Las crónicas de un guerrero.

Prólogo: Historias del abuelo.
—Cuando era niño, mi abuelo me solía contar historias acerca de un lugar mágico, una tierra donde solían habitar seres que no podría imaginármelas, seres mágicos, bueno, así solía mencionármelo mi abuelo, me relataba acerca de guerreros, villanos y héroes, que no entendía muy bien su misión de estos, pero Vivian muchas aventuras juntos. No estaría mal vivir muchas aventuras similares, aunque ignoraba totalmente lo peligroso que podría ser el vivir así y además eso es totalmente imposible. Pero bueno, eso fue ya hace mucho tiempo atrás, antes de que mi abuelo perdiera el conocimiento de sí mismo y tuvieran que llevárselo a un asilo. Tarde despejada en una ciudad llena de ruido y el sonido del claxon de los automóviles que anhelaban llegar a sus destinos pronto, un chico común caminando por la será, llegando a un cruce esperando pasar del otro lado, escuchando su banda favorita a todo volumen ignorando al resto del mundo, así como ellos lo ignoran a él, con nada en la mente, pero pensando en todo, en como su vida se habría convertido en un aburrimiento y monótono momento. Entrando a su hogar, una casa grande. Él la describe como su fortaleza y a la vez su prisión, ya que amaba estar en su hogar, esa sensación de seguridad que le daba, pero a su vez un lugar del que creía que nunca podría salir. De uno de los cuartos salía su hermana menor que le daba la bienvenida con una sonrisa de oreja a oreja y con una alegría por ver a su hermano mayor, ya que ella se había quedado en casa por que en esa semana le había dado varicela y no podía salir. Al corresponderle el saludo con mucho agrado a su pequeña hermana le pregunta el cómo se encontraba, ella respondía que todo estaba bien mientras le daba un abrazo, con un tono de vos menos alegre, ella anhelaba salir a jugar con sus amigos del colegio, después del tiempo de escuela siempre solía ir al parque con sus amigos y platicar con su mejor amiga por que solían compartir la comida que sus madres colocaban en sus loncheras. Él la vio un poco cabizbaja a lo que la ánimo, y que era necesario pasar por eso, le aconsejo que siguiera el tratamiento que la doctora le recomendó, tarde o temprano regresaria con sus amigos. Atha se cuestionaba dentro de si ¿Quién quisiera ir a un lugar nefasto con personas que no quisiera ver o estar? Bueno, aun que estamos en etapas totalmente diferentes, le agradaba el hecho de que a ella le fuera bien en la escuela y el que tenga amigos con los cuales ella se pueda sentir cómoda y ser ella misma y enfatizaba el hecho de que apenas era una niña de 10 años. Cuando llegó al segundo piso a punto de subir al tercero, su madre lo aborda cuestionando… ¿Cómo va con la búsqueda de universidades? ¿ya encontro una que le agrade? —Tu padre está esperando tu respuesta, sino él tomará cartas en el asunto y te colocará en la universidad donde él estudio, no creo que eso te guste. ¿verdad? —si madre, me fue bien en la escuela, gracias por preocuparte. —lo siento cariño, pero estoy un poco preocupada por… bueno, tu futuro. No quiero que tu padre dicte el rumbo de tu vida y que es lo que deberías estudiar, quiero que tu puedas decidir el como vivir y en lo que deberías dedicarte. —lo siento madre, solo que aun no la he encontrado, cuando la encuentre se los haré saber, solo que ahora quiero quitarme el uniforme, así que voy a mi cuarto, en un momento bajaré a comer. —si cariño. Al subir por las escaleras pensaba que ella no tenia la culpa de la presión que ejercía su padre, ni siquiera su padre tenía la culpa, si no, se culpaba a si mismo el no tener una afición o algún gusto en común o una pasión por algo, como solía escuchar de sus compañeros de clase, que decían entre ellos que ya tenían universidad a las cual ir, su pasión por sus gustos y lo emocionados que estaban por iniciar. Solo tenia un poco de envidia de ellos, porque él no tenía pasión por algo en común. aunque solo quería