "el jefe gruñón" resultan un tanto sospechosas, en realidad él ha salido con varias mujeres, sin embargo, con ninguna de ellas ha llegado a algo serio. Brais siempre fue un hombre centrado en sus obligaciones; desde muy joven se vió esta gran cualidad. El trabajo es su vida, claro está. - Brais: Entregue estos papeles al director. - Adair: Entendido... - Brais: ¿Quiere decirme algo? - Adair: ¡Oh! Nada... tan solo quería invitarlo a una reunión que vamos a tener con unos compañeros. - Brais: ¿Celebrarán algo? - Adair: Bueno, la verdad es que usualmente los fines de semana salimos a beber a un bar cercano de aquí, pero hoy queríamos invitarlo precisamente por eso, el Sr. Scott se casará muy pronto y estamos pensando en celebrarlo... - Brais: Si es así, estaré ahí. - Adair: ¿En serio? ¡El Sr. Scott estará muy contento con su presencia! Después le diré a qué hora y lugar acordaremos. ¡Muchas gracias! - Brais: Está bien. Brais se encontraba en camino al bar acordado; ya que había terminado sus obligaciones temprano, decidió ir caminando. No era un problema para él, el bar estaba a pocas cuadras de su trabajo.  Cerca de un asiento de parada estaba una hermosa mujer, la cual llevaba un vestido que le llegaba a dos dedos de la rodilla, medias largas y unos tacos que parecían ser costosos. Llevaba maquillaje, por lo que su belleza resaltaba el doble y su gran y frondosa melena ponía "nervioso" a cualquiera. Por supuesto, ella utiliza su cautivadora figura a su favor, trabaja con este y obtiene el pago de su servicio. Al ver que un hombre apuesto pasaba, comenzó a querer llamarle su atención. Optó por todo tipo de "trucos", desde acariciar su cabello, moverse de una manera un tanto particular, hasta remangarse su costoso vestido.  No obstante, con ninguna de sus técnicas obtuvo su mirada. - "Brais es un hombre extraño, sin duda alguna..."- dicen sus compañeros de trabajo.                          ¿Tal vez tengan razón? El es un hombre con una moral intachable, su aura emana prudencia y elegancia; con gran complexión física y un rostro varonil, es aclamado por las chicas, criticado por los hombres. - "Por su buena apariencia cree que nadie es digno de su admirable ser."- murmura uno que otro compañero.   En el Bar XX: - Henry: Estamos aquí para celebrar que nuestro querido Adam se casará. Charlotte: ¡Ay! ¿En serio piensa casarse? Con tantas ganas que tenía de pasar un rato divertido con usted... - Elliot: Jajaja, no digas eso, Charlotte o el Sr. Scott se asustará.  -Charlotte: ¿Qué dices?  De seguro estás celoso de no tener una mujer como yo. -Elliot: Sí, seguro... -Adam: Bueno, muchas gracias por este gesto, de verdad me siento muy conmovido; aunque todos ustedes hayan venido, sinceramente lo que más me admira es que Mr. Sand se encuentre entre nosotros. -Brais: No es nada, al contario, déjeme felicitarle por este gran paso que tendrá en su vida. -Charlotte: Ahora que usted está aquí, me gustaría preguntarle algo...¿Usted es...? -Adair: ¡¡Charlotte!! Lo siento, Mr. Sand, parece que la señorita Charlotte ha bebido mucho. -Charlotte: ¿Yo? Estoy bien, mírame. Además, ¿Henry, Sam y tú no hablaban de eso? No lo niegues, los escuché decir. -Henry: ¡Tú...! -Emma: Bueno, ya, basta de escándalos. Hemos venido a celebrar el esperado matrimonio del Sr. Scott así que dejemos esa clase de conversaciones. -Sam: Estoy totalmente de acuerdo. A pesar de las insinuaciones que le daban sus compañeros, Brais, permaneció en silencio, sin afirmar o negar nada de aquellos rumores. Brais tenía la mirada perdida, quizás pensaba en algo que le resultaba importante o simplemente estaba distraído. A lo lejos escuchaba la voz de un chico, este repetía su nombre reiteradas veces.  - Henry: ¡¡Sr. Sand!! - Brais: ¡¿Sí?! -Henry: ¡Salud!~ Digo que este trago me hace sentir un poco triste, me recuerda a mi ex novia. -Sam: Vamos, Henry, ¿Tú también? Veo que cada vez se hacen más intolerantes al alcohol, jajaja.                                                               -Emma: ¿Sam? Ese no es Henry, es el Sr. Sand. - Sam: ¡Ah! Lo siento, lo siento. - Brais: No importa. - Adam: Bueno, señores, ha sido un gusto estar con ustedes, pero debo despedirme. - Charlotte: ¿Ya te vas? No nos dejes así. - Adair: Charlotte, suéltalo, de seguro su prometida lo espera. - Adam: Así es, Adair. Mi querida está esperándome con una grandiosa sorpresa. - Emma: ¿En serio? El Sr. Scott estará muy ocupado...bueno, pues yo también me voy. Vamos, Adair, acompáñame. - Adair: Llevemos a Charlotte, a penas puede caminar... - Elliot: ¡No! -... -...  - Elliot: Quiero decir...yo la llevaré. Mi departamento se encuentra cerca de donde vive, no será un gran problema. - Emma: Mucho mejor para nosotros. - Henry: Esta copa es tan bonita, es igual al  del restaurante que estuve con mi ex novia. - Sam: ¡¿Puedes callarte?! Vámonos, o te dejaré aquí durmiendo. - Henry: ¿Por qué me dejaste? De verdad, yo iba en serio contigo y tú me querías - Sam: Sí, y tu perro también. En la mesa solo se encontraban tres personas: Adair, Emma y Brais. - Adair: Sr. Sand, ¿le gustaría venir con nosotros? - Brais: No hay problema, de verdad, gracias. - Emma: Está bien, que tenga un buen fin de semana. Finalmente, en el Bar XX, estaba una persona, Brais. Entre tanta charla no se había dado cuenta de la hora, era tarde, pero no para ir en metro. Pagó la parte de su cuenta, y se dispuso a salir. Las calles estaban algo vacías, por suerte las luces de los autos alumbraban su camino. Cuando estaba a unas cuadras de llegar a su destino, a lo lejos, se encontraban dos siluetas, una más grande que otra. Desde su perspectiva, logró captar a una pareja discutiendo. La riña llegaba a tal grado en el que la silueta mayor, alzó su brazo y cacheteó a su acompañante. Brais no era del tipo que se metía en problemas ajenos, ni siquiera en estado de embriaguez, estado en el que no estaba en estos momentos, no obstante la situación lo ameritaba. Aceleró su paso, pero ya era tarde, el tipo se había ido sin darse cuenta de su presencia, por otra parte, su acompañante no reconocido, se levantó y se limpiaba todo rastro de polvo que quedaba en sus ropas.  - "Es una chica muy fuerte, no cabe la menor duda"- pensó Brais. Según lo que Brais vió, lo más probable es que se encuentre herida, no solo físicamente, también emocional, pues ¿habrá un dolor más fuerte que el llegar a desconfiar a quien decidiste amar? Saber que ha cambiado, que no es la misma persona de antes y sin embargo, seguir con ella...  Finalmente, decidió acercársele. Aquella chica llevaba una hermosa camisa que hacía juego con su falda, unos pequeños tacos negros que se lucían con la cartera de mano, que ahora se encontraba en el suelo. Su piel era blanca, su corto cabello como el ágata negra y su estatura aparentaba de un ser indefenso. Ella se encontraba de espaldas, sacando de su cartera brochas de maquillaje.  Brais, estaba parado a pocos metros de ella, esperando a que terminara, preocupado del que no se asustara. La mujer terminó de maquillarse, esta vez podía hablar con ella. Agarró el hombro de la muchacha y dijo: -Disculpe, ¿se encuentra usted bien? A lo que la muchacha de piel blanca que permaneció de espaldas, respondió con una sutil voz: - Sí, solo estaba maquillándome...aunque debo preguntar, ¿lo conozco? Brais no dijo nada, pues el que un hombre se acercara una indefensa muchacha a altas horas de la noche podía verse sospechoso y con malas intenciones. Sin embargo, la muchacha respondió: - ¡Oh! Así que eres tú, creí haber acordado con usted ayer, pero no se contactó conmigo. - Brais: Yo... - Sí, ya lo sé, estabas muy ocupado con tus asuntos de trabajo o con tu mujer, esas típicas excusas para dejarnos plantados, no te conozco pero aún así, no es la primera vez que me pasa.- dijo, mientras se acercaba a Brais y lo abrazaba del cuello mirándose de cara a cara. -...- Brais se pudo dar cuenta que la indefensa y simpática mujer resultaba ser un agraciado hombre de rasgos delicados. Aquel muchacho continuó: - ¿Qué te parece si dejamos la charla y empezamos?    -...-
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