evitar esos temas con sus padres ya que no tendría una respuesta definitiva. Al pasar la hora de la comida subió a su habitación a escuchar música mientras intentaba hacer la tarea, queriendo ni hacerla. "La vida sería más interesante si el mundo fuera diferente." Aquel joven recordó todas aquellas historias que su abuelo le contaba. —seria interesante vivir en ese mundo que el abuelo creo, pero eso no ocurrirá. Decidió seguir leyendo las grandes crónicas de Skar, un peculiar libro acerca de un don nadie que se convirtió en leyenda, se identificaba mucho con él, solo que Skar no iba a la escuela y no lo presionaban por ir a la universidad, solo decidido hacerse mas fuerte entrando y venciendo todo enemigo que se le presentara, ganado la aceptación de las personas y alcanzando sus sueños, aunque a él no le interesaba esas cosas del ser aceptado o reconocido, solo quería que su vida fuese mas interesante, ni siquiera tenia una chica que le gustara, ni un mejor amigo, siguió leyendo hasta que se quedó dormido. A la mañana siguiente, se despertó un poco ajetreado ya que había tenido nuevamente aquél sueño peculiar, aunque no le sorprendía ya que no era la única vez que lo soñaba, eran fragmentos de varias imágenes de un gran bosque, grandes estructuras, una árbol iluminado y aquel gran león, aun que lo compartía con sus padres, sabia el que no tendrían una respuesta en concreta, solo decidió ignorar los sueños tenidos. Durante la mañana, bajando hacia la cocina para desayunar algo, se topo con su padre, un hombre parecido a él solo que con un poco de canas que apenas se le notaban, una gran barba y un gran porte, le dio los buenos días sosteniendo una taza de café y muy bien vestido ya que se dedicaba a administrar las empresas de su jefe. El joven le daba el saludo de todos los días, Mientras buscaba la leche en el refrigerador. Su padre le cuestionaba si estaba listo para el día de hoy, a lo que el solo dando una pequeña respuesta afirmativa, no diciéndolo muy animado. —excelente, por que quiero que vayas al asilo a visitar a tu abuelo, necesito que le lleves ropa nueva, en la sala encontrarás las cosas que tendrás que llevar, ya que yo no podré y tu madre tiene que cuidar a Mary, así que ve, salúdalo de nuestra parte y pasa tiempo con él, por favor. Su padre tomaba su maletín le daba un último sorbo a su café y salía de la casa. De camino a la escuela, pensaba que su padre no tenía buena relación con el abuelo, no se llevaban muy bien, pese a ser padre e hijo, comentaba su padre que se obsesionó tanto con sus historias de fantasías y eso lo abrumaba ya que a él no le interesaba, de niño le contaba muchos de esos cuentos, pero al ir creciendo le parecían tontos e inmaduros para su edad. Cuando las clases terminaron, tomó el transporte para llegar a donde estaba el asilo llevando consigo las cosas que debía entregar, al llegar él se anota en un cuaderno donde van las visitas, Una enfermera lo lleva a donde estaba su abuelo, que era en el tiempo donde el pasaba un tiempo, sentado en una banca junto a un gran árbol. El joven preguntaba a la enfermera acerca de su abuelo. —para ser sincera me han estado informando que no deja de decirse que él “a tenido la culpa, que él pudo hacer más”, ese tipo de comentarios, aun que es normal para su edad, supongo que se arrepiente de lo que hizo y no hizo, son cosas que solemos percatar de las personas que habitan aquí, bueno, ahí está, tomate el tiempo que necesites. El joven agradece a la enfermera y pasa al jardín donde esta su abuelo sentado, al acercárse nota que en efecto dice las palabras, viendo a la nada. “tengo la culpa por no haber hecho más” al ver a su nieto, salta de alegría, abrazándolo y dándole mimos, el joven era sostenido en sus brazos. Al tener una charla corta, deciden entrar al cuarto de su abuelo, el le pregunta acerca de esas historias que le contaba a su padre y a él cuándo eran pequeños. El joven le cuestionaba acerca de todo lo que decía ¿tú que piensas acerca de tus historias? ¿Por qué tanto énfasis en contarlas? A lo que el anciano le preguntaba de que día era hoy, el joven respondía que era 24 de Marzo, a lo que su abuelo le preguntaba. —¿Quieres ir a un lugar increíble? —¿a esta hora? Abuelo ya casi es de noche y además, no te dejarán salir del asilo son autorización de mi padre. Acto seguido su abuelo ya había hacho un plan de cómo salir de aquel lugar, sorprendiendo a su nieto tanto por que realmente funciono el plan del abuelo, pudiendo evadir las enfermeras y guardias, que él pensó que intentaban salir de una prisión y que resultara en un completo éxito, como si fuera en las películas. Emocionado y con la adrenalina al tope, tanto que decidido no detenerlo que resulto muy divertido para él, cuando salieron de aquel lugar sonaron las alarmas de que alguien se había salido del asilo, dando aviso a los guardias, cuando eso sonó los nervios se le vinieron encima el joven solo intentaba seguirle el paso a su abuelo, que, aunque era mayor aun tenia la fuerza y el vigor para correr demasiado rápido. — ¡hijo! ¡Te falta hacer más ejercicio, no puedes dejar que tu anciano abuelo te deje atrás, no tenemos mucho tiempo! — ¡el ejercicio no es lo mío abuelo! Intentando tomar mucho aire para poder responder a su abuelo que estaba delante de el por mucho. —¡tranquilo hijo ya casi llegamos! Sin darse cuenta habían corrido por casi 20min, aun que el joven ya no podía más, el anciano tenía que bajar su ritmo en varias ocasiones para que su nieto no se perdiera. Llegando al árbol más grande de la zona. Todos lo conocían como gran titan, por que media mas de 50mt de alto con un radio de tres metros y medio, dando sombra a muchos en días calurosos, llegando su nieto se recostó en el césped intentando retomar el aliento. —a… abu… abuelo, ¿todo para un árbol? El anciano se acercaba a ese gran árbol, colocando su frente en el, saludandolo como si ya se habían conocido. —¿a quién le hablas abuelo? Creyendo que si se había vuelto loco. Su abuelo separaba su frente del árbol y dirigiéndose a su joven nieto, tomaba aire y le contó acerca de sus historias, que tal ves fueren ciertas. El joven cansado le decía que no era el momento, ya había oscurecido y tenían que regresar al asilo, antes de que se salga de control. Pero el abuelo ignorándolo por completo prosiguió a contar su narración. —hace ya mucho tiempo, se me fue encomendada una gran misión, misión que no pude terminar por muchos factores, la oportunidad se me escapó de mis manos, oportunidad que se te presenta a ti ahora. Un escalofrío rodeaba al joven, empezando a temblar, el palpitar de su corazón aumentaba considerablemente, al responder balbuceanba. —abuelo, ¿de qué hablas? ¿Cuál misión? ¡No es tiempo de eso! El joven ve como su abuelo metía su mano en aquel árbol, una luz cegaba al joven y lo que podía ver, era que sacaba del árbol una daga dorada mientras decía… —cuando tenia tu edad, la edad de 18 años, justo el 24 de marzo se me presentó una oportunidad de cambiar el ritmo de la historia de mucha gente, cosa que no pude lograr, ahora, se te da la oportunidad de enmendar mis errores y hacer las cosas correctamente ¿lo tomas? —Con una expresión de pánico y de muchas dudas, pero con una emoción de alegría ya que lo que tanto anhelaba, estaba a la puerta de su vida, delante de él. Se ponía a pensar de la aburrida vida que llevaba, todo podría cambiar, ya no era una simple fantasía, se estaba haciendo realidad. — ¡por supuesto que si abuelo! Al mismo tiempo que Sentía como penetraba la daga justo en el pecho. —¿pero?... ¿qué? Con una expresión de asombro. Solo su abuelo lo toma para que no cállese directamente en el suelo. La falta de energía, de fuerza, de aire. —¿así era como se sentía? ¿voy a morir? Preguntas que él se hacía, preguntas que en su momento serían respondidas, a lo que su abuelo solo le decía: “hijo, buena suerte y éxito”.
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